domingo 1 de enero de 2012

La religión y la libertad

Terminamos los comentarios a uno de los libros más conocidos de Leonardo Polo.

Algunas de las cuestiones tratadas en este capítulo son las siguientes:

  • Cuestión interesante: el calado, la profundidad de una antropología se mide en el modo de afrontar el tema de la muerte y, correlativamente, de la libertad. Este aspecto es desarrollado con datalle al hilo de la exposición de otros autores (Sartre, Heidegger, Kant, Hobbes, etc. ). El concepto que surge con fuerza y diferencia respecto a ellos es el de LIBERTAD NATIVA. Convendrá atender a su significado con precisión. Ha de resolver Polo la doble afirmación: soy mortal, tras haber argumentado que "el alma es inmortal".
  • Una vez esclarecido este asunto, entraremos de lleno en la cuestión de la libertad antes anunciada: la libertad frívola, la conciencia subjetiva de libertad, la libertad.... Hasta demostrar la existencia de Dios a partir de la libertad. Creo que estos fragmentos del libro son, sencillamente geniales. Cada año pienso que he de memorizarlos... pero aún no lo he hecho: tal vez esta vez...
  • Tras hablar de la religiosidad y los mitos, entramos en la recta final: la libertad como destino, como tarea y el encuentro con la verdad. Teoría -contemplación de la verdad- y existencia real -vida verdadera-.
Que os sea provechoso y Feliz Año

45 comentarios:

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía.
Capítulo X: La religión y la libertad. 1º Parte.

Este capítulo, es sin duda, el que más me ha gustado. A mi parecer, es un resumen de todos los capítulos anteriores del libro.
El tema central de la antropología es el hombre. Nos habla de todos los aspectos del hombre, que lo constituyen como tal. En el capítulo IX, se habla de que el alma es inmortal y el hombre se muere, pero la muerte hay que entenderla como un paso incompleto. El cuerpo no muere, muere el hombre.
A veces me planteo las mismas preguntas que nos hace Leonardo Polo, ¿qué es para mí la muerte? Esa pregunta es muy subjetiva. Dependerá del estado en el que nos encontremos y si hemos estado cerca de ella, por la pérdida de un familiar o de un amigo cercano.
Sartre nos dice que el hombre es un ser de proyectos, abierto a posibilidades. La muerte es el cañamazo de una vida constituida por proyectos o la posibilidad en general. El hombre nace para morir y muere para nacer. Hay que incluir a la muerte como un acto vital y con ello la libertad del hombre.
Otro filósofo, Heidegger, nos comenta que la muerte está presente en nuestra vida. Si no hubiera muerte no tendría sentido nuestra vida, ni los proyectos que nos planteamos. La muerte es externa a nuestras intenciones, no sabemos cuando llega. Ésta es un factor enigmático para la libertad.
Hobbes nos dice que el hombre vive dominado por el miedo, es el único ser vivo en el cual el miedo es crónico: él lo desencadena y lo experimenta. Anticipar el futuro es conocer una serie de males que acaba en la muerte. Así llega el temor. La recuperación de la libertad es el Liberalismo.
Otro filósofo, Kant, nos comenta que la libertad es capaz de un absoluto moral, al que llama imperativo categórico.
Nietzsche nos dice que trata de inventar una inmortalidad corpórea a parte del hombre.
Una vez leído lo que piensan estos filósofos, lo que pienso yo y lo que he podido experimentar, saco la conclusión que el hombre es mortal y el alma es inmortal. La unión de cuerpo y alma no es estrecha. Si lo fuera el hombre no moriría.
El alma separada del cuerpo es humana y el cuerpo es un cadáver. Que nuestro cuerpo sea carnal quiere decir que no es del todo humano. Soy mortal porque soy de carne y hueso. El alma transita en el cuerpo. El alma perdura siempre, el cuerpo no; se queda y se descompone, como nos dice el Génesis: “Polvo eres y en polvo te convertirás”.
El cuerpo es un cauce de la libertad, de su expresividad; por eso tenemos sentimientos. Como tenemos sentimientos cuando estamos cerca de la muerte, sabemos que el cuerpo se queda pero el alma no. Es cuando comienza nuestra verdadera vida, la vida para siempre, el alma libre. Los que somos creyentes sabemos que ahora si ha llegado la verdadera vida después de la muerte. Es un paso para ser inmortal y estar con nuestros seres queridos y con Dios.

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía.
Capítulo X: La religión y la libertad. 2º Parte:

La libertad es lo más alto del ser humano. Polo nos hace esta pregunta: ¿hasta qué punto somos libre? Creo que es importante preguntarnos a nosotros mismos esta cuestión.
Tenemos que diferenciar entre ser libre y libertinaje. Seguro que cuando éramos preadolescentes y algunos teníamos hora de recogida cuando salíamos por la noche, decíamos eso de “cuando sea mayor…., cuando tenga 20 años seré libre y podré llegar a la hora que quiera”. Ahora que somos mayores no nos planteamos eso, es más, muchos no tenemos la necesidad de salir como antes.
Polo nos dice que la libertad es inseparable del ser humano. El alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad. La libertad está implícita en las oportunidades y en alternativas. Somos libres de elegir una u otra. No toda nuestra libertad aparece en nuestra conciencia. La conciencia es una iluminación secundaria, pero deja a oscuras la libertad de nuestro ser.
Scheler sostiene que no hay que confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, porque ese sentimiento puede reflejar una libertad muy pequeña.
Que seamos libres no depende solo de nosotros, sino de las ocasiones de ser libre. Tratamos el tema de la libertad con cosas de poca importancia.
Otra dimensión de la libertad es la ética de las virtudes que culmina en la destinación. Actuamos con arbitrariedad sin saber por qué, tenemos dudas sobre nuestros actos y eso hace que nos angustiemos y no veamos la libertad como tal.
Polo nos dice que si solo el ser humano se toma en cuenta, la libertad humana no puede ser radical. La libertad es cumplir lo que uno quiere, pero eso tiene un límite, una condición y ese querer tiene que ser suficientemente real.
Algunas personas cometen actos delictivos porque quieren. Esto hace que se les prive de la libertad y lo que es peor, ellos mismos son esclavos de sus actos. Otros en cambio pueden estar presos y sentirse más libres que antes.
La libertad no debe confundirse con la independencia, aunque nosotros la relacionemos siempre. La libertad prueba la existencia del Dios personal. Es una prueba de la personalidad de los hombres. Si me aíslo no puedo ejercerla.
¿Puedo ser libre respecto a la muerte? Si, aceptándola.
¿Puedo demostrar que Dios existe? Ésta es una pregunta que muchas personas se han cuestionado y se sigue cuestionando. Por supuesto que Dios existe.
En el hombre la libertad es radical, pertenece a su propio ser y se llega a la existencia del Dios. Si no existe Dios, la libertad radical no existe tampoco. Existe un Dios personal sin el cual la libertad no existiría; sin Dios la libertad acabaría en la nada.
Polo nos dice que la inmortalidad del alma sin Dios hace que no se tenga destino, entonces cabría el miedo e incluso odio.
Sin la presencia de Dios no se puede tratar el tema de la religiosidad. Es otro punto de este apasionante capítulo.
Desde los orígenes, el hombre siempre ha sabido que había un ser superior, ya sea Sol. Luna, Naturaleza… Dios mismo representado en mil formas. Con ello llegamos a la cultura. El hombre le preside su cultura y se forma gracias a ella y la cultura surge gracias al hombre y sus vivencias. De ahí que la religiosidad no sea teórica sino práctica.
La religiosidad no es una teoría acerca de Dios, sino un saber acerca de un poder en relación con el cual el hombre interpreta su propio poder en el tiempo y el cuidar de sí, como nos comenta Leonardo Polo. La religiosidad está en decadencia, por complicaciones del poder humano con el de los seres mundanos. En contra posición está el ateísmo, que es el rechazo de este saber. Esto conlleva a la pérdida de la amistad del hombre con Dios.
El tema de Dios siempre ha estado muy relacionado con el poder, algo que los hombres ansían. Muchas veces nos creemos dioses cuando hacemos algo bien que esperamos, sin embargo, somos marionetas a merced de la ocasión y del momento.

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía.
Capítulo X: La religión y la libertad. 3º Parte.

Me gustaría hacer referencia al mito de Dionisos en la cultura actual que nos comenta Leonardo Polo. Dionisio es troceado y de los trozos se hace otro Dionisio. Este mito refleja la rebeldía del hombre ante el sinsentido de la vida, que hace que la religiosidad esté cerrada al Dios personal. La idea de la composición y de la descomposición.
Éste tema es importante. ¿Cuántas veces nos hemos caído y nos hemos vuelto a levantar? O, ¿Cuántas veces hemos intentado romper con todo para volver a empezar? Estas preguntas sirven para reflexionar un poco.
El hombre ha sido siempre religioso aunque a veces se ha sentido desgraciado y poco libre. Algunas personas piensan que el estar sujetas a algo a alguien pierden su libertad. De ahí la necesidad del ateísmo, para no sentir esa sensación. Es más fácil buscar otra alternativa que ahondar en el problema. En el siglo XX tener mucha libertad era malo, a diferencia del siglo XI que pensamos todo lo contrario. Eso sí, muchas veces no sabemos emplear esa libertad y eso hace que nos pongamos pesimistas y tengamos connotaciones negativas. Esa idea nos hace llegar a lo santo. Con lo santo tenemos cierta familiaridad.
Los santos son aquellas personas que se han superado al hombre muerto del mito. La Real Academia Española nos dice que los santos son aquellas personas que nos ayudan para salir de un gran peligro, o para conseguir algo muy difícil. Como elemento religioso, los santos nos permiten familiaridad, cercanía. Son personas de carne y hueso como nosotros. No quiero mezclar los santos con el sentido santo.
Lo santo es un elemento religioso, puro, es silencio, es cultura, es el modo como la libertad humana se abre a la revelación de Cristo.
Otro punto de este apasionante capítulo es Las dificultades de la libertad. Ésta nos ofrece complicaciones. Cuando nos metemos en algún proyecto, es posible que tengamos complicaciones; esto hace que nuestro concepto de decisión, de elegir una cosa u otra, hace que esa libertad que uno ansía se convierta en todo lo contrario. Es algo que pesa y que no gusta.
La libertad tiene encargos, No hay libertad sin encargo, sin ejecución, sin beneficios a uno mismo y a los demás. Para que alguien tenga un encargo, primero una persona se lo tiene que encomendar.
Esto me hace pensar en mi función como profesora encargada de un curso. En mi clase, las niñas tienen encargo como ordenar la estantería, apuntar el parte de comedor o parte de asistencia, recoger y repartir papeles, etc. Las niñas son libres de elegir o no ese encargo. Algunas les gusta más que otras, pero al final todas tienen uno. Esos encargos suelen ser un periodo de tiempo pequeño (2 meses) y después se cambia el encargo. Sé que les cuesta, pero intentan hacerlo lo mejor posible, se esfuerzan, se entusiasman, incluso se enfadan si algunas de sus compañeras quieren hacer lo que ellas hacen.
Si eso que estamos haciendo es para uno solo sin contar con los demás es una libertad sin destinación. Lo mejor de todo es que entre todos los encargos, sale el beneficio de la clase y sobretodo la felicidad y bienestar que las niñas y yo sentimos de hacer las cosas bien. Esos encargos se convierten en virtudes.
No hay libertad sin verdad. La libertad va al encuentro de la verdad. La verdad es esperanza, belleza, uno espera ser libre y al ser libre espera más verdad, aunque a cada persona encontrar la verdad sea de forma diferente.
Leonardo Polo nos dice que si la verdad no tiene lugar en la vida de un hombre, su vida será anodina, no podrá ser libre. La verdad es el valor supremo, aquello con lo que conecta la libertad y aquello sin lo cual la libertad no puede ser intensa.
Para terminar Polo hace referencia al Evangelio en la frase que nos dice San Juan 8, 32:” La verdad os hará libres”. Sin embargo esta frase no es posible sin leer y escuchar ésta otra del Señor que aparece en San Juan 14, 6-14 y que nos dice:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Paz Lavilla Olleros dijo...

Buenos días,

Este último capítulo me ha ayudado a tener más argumentos para distinguir el animal del hombre.
“¿Quién es el hombre?” nos plantea Polo…

Esta claro que el hombre es “algún tipo de ser vivo” y como tal, muere.

Pero, ¿muere en su totalidad ?

Este es el primer argumento para distinguirnos de los demás seres vivos. Hay “algo” que no muere.
Por otro lado, el hombre puede establecer una actitud frente a la muerte, tal como la aceptación. (Libertad nativa)No solo eso sino que al igual que Heidegger opino “que sin la muerte el hombre no viviría como vive. La muerte está presente en la vida, nuestra vida es mortal; si no lo fuera, si se prolongara indefinidamente (lo que no debe confundirse con la inmortalidad del hombre), el tiempo del hombre se deshilvanaría, su acción no tendría que ver con fines. Si el tiempo no fuera acotado, no tendría sentido el problema de su empleo, no existirían alternativas.”

La muerte lejos de ser el fin objetivo del hombre, es la piedra de toque en la que se sostiene toda vida humana. Ya que, todo hombre ha de plantearse el hecho de que se muere y por tanto tiene que realizar un proyecto, llevar a cabo una tarea encomendada, la cuál explica su existencia en este mundo, es decir, ha nacido para algo.

Ante las alternativas, elegimos.

El grado de libertad está ligado a la naturaleza del ser, ya que “el obrar sigue al ser”. Los animales son solo capaces de elegir en cuanto es beneficioso o nocivo para ellos. En cambio, el hombre es capaz de elegir sobre “casi todo” (no decide sobre su nacer y su morir) en la medida en que “tenga ocasiones de ser libre con la realidad con la que se relaciona.”

Pero cabe decir que, como el grado de libertad está ligado a la naturaleza del ser, “cuando la vida humana se encara con asuntos de poca monta, en esa misma medida la libertad se acorta, pierde radicalidad y horizonte.” De aquí se deriva que decidir sobre cosas arbitrarias no le hace a uno ser más libre sino más frívolo y por tanto actuar como “menos hombre”.

Para ser libre con todas sus letras es inevitable complicarse la vida. Ya que el hombre libre busca la verdad y la verdad le compromete. Por tanto, de lejos queda la libertad como “haz lo que te da la gana sin más”, la libertad asume tareas.

Para empezar, por el hecho de que el hombre es libre tiene la tarea de buscar la verdad y en última instancia la verdad personal.

El capítulo nos pone como ejemplos a Caperucita Roja y a Don Quijote... pero cada uno de nosotros somo los protagonistas de nuestra propia historia...

Por tanto, concluyo mi comentario comparando al hombre con un poliedro, que tiene muchas caras…
El hombre tiene muchas dimensiones: física, psíquica, social… pero el hombre no actuará como tal, si no quiere. Las caras no estarán unidas formando el poliedro si, el hombre por su cuarta dimensión de la libertad, no quiere.
En la medida en que actúe de la manera que más acorde con su naturaleza, este será “más hombre” y por tanto responderá con más exactitud a la pregunta de este libro “¿Quién es el hombre?”
Muchas gracias,
Paz Lavilla Olleros

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía.Capítulo X: La religión y la libertad. 1º Parte.

Este capítulo, es sin duda, el que más me ha gustado. A mi parecer, es un resumen de todos los capítulos anteriores del libro.
El tema central de la antropología es el hombre. Nos habla de todos los aspectos del hombre, que lo constituyen como tal. En el capítulo IX, se habla de que el alma es inmortal y el hombre se muere, pero la muerte hay que entenderla como un paso incompleto. El cuerpo no muere, muere el hombre.
A veces me planteo las mismas preguntas que nos hace Leonardo Polo, ¿qué es para mí la muerte? Esa pregunta es muy subjetiva. Dependerá del estado en el que nos encontremos y si hemos estado cerca de ella, por la pérdida de un familiar o de un amigo cercano.
Sartre nos dice que el hombre es un ser de proyectos, abierto a posibilidades. La muerte es el cañamazo de una vida constituida por proyectos o la posibilidad en general. El hombre nace para morir y muere para nacer. Hay que incluir a la muerte como un acto vital y con ello la libertad del hombre.
Otro filósofo, Heidegger, nos comenta que la muerte está presente en nuestra vida. Si no hubiera muerte no tendría sentido nuestra vida, ni los proyectos que nos planteamos. La muerte es externa a nuestras intenciones, no sabemos cuando llega. Ésta es un factor enigmático para la libertad.
Hobbes nos dice que el hombre vive dominado por el miedo, es el único ser vivo en el cual el miedo es crónico: él lo desencadena y lo experimenta. Anticipar el futuro es conocer una serie de males que acaba en la muerte. Así llega el temor. La recuperación de la libertad es el Liberalismo.
Otro filósofo, Kant, nos comenta que la libertad es capaz de un absoluto moral, al que llama imperativo categórico.
Nietzsche nos dice que trata de inventar una inmortalidad corpórea a parte del hombre.
Una vez leído lo que piensan estos filósofos, lo que pienso yo y lo que he podido experimentar, saco la conclusión que el hombre es mortal y el alma es inmortal. La unión de cuerpo y alma no es estrecha. Si lo fuera el hombre no moriría.
El alma separada del cuerpo es humana y el cuerpo es un cadáver. Que nuestro cuerpo sea carnal quiere decir que no es del todo humano. Soy mortal porque soy de carne y hueso. El alma transita en el cuerpo. El alma perdura siempre, el cuerpo no; se queda y se descompone, como nos dice el Génesis: “Polvo eres y en polvo te convertirás”.
El cuerpo es un cauce de la libertad, de su expresividad; por eso tenemos sentimientos. Como tenemos sentimientos cuando estamos cerca de la muerte, sabemos que el cuerpo se queda pero el alma no. Es cuando comienza nuestra verdadera vida, la vida para siempre, el alma libre. Los que somos creyentes sabemos que ahora si ha llegado la verdadera vida después de la muerte. Es un paso para ser inmortal y estar con nuestros seres queridos y con Dios.

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía.Capítulo X: La religión y la libertad. 2º Parte.

La libertad es lo más alto del ser humano. Polo nos hace esta pregunta: ¿hasta qué punto somos libre? Creo que es importante preguntarnos a nosotros mismos esta cuestión.
Tenemos que diferenciar entre ser libre y libertinaje. Seguro que cuando éramos preadolescentes y algunos teníamos hora de recogida cuando salíamos por la noche, decíamos eso de “cuando sea mayor…., cuando tenga 20 años seré libre y podré llegar a la hora que quiera”. Ahora que somos mayores no nos planteamos eso, es más, muchos no tenemos la necesidad de salir como antes.
Polo nos dice que la libertad es inseparable del ser humano. El alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad. La libertad está implícita en las oportunidades y en alternativas. Somos libres de elegir una u otra. No toda nuestra libertad aparece en nuestra conciencia. La conciencia es una iluminación secundaria, pero deja a oscuras la libertad de nuestro ser.
Scheler sostiene que no hay que confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, porque ese sentimiento puede reflejar una libertad muy pequeña.
Que seamos libres no depende solo de nosotros, sino de las ocasiones de ser libre. Tratamos el tema de la libertad con cosas de poca importancia.
Otra dimensión de la libertad es la ética de las virtudes que culmina en la destinación. Actuamos con arbitrariedad sin saber por qué, tenemos dudas sobre nuestros actos y eso hace que nos angustiemos y no veamos la libertad como tal.
Polo nos dice que si solo el ser humano se toma en cuenta, la libertad humana no puede ser radical. La libertad es cumplir lo que uno quiere, pero eso tiene un límite, una condición y ese querer tiene que ser suficientemente real.
Algunas personas cometen actos delictivos porque quieren. Esto hace que se les prive de la libertad y lo que es peor, ellos mismos son esclavos de sus actos. Otros en cambio pueden estar presos y sentirse más libres que antes.
La libertad no debe confundirse con la independencia, aunque nosotros la relacionemos siempre. La libertad prueba la existencia del Dios personal. Es una prueba de la personalidad de los hombres. Si me aíslo no puedo ejercerla.
¿Puedo ser libre respecto a la muerte? Si, aceptándola.
¿Puedo demostrar que Dios existe? Ésta es una pregunta que muchas personas se han cuestionado y se sigue cuestionando. Por supuesto que Dios existe.
En el hombre la libertad es radical, pertenece a su propio ser y se llega a la existencia del Dios. Si no existe Dios, la libertad radical no existe tampoco. Existe un Dios personal sin el cual la libertad no existiría; sin Dios la libertad acabaría en la nada.
Polo nos dice que la inmortalidad del alma sin Dios hace que no se tenga destino, entonces cabría el miedo e incluso odio.
Sin la presencia de Dios no se puede tratar el tema de la religiosidad. Es otro punto de este apasionante capítulo.
Desde los orígenes, el hombre siempre ha sabido que había un ser superior, ya sea Sol. Luna, Naturaleza… Dios mismo representado en mil formas. Con ello llegamos a la cultura. El hombre le preside su cultura y se forma gracias a ella y la cultura surge gracias al hombre y sus vivencias. De ahí que la religiosidad no sea teórica sino práctica.
La religiosidad no es una teoría acerca de Dios, sino un saber acerca de un poder en relación con el cual el hombre interpreta su propio poder en el tiempo y el cuidar de sí, como nos comenta Leonardo Polo. La religiosidad está en decadencia, por complicaciones del poder humano con el de los seres mundanos. En contra posición está el ateísmo, que es el rechazo de este saber. Esto conlleva a la pérdida de la amistad del hombre con Dios.
El tema de Dios siempre ha estado muy relacionado con el poder, algo que los hombres ansían. Muchas veces nos creemos dioses cuando hacemos algo bien que esperamos, sin embargo, somos marionetas a merced de la ocasión y del momento.

Lidia Chamero Palancar dijo...

Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedadogía.Capítulo X: La religión y la libertad. 3º Parte.

Me gustaría hacer referencia al mito de Dionisos en la cultura actual que nos comenta Leonardo Polo. Dionisio es troceado y de los trozos se hace otro Dionisio. Este mito refleja la rebeldía del hombre ante el sinsentido de la vida, que hace que la religiosidad esté cerrada al Dios personal. La idea de la composición y de la descomposición.
Éste tema es importante. ¿Cuántas veces nos hemos caído y nos hemos vuelto a levantar? O, ¿Cuántas veces hemos intentado romper con todo para volver a empezar? Estas preguntas sirven para reflexionar un poco.
El hombre ha sido siempre religioso aunque a veces se ha sentido desgraciado y poco libre. Algunas personas piensan que el estar sujetas a algo a alguien pierden su libertad. De ahí la necesidad del ateísmo, para no sentir esa sensación. Es más fácil buscar otra alternativa que ahondar en el problema. En el siglo XX tener mucha libertad era malo, a diferencia del siglo XI que pensamos todo lo contrario. Eso sí, muchas veces no sabemos emplear esa libertad y eso hace que nos pongamos pesimistas y tengamos connotaciones negativas. Esa idea nos hace llegar a lo santo. Con lo santo tenemos cierta familiaridad.
Los santos son aquellas personas que se han superado al hombre muerto del mito. La Real Academia Española nos dice que los santos son aquellas personas que nos ayudan para salir de un gran peligro, o para conseguir algo muy difícil. Como elemento religioso, los santos nos permiten familiaridad, cercanía. Son personas de carne y hueso como nosotros. No quiero mezclar los santos con el sentido santo.
Lo santo es un elemento religioso, puro, es silencio, es cultura, es el modo como la libertad humana se abre a la revelación de Cristo.
Otro punto de este apasionante capítulo es Las dificultades de la libertad. Ésta nos ofrece complicaciones. Cuando nos metemos en algún proyecto, es posible que tengamos complicaciones; esto hace que nuestro concepto de decisión, de elegir una cosa u otra, hace que esa libertad que uno ansía se convierta en todo lo contrario. Es algo que pesa y que no gusta.
La libertad tiene encargos, No hay libertad sin encargo, sin ejecución, sin beneficios a uno mismo y a los demás. Para que alguien tenga un encargo, primero una persona se lo tiene que encomendar.
Esto me hace pensar en mi función como profesora encargada de un curso. En mi clase, las niñas tienen encargo como ordenar la estantería, apuntar el parte de comedor o parte de asistencia, recoger y repartir papeles, etc. Las niñas son libres de elegir o no ese encargo. Algunas les gusta más que otras, pero al final todas tienen uno. Esos encargos suelen ser un periodo de tiempo pequeño (2 meses) y después se cambia el encargo. Sé que les cuesta, pero intentan hacerlo lo mejor posible, se esfuerzan, se entusiasman, incluso se enfadan si algunas de sus compañeras quieren hacer lo que ellas hacen.
Si eso que estamos haciendo es para uno solo sin contar con los demás es una libertad sin destinación. Lo mejor de todo es que entre todos los encargos, sale el beneficio de la clase y sobretodo la felicidad y bienestar que las niñas y yo sentimos de hacer las cosas bien. Esos encargos se convierten en virtudes.
No hay libertad sin verdad. La libertad va al encuentro de la verdad. La verdad es esperanza, belleza, uno espera ser libre y al ser libre espera más verdad, aunque a cada persona encontrar la verdad sea de forma diferente.
Leonardo Polo nos dice que si la verdad no tiene lugar en la vida de un hombre, su vida será anodina, no podrá ser libre. La verdad es el valor supremo, aquello con lo que conecta la libertad y aquello sin lo cual la libertad no puede ser intensa.
Para terminar Polo hace referencia al Evangelio en la frase que nos dice San Juan 8, 32:” La verdad os hará libres”. Sin embargo esta frase no es posible sin leer y escuchar ésta otra del Señor que aparece en San Juan 14, 6-14 y que nos dice:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

María Dáneo dijo...

Hola, Buenas Noches, soy María Dáneo, alumna titulada de 1º.
En este capítulo me gustaría hablar sobre la muerte.
Como ya hemos visto en el capítulo anterior el hombre tiene una parte inmortal, que es la que nos diferencia de los animales (el alma) y una parte mortal (el cuerpo).
Muchos autores han hablado de como la muerte afecta a nuestra vida y se han preguntado si la vida forma parte de ella. Según el enfoque subjetivo-biográfico, cuando te enfrentas a la muerte la estas incluyendo en tu vida ya que el enfrentamiento es vida, pero adoptar una actitud ante la muerte (claramente en vida) cuando está no ha sucedido es una ficción.
Luego hay otros autores como Sartre, que nos dice que el hombre es un ser con proyectos, abierto a posibilidades. También hay que resaltar la opinión de Heidegger, el cual nos dice que la muerte es algo presente en nuestra vida, también señala que la muerte es necesaria ya que sin ella el hombre no tendría proyectos, no estaría abierto a posibilidades, sin ella, el hombre no tendría carácter moral únicamente se limitaría a dejar pasar su vida y el hombre carecería de la capacidad de afrontar.
La muerte está por tanto presente en nuestra vida, el hombre es un ser mortal, si no la vida se prolongaría indefinidamente y las acciones humanas no tendrían que ver con sus fines. “la muerte no es una alternativa, la muerte es un accidente cuya posición es externa, o una necesidad para la libertad”
La muerte está fuera de nuestro alcance, fuera de nuestras intenciones, no sabemos ni como ni cuando vamos a morir.
Nosotros no decimos morir, pero al igual que no decidimos morir no decidimos nacer, el autor llama a esta aceptación la “libertad nativa”. La muerte no puede ser mas necesaria ni mas libre que el nacer.
La libertad nativa es el nacer como hijo, abierto a la filiación en tanto que ya nacemos como hijos. Por tanto nosotros no decidimos ni el morir, ni el nacer ni el ser hijo. Por tanto cuando una persona es libre ante la muerte es cuando de verdad a incluido la muerte en su vida. (La recuperación de la libertad es el liberalismo).
La imaginación de las personas llega muy lejos hasta el extremo de una vida, por esto aparece el terror. Debido al terror es necesario el pacto social es decir “urdir un sistema que garantice la paz, lo estable, la política”, en ella las personas descargan su futuro y sus temores externos.
El alma y el cuerpo están muy unidos pero no del todo ya que si no la muerte no podría hacerse un hueco y sería imposible morir. El alma separada del cuerpo es humana pero el cuerpo es un cadáver. Que nuestro cuerpo sea carnal significa que no es del todo humano. El cuerpo transmite su libertad y es ahí cuando sabemos que a la hora de la muerte el cuerpo se queda pero el alma no.

Almudena Valdivieso dijo...

Este último capítulo me ha parecido muy denso y un poco complicado, además de que no me ha gustado la forma que tiene Polo de estructurarlo, en consecuencia, voy a hacer mi comentario exponiendo las ideas en el orden que a mí me resulta más claro.
El capítulo comienza enlazado con el capítulo anterior mediante el tema de la muerte, sólo que ahora se considera la muerte como una realidad objetiva, en el sentido de que todos sabemos que existe, y por tanto podemos hablar de ella, aunque nunca lo hagamos de forma personal (nunca la hemos experimentado). En una segunda parte (prácticamente todo el capítulo) se considera en profundidad el tema de la libertad.
Con respecto a la realidad de la muerte nadie tiene dudas, todos sabemos que el hombre es un ser mortal (ser hombre-ser mortal van unidos), y es por ello por lo que no podemos adoptar ninguna actitud frente a ella, pues nos viene dada. Como es una “imposición” (no podemos elegir morirnos o seguir viviendo), sólo cabe aceptarla.
Por otro lado, me parece llamativa la relación que Polo hace sobre nacer y morir. Parece ser que todo lo que nace acaba muriendo, y que por tanto no son tan opuestos estos conceptos.
Por último con respecto a la muerte, Polo vuelve a señalar la existencia en el hombre de algo no material: el alma. El hombre muere porque la unión de cuerpo y alma no es lo suficientemente estrecha, porque si lo fuera, la inmortalidad del alma ayudaría al cuerpo de forma que éste no muriera.
No he entendido muy bien la conexión que Polo hace entre la muerte y la libertad, pero lo cierto es que a partir de este momento, el resto del capítulo trata la libertad del hombre.
La libertad parece ser “hacer lo que en cada momento me parezca oportuno, o lo que más me apetezca”; y es que habitualmente estamos acostumbrados a tomar decisiones en el día a día, pero estas decisiones no son de gran relevancia. Una de las cosas más importantes que se dice en este capítulo es que nuestra libertad es más grande, que crece, en la medida en que nuestra decisión es más relevante; y esto sucede ante una situación complicada que nos compromete seriamente.
Uno de los principales rasgos de la libertad es que, es personal (de cada uno) pero no individual. Esto quiere decir que, en primer lugar, la libertad nos es dada, esto implica a otra persona, que encomienda unas tareas, unos encargos; pero, en segundo lugar, esos actos o encargos siempre van a beneficiar a alguien, normalmente a un sujeto diferente a nosotros mismos. Con esto se puede ver cómo el sujeto individual tiene libertad y con ella asume unas tareas, pero a la vez se ve cómo la libertad en solitario no tiene sentido.
En la vida diaria estas tareas o encargos quizá no se ven a simple vista, los que se suelen percibir son los que, como he dicho antes, son menos relevantes. La tarea más importante cada uno la encontrará en algún momento de su vida, distinto en cada caso, y en circunstancias diferentes. Esta tarea es la que surge a raíz de encontrar la verdad, verdad a la que se puede llegar por vías diferentes. Es importante llegar a la verdad porque sin ella no podemos llegar a emplear a fondo nuestra libertad y nos quedaríamos en esas elecciones poco relevantes.

Almudena Valdivieso dijo...

2ª PARTE:

Una vez que el sujeto individual conoce la verdad, tiene una tarea encomendada, pero es el sujeto el que tiene que “ponerse en marcha” para vivir de acuerdo a ella.
Es importante llegar a conocer la verdad, porque a fin de cuentas es la que nos va a llevar a ser más libres, como dice S. Juan “la verdad os hará libres”.
Como vengo explicando anteriormente, la libertad no es un asunto individual, aunque es uno de los dones más altos del hombre; de esta forma se puede ver que si el hombre es radicalmente libre, si la libertad es radical, exige un ejercicio completo, es decir, que es necesario que se dé sin restricción, y el único Ser en el que no hay restricción es Dios. Este es un modo por el cual podemos llegar a la existencia de Dios a raíz de la libertad.
Pero si la libertad es algo más que simples decisiones, hay que buscar dentro de nosotros las cuestiones realmente importantes, entre las cuales también podemos encontrar a Dios, un Dios personal y cercano, al contrario de lo que opinaban antiguamente; aunque también podemos descubrir a raíz de la inmortalidad del alma, el sentido de la vida: si el alma no muere quiere decir que habrá algo más allá de la muerte.
Para finalizar mi comentario, voy a hacer una pequeña referencia a la evolución de la religiosidad.
Desde un principio, el hombre en algún momento de su vida, ha llegado a plantearse estas cuestiones vitales de las cuales acabo de hablar, pero en función de su sociedad, recursos… han elaborado unas ideas a cerca de ellas. De este modo surge la variedad de religiosidades en la antigüedad. Todas ellas descubren una fuerza superior ajena al hombre que materializan de distintas formas: magia, mitos…; pero todas ellas se quedan en cierto modo estancadas por su carácter cíclico, lo que les impide buscar nuevas alternativas.
Estas teorías religiosas van evolucionando aunque siempre se mantiene algún elemento original. Esto se puede ver actualmente con el mito de Dionisio, que se aprecia en la rebeldía, el cambio de modas, las drogas…; todo esto no pretende más que buscar algo nuevo, experimentar, romper con lo que ya había.
Para concluir, señalar que si todo fueran mitos (aunque los hay), el hombre no tendría libertad, ya que se volvería al carácter cíclico en el cual el hombre tiene poco poder, poca influencia en todo cuanto ocurre.

Fátima Guillén Guillén dijo...

Fátima Guillén Guillén.Capítulo X. La religión y la libertad. 1º parte.

Este capítulo me ha parecido muy interesante y de algún modo engloba todo lo dicho anteriormente. Al intentar resumir el contenido, me encuentro con la misma dificultad cada vez, la necesidad de leerlo con más sosiego para conseguir lo que se indica en el encabezamiento: que me sea provechoso. Es un libro denso, muy completo, interesante, que creo que releeré con más calma, más adelante, ya sin la presión de las fechas.
En este capítulo el autor nos va llevando al concepto de libertad como el mayor regalo que ha recibido el hombre, lo que le hace capaz de vivir, tener proyectos y lo que es más importante amar; Polo dice que "es lo más alto del ser humano". Más adelante indica que "la libertad es radicalmente inseparable del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad". Trata de la muerte no como una alternativa para el hombre, sino como algo que le sorprende. La muerte es algo que está presente en la vida, es una consecuencia. No es un acto de libertad, sino una realidad que vivimos día a día. No elegimos el momento en que nacemos y tampoco el momento en que morimos. Lo único que podemos hacer es aceptarla cuando llega, esto se denomina "libertad nativa". El hombre nace para vivir y también para morir. Durante la vida recorremos un camino lleno de alternativas que nos van perfeccionando si elegimos el bien. Me ha gustado la afirmación del autor "el hombre nace para ser hijo"; aparece de nuevo la cuestión que veíamos en uno de los capítulos anteriores: las virtudes sociales, en el que se trataba de la piedad y el arraigo como fundamento de la persona y vuelve a mi pensamiento de nuevo la idea que ya intenté reflejar en el comentario de ese capítulo: el empeño de algunos por "desarraigar" a los hijos, sin padre, las investigaciones genéticas que "fabrican" hijos sin padres reales... Este tema nos llevaría muy lejos y nos apartaría de lo que estamos comentando aquí.
El hombre es mortal y el hombre es persona. Es el único que puede afirmar esto. La muerte es una realidad objetiva. Olvidar que soy mortal, debilita mi ser cómo persona. La muerte es una realidad inexorable y el considerarlo nos ayuda a enfrentarnos a la vida de un modo distinto, aprovechar las oportunidades, hacer el bien, amar todo lo que podamos, porque nuestro tiempo es limitado. La piedra de toque de la profundidad de los filósofos está en el enfoque y la actitud ante la muerte; en mi opinión esto mismo sucede a todas las personas, cómo se planteen la vida y la muerte, nos dice mucho de su profundidad, valía, sentido trascendente, etc.
El hombre es cuerpo mortal y alma inmortal. El hombre es un ser unitario, pero la unión alma y cuerpo no es suficientemente fuerte, si así fuera el hombre no moriría. La unión del alma con el cuerpo no es suficientemente estrecha debido al alma. Cuando alma y cuerpo se separan, el alma sigue siendo humana, mientras que el cuerpo es un cadáver.

Fátima Guillén Guillén dijo...

Fátima Guillén Guillén. Capítulo X. La religión y la libertad. 2º parte.

El cuerpo humano es potencial porque el alma es inmortal. Mi cuerpo es de carne y hueso, en tanto que su unión con el alma no es suficientemente intensa; el alma transita y el cuerpo no. Si el alma hubiera penetrado suficientemente en el cuerpo haría el tránsito con él, no lo abandonaría en el momento de la muerte. El cuerpo es un cauce de la libertad, de la expresión de la libertad. Soy de carne y hueso, puedo tener sentimientos y expresarlos; el alma hace posible mi existencia en el mundo. Tenemos experiencia personal de la libertad, elegimos cosas, situaciones o modos de enfocarlas distintas. Somos seres de oportunidades y alternativas y en ellas está presente la libertad.
El autor habla de que la conciencia de la libertad es más aparente que real. Esto lo podemos experimentar con frecuencia; no somos más libres porque tengamos un sentimiento eufórico de la libertad, que con la libertad verdadera. De aquí podríamos sacar muchas conclusiones..., hay gente que afirma después de realizar una acción mala, algo que no perfecciona al hombre "esto me hace sentirme libre": en este caso hay un sentimiento eufórico de libertad, pero no libertad verdadera. No podemos confundir la libertad con la autonomía o la arbitrariedad.
Cuando consideramos la libertad referida a cosas de poca entidad se pueden provocar dudas. La libertad ejercida de modo más radical, se manifiesta en asuntos más importantes. Con frecuencia somos más libres de lo que nos dice nuestra conciencia, porque nos presenta alternativas de cierto peso; sin embargo, si la libertad llega a su fondo, que es nuestro propio ser, coincide con él y no se limita a ponerse delante: no tenemos o disponemos de libertad, sino que somos libres.
En el hombre la libertad es radical, pertenece a su propio ser, no algo externo; con la libertad desembocamos en la existencia de Dios. A través de las vías de Santo Tomás no llegamos a un Dios personal, sino al primer motor, la causa primera o ser necesario. A través de la libertad llegamos a una doble perspectiva: existe un Dios personal, sin el cual la libertad no existiría y sin Dios la libertad acabaría en la nada. La inmortalidad del alma, sin Dios, nos llevaría a la falta de destino. Esto explica que haya gente que diga que prefiere no ser libre, porque llegar a Dios siempre compromete.
A continuación Polo hace una revisión de culturas anteriores. Explica cómo el ateísmo es un fenómeno moderno; presenta una cultura atea, como una cultura abandonada por el interés humano. Define la religiosidad del hombre no como una teoría de Dios, sino como un modo de explicar el poder del hombre en el tiempo. Las culturas primitivas presentan una religiosidad muy pura: los pigmeos, los de la Patagonia, los pueblos de la Polinesia, todos ellos tienen una religiosidad sencilla. No tienen visión de Dios ni están desarrolladas.

Fátima Guillén Guillén dijo...

Fátima Guillén Guillén. Capítulo X. La religión y la libertad. 3º parte.

A medida que el poder humano crece, se complica, la religiosidad pierde fuerza en el hombre. Este fenómeno lo vemos actualmente, resulta difícil conjugar el poder con la relación con Dios, porque al hombre le falta rectitud en sus intenciones y en lugar de buscar el bien común a través del poder, entendiéndolo como servicio, se busca a sí mismo y abandona a Dios.
Con respecto a lo anterior, me ha parecido muy ilustrativa la referencia al cuento de Caperucita Roja para hablarnos del carácter interpersonal de la libertad. El que ejercita su libertad no lo hace para sí mismo, sino que acepta una tarea cuyo beneficiario es otro. Con frecuencia consideramos la libertad de modo desvirtuado, sin tener en cuenta al otro. Cuando omitimos la libertad de destinación, hemos matado la libertad nativa.
La ética está enmarcada en estos dos elementos: libertad nativa y libertad de destinación. De este modo explicamos que la libertad no es arbitrariedad, sino que nos lleva necesariamente a encontrarnos con la verdad. El hombre busca la verdad, la ama y se destina a ella: el amor entre un hombre y una mujer, el amor a Dios, etc.
El descubrimiento de la verdad va unido al descubrimiento de la belleza, de nuevo muestra Polo la conexión entre los trascendentales del ser.
La tarea más importante del hombre es buscar y encontrar la verdad, su verdad personal, a ello debe destinar su vida y ejercitándose en ella logrará su perfección como hombre y la felicidad.
Finalmente me gusta mucho cómo termina Polo el capítulo, con las palabras del Evangelio: "La verdad os hará libres". Esta idea es un programa para nuestra vida, porque nos abre un panorama muy ilusionante en nuestra tarea como educadores, y en el fondo en todos los aspectos de nuestra existencia o nuestro paso por la tierra, en acompañar a los demás a la verdad.

Almudena Cires. dijo...

Hola buenos dias, soy Almudena Cires, 1º de Psicopedagogía.
La verdad que este capitulo me ha parecido muy interesante, "La religión y la libertad.

El hombre es el tema central de la antropología.
Polo nos plantea ¿quien es el hombre?, es evidente que el hombre es algun tipo de ser vivo,y por ello muere.

Pero la cuestion de todo esto es: ¿muere en su totalidad?, pues hay algo que no muere, el hombre puede y establece una actitud frente a la muerte de aceptación.

La muerte es algo que esta presente en la vida misma, nuestra vida es mortal, ya que sino lo fuese se prolongaría indefinidamente.
La muerte lejos de ser el fin objetivo del hombre es la piedra en la que se sostiene toda vida humana.

La libertad esta ligada a la naturaleza del ser ya que "El obrar sigue al ser" se puede decir que como el grado de libertad esta ligado a la naturaleza del ser, cuando la vida humana se encara con asuntos de poca importancia, en esa medida la libertad se acorta pierde radicalidad y horizonte.

Para ser libre es inevitable complicarse la vida, puesto que el hombre libre, busca la verdad y la verdad le compromete.

Otra de las cuestiones importantes a tener en cuenta es: nosotros no decidimos morir, pero al igual que no decidimos morir, no decidimos nacer, a esto le llama: "Libertad nativa".
La libertad nativa, es el nacer como hijo, abierto a la filiación en tanto que ya nacemos como hijos.
La muerte no puede ser mas necesaria ni mas libre que el nacer.

Para cocluir mi comentario varias cosas:
El hombre tiene muchas dimensiones:fisica, psiquica y social, pero el hombre no actuara como tal si no quiere.
En la medida en que actue, y de la manera mas de acuerdo con su naturaleza este sera "Mas hombre", y por tanto respondera con exactitud a la pregunta de Polo, ¿quien es el hombre?.
Gracias.
Un saludo.

Marta Prats dijo...

Hola buenas tardes, soy Marta Prats y voy a exponer las ideas principales bajo mi punto de vista, de este complejo pero enriquecedor último capítulo.
Para finalizar con el libro, Polo comienza con el tema expuesto anteriormente, la muerte.

Sabemos que si no morimos, no viviríamos como vivimos. Nuestra vida y la muerte es una unión inexorable. “ Somos mortales, porque somos de carne y hueso”; tenemos que aceptarlo, al igual que nacer (libertad nativa).
Dice polo, “la muerte no puede ser más necesaria ni más libre que el nacimiento”.
Sabemos que nacemos para morirnos porque nacemos para ser hijos, nunca dejamos de serlo.

El ser hijo es lo más radical de una persona, implica vivir como quién lo tiene todo recibido; tenemos que ser libres ante la muerte.

Antes de comenzar con el tema de la libertad, dejar claro que el alma es la forma del cuerpo viviente, es por lo que primariamente vivimos. Es inmortal; lo que muere es el cuerpo.

Elegimos entre las alternativas, y la libertad está implícita en ellas. El alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad; pero no depende de nosotros únicamente sino de las ocasiones que nos encontramos de ser libres.

Si la descubrimos a fondo, somos reclamados para sacar todo de nosotros.
Nos podemos encontrar ante situaciones de fácil solución y ser libres de poder elegir o decidir; pero la libertad no sólo es eso, entramos en ella cuando nos topamos con problemas arduos; que debemos reparar para seguir nuestro proyecto.

“El ser libre asume tareas”. Aquí Polo explica el término apotérico (áporos), la falta de salida contraria a la libertad.

La libertad no puede ser solitaria. La soledad equivale a la muerte de ella. Por eso habla Polo de que el ser no está solo gracias a los encargos que se le otorgan ( mito heroico). Se necesita un sujeto que reciba un encargo, que este lleve a cabo el duelo, y que sea en beneficio de otro. Si no es así, es libertad cercenada.

Si no hay quien encargue, no hay tarea para la libertad nativa. Me parece que los ejemplos escogidos, aunque sean de ficción, reflejan muy bien la explicación.

Otro tema de vital importancia del que habla Polo es la verdad, el encuentro. Sabemos que el hombre aprende casi todo y casi siempre, pero en el deseo de verdad, no es aprendido, sino recibido por la naturaleza humana; es una tensión existencial irrenunciable, no podemos negar el encuentro. No hay nada que lo sustituya.

La verdad la relaciona con la esperanza, la belleza, el “gustar”. No se da de la misma forma y en el mismo momento en todas las personas, ya que cada uno encontrará la verdad de diferente manera; pero eso sí, tiene que existir ese acontecimiento de la verdad en nuestras vidas sino no seremos libres.

Muchas gracias

María Hernández López-Quesada dijo...

Buenas tardes, soy María Hernández López-Quesada, alumna de 1º de psicopedagogía. Y voy a comentar el capítulo 10.

Polo comienza el capítulo hablando sobre la muerte, nos repite, que lo que muere es el cuerpo, pero no el alma. La muerta esta incluida en la vida, y gracias a ella el hombre hace proyectos, sin la vida humana fuera ilimitada sería una vida que se limitaría a pasar y por lo tanto el hombre no tendría capacidad para afrontar. Por lo tanto sin la muerte el hombre no viviría como vive. El hombre muere por necesidad.

Según Hobbes, el hombre vive con miedo debido a que es el único que puede anticipar el futuro, saber que soy mortal y que el futuro está lleno de amenazas. Por ello crea el Estado, para que se haga cargo de todos los poderes y que nos libere del temor.

También abarca este tema Kant, que dice que la libertad es capaz de un absoluto moral y de esta forma controla el problema del miedo, a esto lo llama imperativo categórico.

Todos los filósofos evitan el tema de la muerta y la miran de reojo, hay que tener siempre en cuenta que el hombre es mortal y el alma inmortal, y por lo tanto hay que buscar una explicación a esto que ninguno de los filósofos anteriores ha conseguido. Ni Hobbes, ni Kant, ni Nietzsche, terminan de acertar con el tema de la muerta y la unión del cuerpo con el alma.

Al fin y al cabo, soy mortal porque mi cuerpo es de carne y hueso y por lo tanto su unión con el alma no es suficientemente intensa, por lo tanto al morir el hombre, el alma transita y el cuerpo no.

Si nos ponemos a pensar en la cuestión de la muerte, se ponen en claro las grandes dimensiones del ser humano.

Agustín de Thomas dijo...

Agustín de Thomas. 1º Psicopedagogía titulados.

El capítulo de Polo referido a la religión y la libertad nos marca de una manera precisa al principio la diferencia entre la vida y la muerte. Hemos de nacer para morir. No decidimos ni una, ni otra posibilidad, todo lo contrario, podría parecer que esta situación no nos haría libres. Dos situaciones tan transcedentales en la vida del hombre en la que no tenemos ni arte ni parte, debería eliminar la libertad de nuestras vidas, pero Polo demuestra que nos es así. Si el hombre supiera cuando va a morir, quizás sus decisiones serían muy distintas y diferentes. Hay una constante en el ser humano en cuanto a la muerte, nadie niega que existe, todos hemos de morir, ese acotamiento como aserta Polo, el hombre no tendría alternativas. ´
El tema de la libertad en el hombre ha traído cantidades ingentes de literatura a lo largo de los años. Es posible que algunos den en el clavo a la hora de definir la palabra libertad, pero quizás la definición mas hermosa la encontramos en los evangelios: "la verdad os hará libres". Efectivamente, si buscamos de verdad la auténtica verdad alcanzaremos la libertad, pero, ¿qué es la verdad? ¿qué es aquello que nos libera? Para muchos la verdad se puede encontrar en multitud de situaciones o factores, ¿eso es la verdad? A veces pensamos que la libertad es realizar aquello que deseamos en ese momento sin más contemplaciones, pero ¿cuanto de libres nos hace? Por eso Polo nos introduce el vértice o la piedra angular, Dios. Que acto de amor realizó el Salvador y más libre que entregarse por nosotros y nuestros pecados. Por eso los actos egoístas, no llevan a la verdad, darse a otro u otros, por amor, como hizo el Hijo de Dios, es uno de los actos de libertad más impresionantes que uno puede encontrar, lo demás, el infierno, libertad aislada como la define Polo.

Gracias y buenas tardes

Teresa Liza dijo...

Teresa Liza Rúa. 1º Psicopedagogía

En el capitulo anterior se mencionaba que el hombre cuando muere separa alma y cuerpo, y esto se considera como un paso incompleto, ya que no muere el hombre en todas sus partes. Gracias a la muerte el hombre es consciente de que la vida es limitada, y él no decide sobre su propia muerte, sino que aparece sin opción a decidir si quieres morir o no. No es una alternativa que podamos elegir. De la misma forma, tampoco elegimos nacer, de modo que nacer y morir se consideran como el punto de comienzo y el de término de la vida. Al conocer esta verdad, la de que somos mortales y la muerte aparece sin elección, el hombre no puede evitar el miedo, ya que adelanta el futuro y sabe lo que le va a sobrevenir, aunque no cuando. El alma se separa del cuerpo porque su unión no es lo suficientemente fuerte, de forma que el alma sigue siendo humana, pero el cuerpo ya no, solo es un cadáver. Solo cuando pasamos al plano espiritual es cuando el cuerpo está estrechamente unido al alma.
Tenemos la libertad de decidir según las alternativas que se nos presentan, de las ocasiones que la realidad nos da para ser libres. Sin embargo en ocasiones actuamos con miedo por nuestras decisiones y eso hace que no seamos plenamente conscientes de la libertad que se nos presenta como tal. La libertad no es independencia, para ejercer la libertad radical debe existir Dios, y esto es lo que prueba su existencia. No podemos ser libres si la consideramos como algo individual, tenemos que participar de una sociedad para tener libertad.
Los hombres primitivos ya creían en la existencia de un ser superior que le había creado, aunque lo representaban de diversas formas aludiendo características divinas a la naturaleza o a elementos cosmológicos. Se recurría a la magia o a rituales para conseguir buenas cosechas o buena caza. También mediante los mitos otorgaban elementos antropomorfos a los dioses, se situaban templos en lugares altos y alejados, apelando a la divinidad que el hombre ve como lejana a él. Polo hace mención a la decadencia de lo religioso en la actualidad, la existencia del ateísmo y de cultos inapropiados que hacen que el hombre se crea divino por conseguir en ocasiones lo que quiere y ansíe poder. Lo santo es aquello hacia lo que el hombre siente familiaridad, pero también le impacta y le produce respeto, ya que es algo muy superior a él, es puro, omnipotente y tenemos que venerarlo. El hombre enmudece ante lo santo porque no hay lenguaje para comunicarse con ello, la única vía para abrirnos hacia lo santo es la revelación de Cristo.
La libertad se da de acuerdo a encargos, complicaciones que se presentan y con las que nos comprometemos. Alguien tiene que encargar el elemento a otra persona, la persona aceptarlo, encontrarse con un beneficiarios del encargo, así se ejecuta la libertad de forma correcta, sin buscar tan solo el beneficio propio. Por esto mismo la libertad, vuelve a insistir Polo, no puede darse individualmente, es incompatible con que exista una sola persona.
La verdad va ligada a la libertad, el hombre busca la verdad, y cada uno la busca en lo que más le puede interesar(música, política, cine…. Lo que es indudable es que la verdad siempre acaba siendo encontrada, y se descubre que sin ella la libertad no puede ser completa.

Eurídice dijo...

Buenas tardes y Feliz Año a todos.

Soy Laura Martínez Izquierdo y como de costumbre voy a exponer mi "resumen" del capítulo. Este es aún más denso porque también el capítulo lo es ... Perdonad si me enternizo pero tengo un problema serio a la hora de resumir.

1. La unión del alma y el cuerpo: El hombre como ser de carne y hueso
 Conclusión del capítulo anterior: si el alma es inmortal y el hombre se muere (no el cuerpo), la muerte se ha de entender como un paso incompleto.
 El hombre es un ser con proyectos, abierto a posibilidades; y esto sólo la muerte lo explica, pues si la vida humana fuera ilimitada, desaparecería cualquier proyecto de modo que nunca se podría adoptar una actitud, y el hombre carecería de capacidad de afrontar. Si el tiempo no fuera acotado, no tendría sentido el problema de su empleo, no existirían alternativas. En definitiva, el hombre muere porque ontológicamente es mortal; muere por necesidad.
 ¿Es la un acontecimiento vital, o es extraña a la vida? Si la muerte es un término sobrevenido a la vida, no pertenece a ella. El hombre no puede adoptar una actitud frente a la muerte (aunque tampoco puede rechazar esta actitud) porque su libertad no tiene que ver éticamente con ella: no decide acerca de ella, sino que le sobreviene. En rigor, la muerte no es una alternativa, sino que es externa a nuestras intenciones. Ni siquiera el suicida puede decidirla ya que la efectividad del suicidio no es moral, sino que necesita acudir a un medio físico para producir la muerte (biológica).
 Tampoco podemos decidir nacer. Ahora bien, podemos aceptarlo. Esta aceptación es la libertad nativa; cuyo indicio y cauce es la virtud de la piedad.
 Aunque parece que nacer y morir se contraponen (como empezar y terminar), ello supondría que se ha terminado de empezar o que nacer pertenece al pasado, lo cual tiene tan muy poco sentido dado que el hombre no deja nunca de ser hijo.
 Ser libre ante la muerte es el modo más serio de incluir la muerte en la vida, tanto si se considera la muerte como un acto vital (Heidegger: soy un ser finito que proyecto, de cuyo final hay que apoderarse libremente), como si se enfoca como un accidente que viene de fuera (Sartre: yo no tengo libertad ante la muerte). La libertad nativa abarca a los dos y los trasciende.
 Antropología de Hobbes:
 El hombre vive dominado por el miedo, es el único ser vivo en el cual el miedo es crónico: él lo desencadena y lo experimenta.
 No puede evitar de entrada el miedo porque es el único ser capaz de adelantar el futuro, el cual está plagado de amenazas: Anticipar el futuro es conocer una serie ininterrumpida de males que acaba en la muerte.
 ¿Por qué lo adelanta?: Porque cuenta con la imaginación. Esta no es tan corta como la percepción, que se extiende sólo a lo que está pasando, sino que alcanza hasta el extremo de la vida.
 Conclusión: Homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre. Por ello se ve impelido a construir el Leviathan, el Estado, a fin de anular ese miedo.
 Solución: el pacto social, urdir un sistema que garantice la paz. De esta manera surge lo estable, el Estado, un ente al que se entregan todos los poderes (es totalitario de entrada) y que neutraliza mi futuro de manera que yo pueda vivir despreocupadamente.
 Con el liberalismo tiene lugar la recuperación de mi libertad. Este postula que el futuro aparece ante nosotros a corto plazo, o no entero. Sólo así el proyectar es más o menos controlable por mí mismo y no hace falta el Leviathan. El liberalismo coloca formalmente la libertad en el transcurso del camino de nuestra vida y deja al margen tanto el nacer como el morir.
 Por su parte Kant defiende que en lugar de mortal, soy un absoluto ético (imperativo categórico).

Eurídice dijo...

Ahora bien:
 Heidegger olvida que hay algo inmortal en mí.
 Sartre afirma que la libertad es la nada.
 La postura de Hobbes supone que, al entregar todos mis cuidados al Estado, abdico de mi propia subjetividad.
 Kant se olvida de que soy un hombre, y constituye un sujeto moral absoluto que no es nadie (pretende ser éticamente libre respecto del cuerpo).
 Nietzsche propone el eterno retorno.
 Los 3 últimos autores apartan la vista de la muerte, sin embargo, el hombre es mortal. Olvidarlo debilita el soy.
 Por muy unitario que sea el hombre, la unión alma-cuerpo no es suficientemente estrecha o fuerte; ya que si lo fuera, el hombre no moriría.
 Es precisa alguna debilitación de la unión del alma al cuerpo para que pueda acontecer la muerte, pues en otro caso, siendo el alma inmortal, el tránsito sería entero.
 Ello se debe al alma. Paralelamente, el alma separada del cuerpo es humana y el cuerpo no, sino un cadáver.
 Para designar el cuerpo insuficientemente unido al alma, se habla de cuerpo carnal (aquel que no está suficientemente organizado por el alma), es decir, de carne y huesos. El cuerpo es mortal precisamente por esto, por ser de carne y huesos.
 Un cuerpo más unido al alma sería mi cuerpo, pero estaría transfigurado, sería espiritual.
 Ser de carne y hueso no es indiferente:. El cuerpo es un cauce de la libertad, en especial, de su expresividad. Como soy de carne y hueso:
 El alma hace posible mi existencia en este mundo.
 Puedo tener sentimientos.
2. Dios y la libertad que las cosas nos permiten
 La libertad es lo más alto del ser humano.
 Ejercer el noús comporta que somos libres; ejercer la libertad comporta el noús. Preguntar hasta qué punto somos libres es preguntar hasta qué punto somos. Si la libertad es radicalmente inseparable del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad.
 Normalmente, de la libertad tenemos una cierta experiencia. Ante nuestra conciencia aparece que elegimos: podemos llevar a cabo una acción u otra, y también dejar de hacerla; sabemos que el acto es libre o que lo ponemos nosotros. La libertad está implícita en las oportunidades y las alternativas.
 Sin embargo, aun siendo la conciencia un testimonio de la libertad, no es decisivo ya que la conciencia de libertad es a veces más aparente que real:
 Lo que aparece ante nuestra conciencia podría ser la posibilidad de optar, pero no la razón por la que optamos, lo cual implicaría que somos libres en cierto sentido, pero no en el fondo. Conclusión: no toda nuestra libertad aparece ante nuestra conciencia.
 La vivencia de libertad, en tanto que se hace consciente, puede ser exultante y, sin embargo, trivial; el experimentarse como libre no es garantía de profundidad. Ej. de Max Scheler: Una jovencita sana y rica se levanta por la mañana y prevé un amplio abanico de posibilidades a su alcance; entonces dice: “¡qué libre soy!”. Lo cierto es que se engaña: no es libre, no sabe por qué actúa. Conclusión: No hay que confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, porque ese sentimiento puede reflejar una libertad muy pequeña.
 En rigor, no se trata de que actuemos movidos por una tendencia irrefrenable, sino de que referimos nuestra libertad a cosas de poca importancia (triviales). que no permiten el profundo ejercicio de la libertad. Así, en muchas situaciones casi no vale la pena decidir; la escasa entidad de las cosas ante las cuales se pretende ejercer la libertad deprime a esta última.
 Que seamos libres no depende exclusivamente de nosotros, sino de las ocasiones de ser libres que nos da la realidad con la que nos relacionamos. Por consiguiente, la libertad no debe confundirse con la autonomía ni con la arbitrariedad. Conclusión: Es absolutamente imposible una libertad solitaria.
 Para ejercer la libertad de manera más radical, es menester que la realidad también sea importante. Ello comporta que la libertad admite grados y que se mide por aquello respecto de lo cual la empleamos.

Eurídice dijo...

 Al ser imposible en el hombre una libertad solitaria y al ser este un sistema abierto y no homeostático, el hombre ha de retraerse a su carácter nativo (depende del descubrimiento de una paternidad puramente libre) y así topamos con la libertad nativa  Somos más libres que lo que las cosas en torno nos permiten; respecto de ellas, la libertad humana es un sobrar y, por tanto, un trascender, un buscar en desequilibrio y apertura.
 Ética de las tendencias reforzadas (ética de las virtudes):
 Se dilata en la libertad nativa, pues si aquello a lo que hay que tender es de poca importancia, reforzar las tendencias es angustiarse.
 Como garantía y ganancia de libertad, las virtudes no son externas a ella: su término no es independiente de libertad nativa.  La ética de las virtudes culmina en la ética de la destinación (Tenemos más libertad que ocasiones de ejercerla, si no descubrimos aquello respecto de lo cual se puede ejercer entera, que es la destinación)..
 Las dudas sobre el porqué de nuestros actos arrancan de la superioridad del ser libre del hombre, rodeado de cosas de categoría inferior: para equilibrarlo con ellas se niega su libertad. Desde luego, ¿para qué admitir la libertad si la realidad no da ocasión para su ejercicio?
 Ahora bien, hemos dicho que para ejercer la libertad de manera más radical, es menester que la realidad también sea importante. Pero lo que ocurre es que, mientras que las dudas sobre el por qué de nuestros actos arrancan de la superioridad del ser libre del hombre, este permanece rodeado de cosas de categoría inferior  ¿Solución = Negar su libertad para equilibrarlo con ellas? (¿Para qué admitirla si la realidad no da ocasión para su ejercicio?)  La libertad profunda queda entonces abierta a la nada.
 Heidegger: Una libertad que se corresponde con poca cosa da paso a la angustia. Pero la angustia no es la libertad (personal), sino una abdicación de ella.
 Sartre (enfoque pesimista):
 La libertad es la nada, pero no abierta a la nada, es el absurdo. Somos una libertad absurda porque en tanto que somos libres nos abrimos a una cosa mostrenca, la cual invade y ocupa nuestro actuar. Esto es nauseabundo: ser libertad para ser realidad que no es libertad.
 Estamos condenados a ser libres, porque la realidad en sí no permite la destinación. Es como un pájaro con grandes alas metido en una jaula; mejor le vendría tener alas de gallina.
Ambos ignoran la libertad nativa.
 La experiencia del disvalor de la libertad:
 Es propia de los pensadores europeos a partir de la primera guerra mundial.
 Está en el origen de los trilemas en torno a la sistematicidad y fundamentalidad de la ciencia y de la práctica.
 Es el desenlace de la emancipación: Sin libertad nativa el hombre es un ser desequilibrado en orden a nada, un ser sin destino, porque, emancipada, la libertad no es radical.
 La libertad es una prueba de la existencia de Dios: Si la libertad es radical, exige un ejercicio completo; para ello es necesario que se ejerza respecto del Ser sin restricción. Si sólo el ser humano se toma en cuenta, la libertad humana no puede ser radical.
 La libertad está abierta a un ejercerse exhaustivo y no hay nada en este mundo que lo merezca. (La libertad es cumplir lo que uno quiere, pero para ello lo querido tiene que ser también suficientemente real).
 La libertad no debe confundirse con la independencia, porque en tal situación su ejercicio sería vano. La libertad es imposible sin la réplica:
 Al ser muy libre tengo que serlo respecto de Dios.
 Es menester que haya correspondencia: si soy persona, Dios es persona. La libertad prueba:

Eurídice dijo...

 La existencia del Dios personal.
 La personalidad de los demás hombres.  Si los demás son también personas, si existen más personas que yo, al tratar con ellas puedo ejercer mi libertad radical y personal: si me aíslo, no puedo ejercerla.
 Si no trato más que con cosas, no puedo ser radicalmente libre. La libertad nativa sin pluralidad de personas no es sólo angustiosa: se desvanece a priori.
 ¿Somos libres ante la muerte? No lo somos según el estoico imperativo categórico kantiano.
 ¿Puedo ser libre respecto de la muerte? Sí, aceptándola.
 ¿Qué quiere decir aceptarla? Saber que el tránsito desvela la libertad nativa. En otro caso, ser inmortal no es bastante para mí: Mi muerte sólo es aceptable, en el orden personal, si tiene sentido para alguien, si mi muerte es destinable, si el relativo oscurecimiento de mi libertad nativa se desvela.
1. La demostración de Dios a partir de la libertad
 Tal y como hemos dicho antes, si no existe Dios, la libertad radical tampoco. Si la libertad humana es algo más que elegir entre cosas triviales, y es el meollo de su carácter personal, con ella el hombre se abre de modo irrestricto, y al revés: si esa apertura no encontrara un ser también personal, Dios, quedaría frustrada.
 Sin Dios, la libertad acabaría en la nada. La inmortalidad del alma, indudable, sin Dios comportaría la perplejidad completa, la falta de destino. Entonces cabría tener miedo a la libertad, e incluso odio; hay gente que preferiría no ser libre precisamente porque al asomarse a la libertad no llegan a Dios: se encuentran entonces con una libertad en suspenso.
2. La religiosidad natural: los hombres primitivos
 La religiosidad existe desde las protoculturas hasta nuestros días mientras que el ateísmo es un fenómeno, o una actitud humana, más bien modernos. Además, en la historia no hay son culturas explícitamente ateas.  Una cultura queno aluda a lo divino, estaría, como cultura, truncada, porque no habría nada que descifrar en ella, de manera que estaría a punto de desaparecer, abandonada por el interés humano.
 La religiosidad se distingue de:
 Lo teórico  es eminentemente práctica.
 La filosofía  Esta de suyo, no pertenece a la cultura.
 De la teología  Esta, al servirse de la teoría, no es una ciencia práctica.
 La religiosidad humana transparenta y deforma la revelación primera. Si no se acepta la revelación primera, las religiones y su historia se interpretan desorbitadamente.
 La religiosidad humana ha adoptado muchas formas  Como ingrediente de la cultura se determina atendiendo a un acontecimiento decisivo que marca el sentido de la existencia en el tiempo y no exactamente en función de la noción de absoluto.
 No es una teoría acerca de Dios, sino un saber acerca de un poder en relación con el cual el hombre interpreta su propio poder en el tiempo y el cuidar de sí. Este saber se proyecta o extrapola sobre el estado del alma post mortem.
 Ateísmo  ambiguo:
 Rechazo de este saber  tiende al cinismo
 Mantiene una actitud ante el absoluto  incurre en error.
 En los pueblos primitivos hay una religiosidad muy pura.
 Diferenciamos entre:
 Las culturas de pueblos cazadores (preculturas). Las preculturas son formas de vida detenidas, restos de la era primitiva. Por tanto, se puede suponer que esta creencia tiene un origen muy antiguo y que no es producto de una elaboración.
 Las culturas antiguas o agrícolas.
 Conclusiones  La religiosidad primitiva:
 Es sencilla.
 Se centra en nociones no teológicas.
 Comporta una visión de Dios adecuada, aunque no es filosófica ni está desarrollada, ni sobre ella versan los ritos mágicos. Pero desde el punto de vista de la vivencia de la dignidad humana, la magia es muy significativa. Se puede llamar la religiosidad de la dignidad humana remanente o residual.
 Hay una decadencia religiosa, por complicación del poder humano con el de los seres mundanos. Esta confusión es característica de las fases degenerativas de la magia.

Eurídice dijo...

 Doble captación: Dios como padre y Dios como protector que se marchó en virtud de un acontecimiento inmemorial que supuso la pérdida de la amistad del hombre con Dios.
5. La agricultura, la necesidad y los héroes antiguos
 La religiosidad de las culturas agrícolas es el mito.
 Comparado con la magia, es una continuación de su decadencia en que los poderes del mundo se antropomorfizan.
 A esto se añade una cierta neutralización de la temporalidad a favor del espacio.
 En el mito aparece la localización del poder y con ella la idea de centro. Hay lugares privilegiados que, por ello mismo, suelen situarse en alturas. Al colocar en ellos el poder, éste adquiere rasgos “divinosos”. Lo divinoso, por una parte, es estrictamente lejano al tiempo humano y, por otra, espacialmente gravita sobre él.
 Lingüísticamente, es narración inmemorial y anónima, con una fuerte componente social.
 Su resultante en la vivencia es un sentimiento que ya ha aparecido al hablar de Hobbes: el miedo. Al no superarse la mágica separación temporal de Dios, la localización mítica de la divinidad comporta que ésta tiene su propia manera de ver las cosas y, como en esta dimensión es capaz de entrar en relación con el hombre, su poder deshace los proyectos humanos. Dios pasa a ser una fuerza implacable que no guarda relación sistémica con el hombre. En el fondo es una despersonalización:
 La necesidad comporta la pérdida del sentido personal de Dios y, por tanto, una oscilación por parte del hombre entre lo trágico y el fatalismo.
 Se acompaña muchas veces de una interpretación divinosa del cosmos. Dios sería el Gran Todo; en ese gran todo el hombre es una parte. Pero el todo es inexorable, entre otras cosas, porque está sometido él mismo a la necesidad. Ahora bien, esta necesidad es ciega, y para la temporalidad humana, imprevisible: ningún viviente sabe a qué atenerse respecto de ella.
 Si lo divino está sujeto a la necesidad, en el hombre la libertad no pasa de ser un conato, que al final sucumbe ante la necesidad. Si el hombre se yergue e intenta hacer valer su protagonismo atendiendo, por ejemplo, a consideraciones éticas, el fracaso es inevitable. Es la interpretación mítica de lo heroico.
 La versión mítica de la necesidad no es teórica. Tampoco debe confundirse con la omnipotencia divina tal como la entienden las grandes religiones monoteístas, que no confunden a Dios con el mundo.
 La degeneración de la religiosidad mítica se caracteriza por el pesimismo; es uno de sus rasgos más claros. Este se condensa en el futuro: El tiempo no tiene sentido; obedece solamente a la enigmática fatalidad, ciega, y por eso hace y deshace (no hace otra cosa). El hombre es un náufrago vertido en ese tiempo.
 Hay que examinar lo que significa la agricultura para un existente en el mundo que que responde de alguna manera a la pregunta: ¿de dónde vengo y adónde voy?:
 La agricultura sugiere que todo es igual siempre, y que además no es el hombre el que tiene que tomar la iniciativa, como con la magia el nómada o el cazador, sino que siembra, y luego se limita a aguardar. El tiempo humano se adapta al calendario, que señala las épocas del año, de manera que la diferencia entre las estaciones del año pasa a ser muy importante: hay estaciones que tienen un carácter de intersticio o en que el hombre no hace nada. Además, los años se repiten.
 La tierra se interpreta como el espacio peculiar que acota la actividad humana y la acoge, pero la dinámica temporal, fructífera, es externa  Mientras que la caza depende de la habilidad del cazador apuntalada por el conjuro, la fuerza natural, que hace crecer y fructificar, depende de la planta y de las condiciones climáticas. Son acontecimientos ajenos a la eficacia del conjuro y, como los acontecimientos son favorables o desfavorables, el hombre se alegra o se lamenta.

Eurídice dijo...

 ¿Qué sentido tiene invocar a lo cíclico y favorable o desfavorable, sin saber por qué?
 Un año hay una buena cosecha y otro hay una mala. El invocar pasa a ser implorar.
 No hay nada nuevo, todo es siempre igual. A un año le sucede otro. Las diferencias de la fortuna entre un año y otro no cambian el fondo.
 ¿A dónde se dirige el hombre? No se sabe. Más que un miedo al futuro, hay una falta de futuro.
 En un tiempo cíclico:
 Las esperanzas son muy cortas.
 Las oportunidades y alternativas de la libertad pragmática muy escasas. Ej. si no llueve, no ha servido de nada sembrar.
 La relación del hombre con lo que le rodea es dificultosa.
 El poder es despótico.
 A lo sumo, se practica un ritual mimético mágico sobre los períodos del año.
 La ruptura de la monotonía sugiere tan sólo la idea de un año que, por peculiar, es catastrófico.
 A veces se recurre a un ritual sanguinario para aplacar la desgracia.
 El hombre está desamparado en este mundo; las cosas se repiten; el tiempo cíclico es atenazante.
 Nunca pasa nada nuevo, todo está prefijado: se nace, se crece, se reproduce, se muere, lo mismo que la planta.
 Aparece lo numinoso, lo tremendo, aquello que puede irrumpir en cualquier momento con una fuerza capaz de deshacerlo todo. Ej. una gran riada o una tormenta.
 La civilización técnica intenta controlar los acontecimientos cósmicos, y lleva consigo la idea de progreso. Si ese control es cada vez mayor, la situación del hombre en este mundo es cada vez mejor. El programa racional de dominar las fuerzas naturales está más ausente en las culturas agrícolas que en las mágicas.
1. El mito de Dionisos en la cultura actual
 Aparece en las culturas mágicas.
 Para Nietzsche es una de las claves de la cultura griega, que se encierra en el contraste entre el equilibrio de Apolo y la agitación de Dionisos.
 Refleja la rebeldía del hombre ante el sinsentido de la vida, que hace que la religiosidad esté cerrada al Dios personal.
 Dionisos es troceado y de los trozos se hace otro Dionisos. Cada recomposición es otra figura suya.
 Es el deshacer para hacer (destrucción creadora).
 Viene a ser el intento de evitar la repetición cuando todo está sujeto a la repetición, es un proyecto dirigido contra la monotonía (si rompemos lo compuesto y somos capaces de volver a componer, saldrá algo inédito).  Es una forma de recabar la libertad por parte del hombre mítico.
 Del desorden provocado saldrá el orden, con la ventaja de que, al romper la estructura, eliminamos la fijeza. Pero ¿para qué? Para caer en otra fijeza. (Penélope sería también dionisíaca si cada vez tejiera un dibujo nuevo).  Anima por dentro el espíritu revolucionario, y la utopía cuando se transforma en rebeldía pero no revela los radicales del hombre.
 Con él, el hombre no se abre el hombre al destino ni libertad nativa se puede ejercer (lo que se ensaya es un procedimiento reiterativo).  Es un grito de desesperación:
 Dominado el hombre por una necesidad ciega, en la cual no tiene arte ni parte, acude a un pseudo-procedimiento.
 Dionisos danza y cae extenuado.
 El uso del vino, lo mismo que la droga, trata de inyectar vigor cuando la existencia no da nada más de sí. Es una fuerza artificial. Al final acontece el estragamiento, la postración. El baile termina siempre.
 Podemos observarlo:
 En el cambio demasiado rápido de las modas: un tiempo agitado, convulso, es un tiempo privado de alma (el alma inmortal es la calma del tiempo de la existencia temporal, la paciencia de la innovación, del crecer).
 En la cultura actual: Vivimos en un tiempo del cual se quita el tedio buscando novedades, pero por un procedimiento trivial. Y, en consecuencia, ejerciendo la libertad de una manera también trivial.
 En la religiosidad (el hombre ha sido siempre religioso) ha aparecido muchas veces la libertad como problema o de manera negativa. El hombre se encuentra abandonado a la rutina, dueño tan sólo de actos muy accidentales, en rigor, no se encuentra.

Eurídice dijo...

7. Lo metalúrgico y lo santo
 En el siglo XX aparece la idea de que tener mucha libertad es malo.  Si no se encuentra el correlato personal de la propia libertad, precipita otro pesimismo.
 Libertad ¿para qué?  ¿qué hago si …
 …la realidad es necesidad arbitraria, ciega?
 …tengo mucha libertad, pero no hay en qué emplearla?
 La metalurgia:
 ¿Qué le pasó al hombre cuando la descubrió?  Los metales para ser empleados necesitan ser fundidos. No es como las plantas: o el hombre actúa o el metal no sirve para nada.
 ¿Cómo actúa? Rompiendo una figura sólida, provocando fuerzas (llamas, calor, etc.), forjando, metiendo el metal en el molde, etc.  Dionisos se queda corto.
 Cultura metalúrgica: experiencia del poder de violentar, de la mutación transformante, configurante de la realidad que conlleva la forja.
 Es la configuración nueva pero de acuerdo con un plan que debe ejecutarse distanciándose de él.
 Aporta a la religiosidad el símbolo de la purificación: la catarsis y la ascética.
 Con ello se va decantando la idea de lo santo:
 Es la superación del hombre muerto del mito.
 calendario santos humanos.
 Con ello se introduce una depuración en el orden de las intuiciones religiosas.
 Con lo santo tenemos cierta familiaridad, porque todos los días aparecen en el
 Es lo último, lo definitivo. En este sentido, no es lo familiar, sino aquello ante lo que el hombre tiembla pero justificadamente, no ya desconcertado como ante la necesidad ciega.
 Es aquella fuerza tan extremadamente pura que si me toca me deshace, pero no sólo porque yo no soy santo ni puedo aspirar a la santidad, sino porque es omnipotente en cuanto que santo: se impone de suyo.  Ante ello sólo me cabe venerar. No permite la familiaridad locuaz, sino que comporta el silencio.
 En la Iglesia Católica lo santo es revelación, pero revelación no equivale a religión. La revelación de lo santo es una interpelación:
 Sólo esto abre la familiaridad con él.
 Sin revelación, lo santo es lo tremendo, ante lo cual no tenemos nada que decir.
 No es una fuerza que quepa conjurar; tampoco es posible narrarlo.  La familiaridad con lo santo sólo es posible por iniciativa suya. Esto revela su carácter de persona; sin revelación, lo santo no es persona, sino tan sólo una intuición religiosa.
 No se comunica  Si lo hiciera, el hombre no podría responder. Si lo santo aparece, me hace desaparecer (He visto a Dios, ¿cómo no me he muerto?).
 Es más que lo dionisíaco; es la intensidad misma, el foco de fuego y de luz absolutamente incontaminado, simple, idéntico, justificado, etc.  Describirlo en términos religiosos es imposible porque trasciende la religiosidad.. Ante ello el hombre enmudece. El enmudecer deja en suspenso el mundo. La vía religiosa abierta entonces es el desentenderse de todo. Esta vía es el puro ascetismo religioso (que no debe confundirse con la abnegación que parte de la revelación).
 Como elemento religioso puro, lo santo es el silencio. Con él se alcanza el límite de la continuatio naturae, de la cultura, del simbolismo.
 La des-velación del silencio es, en el hombre, la libertad abierta a lo santo. El modo como la libertad humana abierta hacia dentro se abre a lo santo es la revelación de Cristo. El Santo de los santos está entre nosotros, se ha hecho hombre, y nos ha pedido que seamos santos. Entonces lo santo ya no es extraño a la libertad nativa. Libre para ser santo, libre en orden al Santo.
8. La libertad como destino
 Repaso de lo anterior:
 A través de lo que se ha dicho sobre la religión es posible también trazar una historia de la libertad, es decir, de cómo el hombre ha advertido el alcance de ella, en muchas épocas oscurecido; con frecuencia el hombre se ha considerado libre sólo hasta cierto punto o ha dudado de su libertad.
 En la medida en que la vida humana se encara con asuntos de poca monta, en esa misma medida la libertad se acorta, pierde radicalidad y horizonte.
 Hemos hablado de libertad nativa; hablaremos ahora de la destinación de la libertad.

Eurídice dijo...

9. Las dificultades de ser libre: Caperucita Roja
 Dado que según Max Scheler, una vivencia eufórica de libertad puede ser engañosa (ej. de la niña frívola), seguramente la vivencia no eufórica se corresponde con un empleo más intenso de la libertad.
 Cuando nos embarcamos en una tarea en dirección hacia lo radical, es decir, que arranca de la persona y mira hacia la persona, nos encontramos con dificultades enormes. La libertad se muestra entonces ante la conciencia vinculada estrictamente a lo aporético, término que viene de aporía, que significa “falta de salida”. La aporía es, pues, lo contrario a la libertad. De esta manera, para el libre, encontrarse con una aporía es topar con un obstáculo; entonces se encuentra aprisionado, y tiene que afrontar grandes tareas para seguir adelante.
 Entramos, pues, en nuestra libertad cuando nos metemos en complicaciones, y en ellas nos comprometemos, y tenemos que echar mano de todas nuestras energías para que nuestro proyecto se abra cauce.  Cuando la libertad se emplea a fondo no aparece como entusiasmante, sino, al revés. No como algo negativo, en el sentido de Sartre, carente de sentido, sino, como lo que, al menos de momento, nos hace dromedarios, porque el ser libre asume tareas, encargos.
 Esto es sugerido por el mito heroico: Mientras que la versión pagana es pesimista por ignorancia de la libertad nativa, si ésta entra en juego el mito heroico se completa y consta de cuatro elementos (Ej. cuento de Caperucita):
 Sujeto.
 Encargo que recibe el sujeto.
 Adversario: el sujeto tiene que llevar a cabo el encargo a través de la pugna, pues es imposible llevar a cabo una tarea libre sin encontrarse con el adversario.
 Beneficiario: el encargo siempre se recibe en beneficio de otro.  El héroe no es libre para sí mismo, sino que acepta una tarea cuyo beneficiario no es él mismo, sino otro.  Carácter interpersonal característico de la libertad.
 La libertad es incompatible con que exista una sola persona. Por eso, la solead es la muerte de la libertad. El hombre mítico de la cultura agrícola también está solo, por cuanto sólo está en relación con cosas.
 Respecto a los 4 elementos anteriores, si eliminamos un elemento, el sistema se empobrece:
 Si no hay quien encargue (que encomiende el encargo), no hay tarea para la libertad nativa.
 Si alguien no acepta el encargo, no hay sujeto libre.
 Si no hay adversario, la cosa no tiene gracia.
 Si no hay beneficiario, no tiene sentido (libertad de destinación).
 Siempre hay en la realidad algo que está de acuerdo, que sustenta la tarea de la libertad; si ésta no se encarna en un destino, alguien pondrá remedio y se encargará de enderezar el entuerto. Ej. cuento de Pulgarcito.
10. El beneficiario de la libertad
 En la Edad Moderna la consideración de la libertad se hace al margen de la completa constelación de factores formales que constituyen el mito heroico. Una persona que quiere ser libre para sí misma: ése es el hombre egoísta dibujado por la ideología liberal.  Libertad, pero sin beneficiario o con un autobeneficiario aislado, es libertad cercenada. Es lo que le pasa a la niña frívola: La escasa importancia de lo que la ocupa se corresponde con la decisión de transformar el encargo en autobeneficio, lo cual es trivializarlo y anular la tensión de la libertad.  Hemos matado la libertad de destinación porque a priori hemos apagado la libertad nativa.
 La ideología colectivista también empobrece el mito heroico también en el sentido de que niega al que encarga (ateísmo)  Si no hay quien encargue, tampoco hay libertad nativa (ya que la libertad no puede estar sola en su arranque).
 La libertad:
 No puede estar sola en su arranque  Pensar que la libertad es la autoinvención de encargos es falso. Si el hombre atendiera el encargo sin estar respaldado en su punto de partida, la libertad estaría hueca a priori, es decir, en tanto que libertad nativa.

Eurídice dijo...

 Tampoco en su destino  Sin beneficiario, la libertad sin destino se abriría a la nada.
Si está sola en su arranque o en su destino, el hombre se encuentra solo.
11. El encuentro con la verdad
 Así, pues a priori la libertad no es arbitrariedad y, por lo común, uno se encuentra el encargo a lo largo de la vida.  La libertad tiene que ver con el encuentro.
 ¿Qué es lo que se encuentra? La verdad, pero no una verdad desencarnada o simplemente para pensar en ella, sino como impulso para la propia vida, para la práctica del hombre (de la verdad depende enteramente el valor de lo práctico y sin verdad no hay libertad).
 El que se niega al encuentro es un animal, no un hombre. El animal nunca encuentra, porque lo único que se puede encontrar es la verdad.
 Una verdad que uno se encuentre ha de ser una verdad amorosa. Aunque hoy no está de moda el enamoramiento, el que no sabe qué es enamorarse no sabe qué es la verdad.  El hombre se puede enamorar de la realidad que sale al encuentro de un modo radiante. Si entonces el hombre tiene suficiente agudeza, si no es un animal, se dice: para mí eso es imprescindible, embarco mi ser en ello. Eso es ser libre destinándose.
 Pero también se puede encontrar uno con la verdad qua verdad; la ha atisbado y de pronto cae en la cuenta: no podría vivir sin progresar en la verdad. La tarea es descubrirla aún más.
 Encontrarse es integrar la verdad en uno mismo. Por eso si no tiene lugar el encuentro de la verdad, no hay encargo posible, no hay tarea asumible, ni libertad. La clave del mito heroico completo es la verdad que aparece en la vida.
 Si uno ha descubierto la verdad, libremente ha de enunciarla. ¿Cómo? Viviendo de acuerdo con la verdad.
 La verdad no tiene sustituto útil. Quien quiere cambiar la verdad por otra forma de vivir está perdido.
 Al ser la verdad el gran acontecimiento:
 También es la esperanza. Es tanto antecedente como consecuente: Uno espera ser más libre, y al ser libre espera más: más verdad.
 Su aparecer está intrínsecamente unido a la belleza.
 Es inseparablemente la inmortalidad del alma (un acontecimiento extraordinario).
 No en todo ser humano el acontecimiento de la verdad es de la misma manera; por tanto, tampoco en cualquier momento se puede proponer a todos la verdad de la misma manera, pues, si se les propone, no por eso la encuentran. No obstante, ello no es motivo para desistir ni para reducir la verdad a un asunto meramente privado, individual. Por eso lo mejor es dialogar, que cada uno aporte el testimonio de su propia andadura hacia la verdad, pues esa pluralidad de caminos es abarcable o participable.
 Si el acontecimiento de la verdad no tiene lugar en la vida de un hombre, su vida será anodina, no podrá ser libre.
 Como hemos dicho antes, la verdad no tiene sustituto útil: la verdad, por decirlo así, es el valor supremo, aquello con lo que conecta la libertad y aquello sin lo cual la libertad no puede ser intensa. Seguramente la verdad más radical que el hombre puede encontrar en esta vida es la verdad personal; pero no es el único acontecimiento inicial de la verdad.
 “La verdad os hará libres”, dice el Evangelio. La verdad siempre encomienda.

Elena Revuelto dijo...

Hola, Soy Elena Revuelto de titulados.
Capitulo 10
LA RELIGION Y LA LIBERTAD

Muere el hombre pero no el cuerpo. La importancia radica en que la vida es un proyecto, si no existiera la muerte la vida se limitaría a pasar, la muerte está presente en la vida, sin ella no existirían alternativas; pero también la muerte no es una alternativa ya que viene sobrevenida.
La actitud adecuada es ser libre ante la muerte, aceptarlo como un caso externo o interno, esto es la libertad nativa.
Según HOBBES el hombre es dominado por el miedo ya que puede pensar en el futuro y le da miedo, dando lugar al temor. De esta forma se crea un sistema que garantice y neutralice el futuro, para vivir tranquilo, siendo el Estado que nos protege.
Existen varias teorías de filósofos sobre la muerte pero lo importante es la conexión alma-cuerpo. La debilitación de esta unión es necesaria para que pueda acontecer la muerte ya que el alma es inmortal; el alma transita y el cuerpo no.
Importante es la libertad, que es lo más alto del ser humano, la libertad conlleva el hasta que punto somos, está en la misma dimensión, cuantos más libres, más somos, es nuestra realidad. La libertad nos da la posibilidad de elegir nuestras oportunidades y alternativas.
Es importante tener claro que la verdadera libertad no hay que confundirla con decisiones triviales del día a día a la hora de hacer una cosa u otra, la verdadera libertad es nuestro propio ser, lo que somos.
Pero nos truncamos nuestra libertad profunda ya que nos centramos en cosas de categoría inferior, lo que SARTRE llama libertad absurda. Es fundamental para conseguir la libertad plena tener libertad nativa, pero con una pluralidad de personas no sólo cosas.
Respecto a la religiosidad es fundamental en la historia del ser humano y fundamenta su ser, es decir forma parte de su cultura por lo que no puede haber culturas ateas ya que el componente divino está inmerso en todo ser humano.
Ya desde tiempos primitivos varios pueblos rendían culto a un Dios, cercano o lejano según los patagonios o los pigmeos, estos últimos centrados en la magia, esta religiosidad es sencilla basada en nociones no teológicas.
Pasando a otra cosa Polo nos habla de la agricultura la cual sugiere que todo es igual siempre y el hombre no lleva la iniciativa, es cíclico.
Tener en cuenta el mito de Dionisos, la rebeldía del hombre ante el sinsentido de la vida, su clave reside en la composición y la recomposición, deshacer para hacer, evitar la monotonía. Nuestra época es compleja se intenta innovar, buscando novedades pero de manera trivial, siendo la libertad también trivial. En teoría este mito es un grito de desesperación si fuera la clave de la vida, el hombre carecería de libertad ya que es un procedimiento reiterativo.
Mucha libertad puede tener una connotación negativa. Aparece la metalurgia que aporta a la religiosidad el símbolo de la purificación. Con esto se decanta la idea de lo santo, lo último, lo definitivo, una convicción humana de que hay una instancia superior que lo es en tanto que es santa.
La vivencia no eufórica de la libertad se corresponde con un empleo más intenso de la libertad. Una característica de la libertad es su carácter interpersonal es incompatible con una sola persona. Para darse una libertad completa tienen que darse componentes: haber beneficiarios de dicha libertad, un encargo, un resultado. Estaríamos ante la verdad nativa.
De la libertad se pasa al encuentro, y lo que se encuentra es la verdad, y sin verdad no hay libertad. La verdad no tiene sustituto útil y la verdad también es la esperanza, el valor supremo aquello con lo que conecta la libertad y aquello sin lo cual la libertad no puede ser intensa.
“La verdad nos hará libres”.
Un Saludo

Jara dijo...

Jara Tazueco Arroyo
1º Psicopedagogía
Capítulo X.
La religión y la libertad (parte 1)
1.Al hablar de la muerte, llegamos a lo más importante de la antropología; la persona.
Para Heidegger el hombre debe resolverse a morir y ejercer un acto libre ante la muerte. Para Sartre, este era demasiado moral.
En respuesta a la crítica de Sartre, Polo afirma que el hombre es un ser con proyectos y que si la vida fuera ilimitada, cualquier proyecto desaparecería.
Sin la muerte, no viviríamos igual ya que esta, está presente. El tiempo tiene que estar acotado para que se de la existencia de alternativas.
La muerte, es externa a nuestras intenciones.
Epicuro tiene una postura más superficial al separar la muerte de la vida.
Ser libre ante la muerte es el modo más serio de incluir la muerte en la vida.
No puedo decidirme a morir. Una actitud ética ante la muerte no es una buena forma de plantear la cuestión de la libertad.
El hombre, muere por necesidad y es el único que puede afirmar que es persona y mortal.
Según Hobbes, como el hombre puede adelantar un futuro lleno de males que acaba en muerte; vive dominado por el miedo.
El liberalismo coloca la libertad en nuestra vida y deja al margen el nacer y el morir. La utopía, formula un futuro posterior a la muerte en el que no soy. Esto rompe la conexión entre soy persona y soy mortal.
Kant controla el miedo a la muerte diciendo que la libertad es un absoluto moral; el imperativo categórico.
Nietzsche habla de suprimir la venganza para amar la eternidad sin riesgos, para convertir el tiempo en ser.
Hobbes, Kant y Nietzsche proponen distintos modos de resolver el mismo problema. Sin embargo, el hombre es mortal. La antropología se debilita al apartar la vista de la muerte.
Como el alma es inmortal, se necesita alguna debilitación de su unión con el cuerpo para que acontezca la muerte. Por esto, podemos afirmar que la unión alma-cuerpo no es suficientemente estrecha o fuerte.
Después de dar vueltas al tema de la muerte, llegamos a la conclusión de que el hombre es mortal porque su cuerpo es de carne y hueso. No es verdad que el cuerpo sea inexorablemente mortal como se piensa.
Como el hombre es de carne y hueso, el alma hace posible su existencia en este mundo y, por esto también tiene sentimientos. Pretender ser éticamente libre respecto al cuerpo es una renuncia a lo simbólico.

Jara dijo...

Jara Tazueco Arroyo
1ºPsicopedagogía
Capítulo X
La religión y la libertad (parte 2)

2.La libertad es lo más alto del ser humano. Estos son inseparables y el alcance de la liberta es el alcance de nuestra propia realidad.
La libertad está implícita en las oportunidades y alternativas. El acto es libre o lo ponemos nosotros.
La conciencia es un testimonio de la libertad, no es decisivo. No toda nuestra libertad aparece ante nuestra conciencia.
La libertad no debe confundirse con la arbitrariedad ni la autonomía porque, esta es imposible de una forma solitaria. Que seamos libres o no, depende de las ocasiones de serlo que nos da nuestra realidad. Muchas veces referimos nuestra libertad a elecciones triviales.
Para ejercer la libertad de manera más radical, la realidad ha de ser importante también. La libertad admite grados ya que, somos más libres de lo que nos dice nuestra conciencia. La libertad llega hasta el fondo de nuestro propio ser; no es que disponemos de ella, sino que lo somos.
Aparece el tema de la ética de las tendencias y de las virtudes. Las virtudes no son externas a la libertad. La ética de las virtudes culmina en la ética de la destinación al considerar que tenemos más libertad que ocasiones de ejercerla si no descubrimos respecto de lo cual se puede ejercer entera.
Sartre dice que la libertad es la nada. Es lo que llama el absurdo; estamos condenados a ser libres porque la realidad en sí no permite la destinación. Somos libertad porque en tanto que somos libres nos abrimos a una cosa que invade y ocupa nuestro actuar. Ser libertad para ser realidad que no es libertad.
Para Heidegger una libertad que se corresponde con poca cosa da paso a la angustia; el gran ámbito del ser se oculta a la libertad del hombre.
Ambos coinciden en el hecho de ignorar la libertad nativa.
Los pensadores europeos desvalorizaron la libertad. Este es el desenlace de la emancipación. La libertad emancipada no es radical y sin libertad nativa, el hombre, es un ser desequilibrado sin destino.
La libertad es una prueba de la existencia de Dios. La libertad exige un ejercicio completo para que sea radical. Se ejerza sin restricción.
Aunque la libertad es cumplir lo que uno quiere, esto tiene una condición y es que lo querido tiene que ser también lo suficientemente real.
La libertad no debe confundirse con la independencia y esta es imposible sin la réplica; depende de aquello de lo que depende la intensidad de libertad que yo sea.
Si existen más personas que yo, al tratar con ellas puedo ejercer mi libertad radical y personal. Si me aíslo, no puedo ejercerla.
3.En el hombre, la libertad es radical; pertenece a su propio ser. Así, llegamos a la existencia de Dios.
Santo Tomás de Aquino llega a Dios a través de distintas vías. Se refiere al orden de la causalidad y de la necesidad como inteligencia ordenadora.
La libertad humana es el centro de su carácter personal. De esta forma, el hombre se abre y si esa apertura no encontrara un ser personal como es Dios; quedaría frustrada.
La libertad abre una doble perspectiva: existe un Dios personal por el cual existe la libertad y, sin Dios, la libertad acabaría en la nada.
La inmortalidad, sin Dios, daría lugar a la falta de destino.

Jara dijo...

Jara Tazueco Arroyo
1º Psicopedagogía
Capítulo X
La religión y la libertad (parte 3)

4.Si no se pierde de vista la libertad humana, podemos abordar la religiosidad. Una cultura que no aluda a lo divino, no tendría anda que descifrar y estaría abandonada por el interés humano por lo tanto, truncada.
La religiosidad es algo práctico, no teórico.
La religiosidad humana ha adoptado muchas formas. Ciertas complicaciones o religiosidades puras son los fenómenos de degeneración de la misma. No cabe, según esto, hablar de religión pura o esencial. La religiosidad se determina atendiendo a un acontecimiento decisivo que marca el sentido de la existencia.
La religiosidad es un factor de la cultura, no es una teoría acerca de Dios sino un saber acerca de un poder en relación con el cual el hombre interpresa su propio poder en el tiempo. Por esto, el ateísmo es ambiguo; porque es un rechazo de este saber.
De la religiosidad de los pueblos primitivos, se pueden sacar algunas conclusiones: esta es sencilla y no se centra en nociones teológicas. La visión de Dios es adecuada aunque no está desarrollada. La magia es muy significativa. También podemos apuntar que hay una decadencia religiosa. Se produce un oscurecimiento de las creencias básicas en una doble captación; Dios como padre y Dios como protector.

Guillermo Herrero Muñoz dijo...

Hola soy Guillermo Herrero Muñoz de 1º de Psicopedagogía.
En este último capítulo, Polo trata el tema de "la persona" a partir de la cuestión de la muerte expuesta en el anterior capítulo.
Debemos considerar el enfoque subjetivo-biográfico, si la muerte es un término sobrevenido a la vida, no pertenece a ella. Si me enfrento a la muerte, la incluyo en mi vida, pues este enfrentamiento es vida y posee intencionalmente el morir. Sin embargo debemos objetar que mientras uno está vivo, no está muerto. Adoptar una actitud ante la muerte, cuando ésta todavía no ha sucedido, es una ficción.
Para Heidegger, el hombre debe resolverse a morir y ejercer ante la muerte un acto libre, lo que es una actitud moral y Sartre por su parte, acusa a Heidegger de moralismo precisamente por ello. La respuesta a la visión de Sartre es otra observación: el hombre es un ser con proyectos, abierto a posibilidades y esto solo la muerte lo explica. La muerte es como el cañamazo de una vida constituida por proyectos, o también la posibilidad en general.
Sin la muerte el hombre no viviría como vive, si el tiempo no fuera acotado, no existirían alternativas.
No tiene sentido empírico afrontar el problema de la muerte. El hombre no puede adoptar una actitud frente a ella porque su libertad no tiene que ver éticamente con la muerte; el hombre no decide acerca de su muerte, sino que ésta le sobreviene. La muerte, en rigor, no es una alternativa, es un factor enigmático para la libertad. No es la posibilidad en general, sino el límite empírico de la posibilidad.
Para Sartre contactamos con la muerte dialécticamente. Epicuro la separa de la vida, dice que es un hecho indiferente, porque cuando estamos vivos no hemos muerto, y cuando hemos muerto no vivimos (esta postura es superficial). Para Sartre no somos propiamente dueños de la muerte, podemos desear no morir y sin embargo morir. A esto debemos añadir que: tampoco podemos elegir nacer. Lo que sí podemos es aceptarlo; a esta aceptación Polo la llama "libertad nativa" (indicio y cauce suyo es la virtud de la piedad).
Se nace para ser hijo, la libertad nativa es el nacer a la filiación en tanto que se nace como hijo, por tanto, ser libre antes de la muerte es el modo más serio de incluir la muerte en la vida. La libertad nativa abarca a los dos y los trasciende, el acto de esa libertad no es una decisión que se tome o comience en el curso de la vida o "después" de nacer.
No podemos decidirnos a morir. Tampoco morir bien equivale a no morir. La actitud ética ante la muerte, y el rechazo de tal actitud, no parecen buenos modos de plantear la cuestión de la libertad. El obstáculo es la libertad emancipada. Heidegger y Sartre defienden que la libertad es innata, no nativa.
El hombre muere porque ontológicamente es mortal; muere por necesidad. Sin embargo esta afirmación no cierra el asunto. El hombre es mortal, es sujeto. El único que puede decir "soy mortal y persona", mortal y persona guardan una relación sistémica.
"Soy persona" no autoriza a decir "no soy mortal" pues olvidar que soy mortal debilita el soy (encontramos un ejemplo en la antropología de Hobbes).
Kant formula el tema de la libertad de un modo absolutamente moral y coloca a su lado la quiebra que llama "yo empírico", el afán subjetivo-egoista de pasarlo bien.

Guillermo Herrero Muñoz dijo...

El tema de la muerte es una piedra de toque para la profundidad de los filósofos, cada uno se postulan ante ella con términos diferentes y todos ellos la miran de reojo.
El hombre es mortal. La antropología se debilita al apartar la vista de la muerte, para que su miedo no se traslade a la vida temporal.
Si el hombre es mortal y el alma inmortal, debemos buscar una explicación por lo menos doble. Una se ha de encontrar en la unión del alma con el cuerpo y otra volviendo a la consideración subjetiva de la muerte:
La unión alma-cuerpo no es suficientemente estrecha, si lo fuese, el hombre no moriría. Precisa alguna debilitación esta unión para que pueda acontecer la muerte ya que si no, el tránsito sería entero. Para designar el cuerpo insuficientemente unido al alma se emplea el término "carne". Que nuestro cuerpo sea carnal significa que no es todo lo cuerpo que como cuerpo puede ser. La organización del cuerpo por el ama es tal que el cuerpo es de carne y huesos.
El cuerpo humano es potencial porque el alma humana es inmortal. Ser inmortal teniendo en cuenta que soy de carne y huesos significa una continuación en la línea de la carne y los huesos que la levantara así misma: un cuerpo más unido al alma sería un cuerpo espiritual. En la condición presente de la libertad nativa, es el cuerpo resucitado dl que habla San Pablo: será un cuerpo en el que el espíritu humano esté tan activo que aquello que ahora es carne y hueso, sea mi cuerpo, pero penetrado por la plenitud del espíritu.
Suele pensarse que nuestro cuerpo es inexorablemente mortal, y eso no es verdad. La verdad es que mi cuerpo es de carne y hueso en tanto que su unión con el alma no es suficientemente intensa; entonces el alma transita, y el cuerpo no. La teoría ha de ocuparse ahora de la conexión sistémica entre soy mortal y soy persona.
Cristo murió en carne y hueso y por la fe sabemos que ha resucitado. Cristo murió libremente, es el Hijo de Dios. La libertad nativa de la persona humana tiene que ver con la muerte en cuanto que el cuerpo es un cauce de la libertad, en especial, de su expresividad. Como soy de carne y hueso, el alma hace posible mi existencia en este mundo. Porque soy de carne y hueso puedo tener sentimientos.
La cuestión de la muerte es una de las grandes vías de entrada al tema del hombre. Si nos atrevemos a pensarla empezamos a darnos cuenta del fondo de muchos de los mejores anhelos del hombre. Querríamos ser inmortales, descifrar nuestras ficciones culturales.

Elena Chamorro dijo...

Elena Chamorro

La religión y la libertad.

En el primer apartado la unión del alma y del cuerpo, el autor nombra a varios autores para explicar la muerte, Sartre dice que el hombre es un ser con proyectos, abierto a posibilidades; y que esto solo lo explica la muerte, para él, si nuestra vida fuese ilimitada no tendríamos ni proyectos, ni estaríamos abiertos.
Para Heidegger el hombre vive como vive gracias a que tiene presente la muerte y que su tiempo es acotado, existiendo así multitud de alternativas.
Polo nos explica que la muerte no es una alternativa y nos dice que podemos desear no morir, sin embargo, morir, al igual que podemos desear no nacer pero nacer y llegados a este punto solo podemos aceptar este hecho, al que el autor llama libertad nativa.
Hobbes explica que el hombre es el único ser que vive con miedo, porque es el único que se anticipa al futuro y es el Estado el encargado de eliminar los miedos, acuña un pacto social y un sistema que garantice la paz.
Kant controla el miedo al futuro con un imperativo categórico, a este imperativo no le puede pasar nada, es como el Estado constituido en norma moral.
Llegados a este punto podemos afirmar que el hombre esta formado por un cuerpo moral y un alma inmortal y si esta unión fuera lo suficientemente estrecha o fuerte, el hombre no moriría.
En el apartado de Dios y la libertad de las cosas, Polo comienza afirmando que la libertad es radicalmente inseparable del ser humano y que esta implícita en las oportunidades y las alternativas.
Además podemos decir que la conciencia es un testimonio de libertad, pero no toda nuestra libertad aparece ante nuestra conciencia, muchas veces nuestra conciencia de libertad es más aparente que real y confundimos la autonomía, con la libertad de poder hacer cosas, cuando en realidad tenemos mas libertad que ocasiones de ejercerla.
Sastre alega que ser libertad para ser realidad no es libertad.
Polo además nos explica que si el hombre es radicalmente libre, Dios tiene que existir, que es una prueba de existencia, pero también es una prueba de la personalidad de los demás.
En el apartado de la religiosidad natural: el hombre primitivos., se habla de que la religiosidad ha estado en el hombre através del tiempo y que descifra todo lo relacionado con la cultura, el ateismo sin embargo no da sentido a la cultura, convirtiéndola en una fase pasajera. Podemos afirmar que la religiosidad se a degenerado porque esta considerada como un acontecimiento decisivo para toda la vida, que marca la exigencia del ser humano, que no esta dispuesto a elegir, además esta decadencia está unida a la complicación del poder humano con el de los seres mundanos.
En el apartado del mito de Dionisos, el autor explica como el mito refleja la rebeldía del hombre ante el sin sentido de la vida, que hace que la religiosidad esta cerrada al Dios personal, la clave de este mito es la idea la composición y la recomposición, el deshacer para hacer, lo contrario a este mito es el mito de báquico, que dice que del desorden saldrá el orden.
Lo metalúrgico y lo santo , en este aparto se explica cómo ya desde el XX aparece la idea de que tener mucha libertad es malo , Polo dice que el hombre esta perdido en sentido religioso, pero que la metalurgia(fundir, hacer coladas) a dado un sentido simbólico a la religión, este símbolo es el de la purificación, la catarsis y la ascética, unido a esto aparece muy presente la idea de santo , este concepto se a intentado definir muchas veces, sin éxito, se considera que transciende de la religiosidad, es el silencio con el que se alcanza la cultura.

Elena Chamorro dijo...

(2ª Parte)

En el siguiente apartado , se habla de que la libertad muchas veces se representa o se cree que es una vivencia eufórica., pero somos realmente libres cuando ante situaciones que nos generan una problemática, elegimos estas situaciones que nos generan una sensación contraria al entusiasmo. Podemos señalar además que la libertad no se concibe sin gente y por eso mismo hay héroes (que han tenido que tomar decisiones antes de llegar a serlo.)
Para terminar hablare de la verdad, la verdad se puede encontrar de un modo global, la verdad como tal y hay gente que la encuentra en otros aspectos (la música, escritura...etc), esta verdad esta unida a la belleza, cada uno tiene su propia andadura a la verdad. Sin el acontecimiento de la verdad, no podremos ser libres, por que la verdad nos hará libres.

Un saludo.

Fátima Carreño Echanove dijo...

Buenas tardes, soy Fátima Carreño Echanove alumna ordinaria de 1º de Psicopedagogía.

El tema central de este capítulo es la PERSONA. En el capítulo anterior se llegó a la conclusión de que el hombre está formado por cuerpo y alma, siendo el alma inmortal y el hombre mortal. La muerte la entendíamos como un paso incompleto: “hay algo que no pasa”.
Con esto se nos plantea la siguiente cuestión ¿Qué es para mí la muerte? ¿Qué significa que yo me muero? ¿Hasta que punto puedo tomar una postura ante la muerte? Esta claro que mientras yo este vivo no estoy muerto. Si me enfrento a la muerte, la incluyo en mi vida, ya que el enfrentamiento es vida y posee intencionalmente el morir.
Por consiguiente, sin la muerte el hombre no viviría como vive. La muerte está presente en la vida, nuestra vida es mortal. No tiene sentido afrontar el problema de la muerte. El hombre no puede adoptar una actitud frente a ella, pues su libertad no tiene que ver éticamente con la muerte.
La muerte es externa a nuestras intenciones; no sabemos cuando vamos a morir, no podemos decidirla; ni siquiera el suicida: por mucho que uno quiera, no se muere, necesita acudir a un medio físico para producirla.
Epicuro tenía miedo a la muerte. Por ello, separaba la vida y la muerte afirmando que la muerte es un hecho indiferente, porque cuando estamos vivos no hemos muerto y cuando hemos muerto no vivimos.
Ahora bien, ¿Es realmente la muerte un acto libre? No somos propiamente dueños de nuestra muerte; podemos desear no morir y morir. A esto, Polo lo denomina LIBERTAD NATIVA: es el nacer a la filiación en tanto que se nace como hijo. Sólo el hombre que nace muere; la muerte no puede ser más necesaria ni más libre que el nacimiento. Por tanto, ser libre ante la muerte es el modo más serio de incluir la muerte en la vida.
También esta la LIBERTAD EMANCIPADA: decisiones que se toman en el transcurso de la vida. Un comenzar desde sí o por sí.
Por último, si el hombre es mortal y el alma inmortal quiere decir que el alma transita y al hacerlo el cuerpo queda atrás. Esto tiene una doble explicación: la unión del alma con el cuerpo y la consideración subjetiva de la muerte. La unión alma-cuerpo no es suficientemente estrecha o fuerte, si lo fuera el hombre no moriría.
El alma separada del cuerpo es humana pero el cuerpo no, es un cadáver. La organización del cuerpo por el alma es tal que el cuerpo es de carne y hueso.
Unamuno dice “Yo soy hombre de carne y hueso” pero no quiere ser más que da carne y hueso. Por tanto, el cuerpo humano es potencial porque el alma humana es inmortal.

María Durán Faustmann dijo...

buenas tardes, soy María Drán Faustmann y voy haceros un resumen del segundo y tercer punto.
La libertad es lo más alto del ser humano. La cuestión de la libertad ha de comparecer al tratar de nuestro carácter mortal. La cuestión es ésta: ¿hasta qué punto somos libres? La libertad está en el origen de nuestro inteligir. Ejercer el noús comporta que somos libres; ejercer la libertad comporta el noús. Preguntar hasta qué punto somos libres es preguntar hasta qué punto somos. Si la libertad es radicalmente inseparable del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad.
La densidad de nuestra realidad, el acto de ser humano, comporta la libertad. Ante nuestra conciencia aparece que elegimos: podemos llevar a cabo una acción u otra, y también dejar de hacerla; sabemos que el acto es libre o que lo ponemos nosotros. La libertad está implícita en las oportunidades y las alternativas.
Pero no toda nuestra libertad aparece ante nuestra conciencia. Queda algo más; la conciencia es una iluminación secundaria, pero deja a oscuras la libertad de nuestro ser.
La conciencia de libertad es a veces más aparente que real, porque la vivencia de libertad, en tanto que se hace consciente, puede ser exultante y, sin embargo, trivial; el experimentarse como libre no es garantía de profundidad. No hay que confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, porque ese sentimiento puede reflejar una libertad muy pequeña.
En rigor, no se trata de que actuemos movidos por una tendencia irrefrenable, sino de que referimos nuestra libertad a cosas de poca importancia. Dicho de otro modo, que seamos libres no depende exclusivamente de nosotros, sino de las ocasiones de ser libres que nos da la realidad con la que nos relacionamos. Por consiguiente, la libertad no debe confundirse con la autonomía ni con la arbitrariedad. Es absolutamente imposible una libertad solitaria.
Las dudas sobre nuestra libertad se deben a que la consideramos en orden a coyunturas mínimas o tratando con cosas de poca importancia. Para ejercer la libertad de manera más radical, es menester que la realidad también sea importante. Ello comporta que la libertad admite grados y que se mide por aquello respecto de lo cual la empleamos. En rigor, somos más libres de lo que nos dice nuestra conciencia, porque ésta nos presenta elecciones, a veces de cierto peso; sin embargo, si la libertad llega a su fondo que es nuestro propio ser, coincide con él, y no se limita a aparecer delante: no disponemos de ella, sino que la somos.
Que el hombre, como ya dijimos, sea un desequilibrado, no un sistema homeostático, sino abierto, significa que, al ser imposible una libertad solitaria, ha de retraerse a su carácter nativo. Un sistema abierto depende del descubrimiento de una paternidad puramente libre. Lo que preside radicalmente la elección es la dilección de la iniciativa de una libertad absolutamente otra (originaria). Ese depender es nuestro ser enteramente libres. Somos más libres que lo que las cosas en torno nos permiten; respecto de ellas, la libertad humana es un sobrar y, por tanto, un trascender, un buscar en desequilibrio y apertura.
Desde este punto de vista también la ética entra en juego: Como garantía y ganancia de libertad, las virtudes no son externas a ella. Aparece entonces otra dimensión: la ética de las virtudes, que, culmina en la ética de la destinación. La libertad puede ser un fardo: tenemos más libertad que ocasiones de ejercerla, si no descubrimos aquello respecto de lo cual se puede ejercer entera. A eso llamo destinación.

María Durán Faustmann dijo...

Así pues, no se trata de que detrás de nuestra conciencia de libertad exista un factor necesario que nos fuerce a elegir, sino que delante, en presente, no detrás, encontramos lo que frustra la libertad, porque aquello que encontramos no da ocasión para un surgir desde el fondo. Actuamos entonces de un modo arbitrario, sin saber por qué. Las dudas sobre el porqué de nuestros actos arrancan de la superioridad del ser libre del hombre, rodeado de cosas de categoría inferior: para equilibrarlo con ellas se niega su libertad.
Sartre enfoca de un modo desviado este problema de la libertad: la libertad es la nada, pero no abierta a la nada, sino a su contrario dialéctico. Es lo que llama el absurdo. Somos una libertad absurda porque en tanto que somos libres nos abrimos a una cosa mostrenca, la cual invade y ocupa nuestro actuar. Esto es nauseabundo: ser libertad para ser realidad que no es libertad.
Sartre habla de náusea tal vez por prurito de originalidad frente a Heidegger que habla de angustia. El absurdo sartreano significa que estamos condenados a ser libres, porque la realidad en sí no permite la destinación. La angustia heideggeriana significa que el gran ámbito del ser se oculta a la libertad del hombre. Una libertad sin ámbito es un fondo sin destinación (Abgrund). Sartre no entiende a Heidegger: pero ambos coinciden en una inversión de la valoración de la libertad: ignoran la libertad nativa.
Es el desenlace de la emancipación. Sin libertad nativa el hombre es un ser desequilibrado en orden a nada, un ser sin destino, porque, emancipada, la libertad no es radical.

María Durán Faustmann dijo...

Si el hombre es radicalmente libre, Dios tiene que existir. La libertad es una prueba de la existencia de Dios. Si la libertad es radical, exige un ejercicio completo; para ello es necesario que se ejerza respecto del Ser sin restricción. Si sólo el ser humano se toma en cuenta, la libertad humana no puede ser radical. La libertad está abierta a un ejercerse exhaustivo y no hay nada en este mundo que lo merezca. La libertad es cumplir lo que uno quiere, pero eso tiene un límite, una condición, y es el querer lo suficiente; para ello lo querido tiene que ser también suficientemente real.
La libertad no debe confundirse con la independencia, porque en tal situación su ejercicio sería vano. La libertad es imposible sin la réplica; depende de aquello de lo que depende la intensidad de libertad que yo sea. Al ser muy libre tengo que serlo respecto de Dios, pero no de un Dios en soi. Si Dios fuese una inmensa mole, o el ente inmóvil, el ente por excelencia, estaría cerrado, y respecto de Dios yo no sería libre. Es menester que haya correspondencia: si soy persona, Dios es persona. La libertad prueba la existencia del Dios personal. Pero también es una prueba de la personalidad de los demás hombres. Los otros no son el infierno, como dice Sartre; el infierno es la libertad aislada. Si los demás son también personas, si existen más personas que yo, al tratar con ellas puedo ejercer mi libertad radical y personal: si me aíslo, no puedo ejercerla.
En el hombre la libertad es radical, pertenece a su propio ser. Así entendida, sacada de lo superficial, del mismo modo que desde las criaturas materiales, considerando el movimiento, la causalidad, etc., se llega a la existencia de Dios, con la libertad se desemboca en ella.
Si no existe Dios, la libertad radical no existe tampoco. Si la libertad humana es algo más que elegir, y es el meollo de su carácter personal, con ella el hombre se abre de modo irrestricto, y al revés: si esa apertura no encontrara un ser también personal, Dios, quedaría frustrada. La libertad abre una doble perspectiva: existe un Dios personal sin el cual la liberta no existiría; sin Dios, la libertad acabaría en la nada. La inmortalidad del alma, indudable, sin Dios comportaría la perplejidad completa, la falta de destino. Entonces cabría tener miedo a la libertad, e incluso odio; hay gente que preferiría no ser libre precisamente porque al asomarse a la libertad no llegan a Dios: se encuentran entonces con una libertad en suspenso.

Laura dijo...

Laura Piñonosa Cano, 1º Psicopedagogía

El hombre por ser un ser vivo tiene que morir. El alma es inmortal y el hombre se muere, la muerte se ha de entender como un paso incompleto: hay algo que no pasa. Aquí surge la siguiente pregunta, ¿Es la muerte interna a la vida?

El hombre es un ser con proyectos, abierto a posibilidades; y esto sólo la muerte lo explica, pues si la vida humana fuera ilimitada y en ella no estuviese inscrito su carácter mortal, desaparecería cualquier proyecto: sería una vida que se limitaría a pasar. Sin la muerte el hombre no viviría como vive. La muerte está presente en la vida, nuestra vida es mortal.

La muerte es externa a nuestras intenciones; no sabemos cuándo vamos a morir, no podemos decidirla: ni siquiera el suicida

La libertad es cumplir lo que uno quiere, pero eso tiene un límite, una condición, y es el querer lo suficiente; para ello lo querido tiene que ser también suficientemente real. La libertad se encuentra en las alternativas que elegimos.

Entramos en nuestra libertad cuando nos metemos en complicaciones, y en ellas nos comprometemos, y tenemos que echar mano de todas nuestras energías para que nuestro proyecto se abra cauce. De manera que cuando la libertad se emplea a fondo, muchas veces, desde un punto de vista experiencial interno, no aparece como entusiasmante, sino, al revés. el ser libre asume tareas.

Sin verdad no hay libertad. Y ¿Qué es la verdad? Es la pregunta escéptica de Pilato, del que no se ha encontrado nunca con la verdad, y precisamente la tenía delante. Encontrarse es integrarla en uno mismo. Por eso si no tiene lugar el encuentro de la verdad, no hay encargo posible, no hay tarea asumible, ni libertad.

La verdad no tiene sustituto útil. Quien quiere cambiar la verdad por otra forma de vivir está perdido. Pero la verdad también es la esperanza, porque el acontecimiento de la verdad es efectivamente el gran acontecimiento.

Loreto García-Quirós dijo...

Buenas tardes, soy Loreto García-Quirós Banús, alumna ordinaria, voy a hacer un resumen con las ideas que mas me han llamado la atención de algunos puntos del capitulo. Es un capitulo bastante amplio e intenso, me centrare solo en algunas ideas, todas ellas en relación con la libertad.

En el capitulo anterior veíamos el capitulo de la muerte y Polo inicia este capitulo abordando a través de la muerte el tema central de la antropología que es la persona. En el primer apartado aprendemos de la mano de Polo las diversas opiniones sobre este tema en boca de diferentes pensadores; no me voy a detener en resumir lo que piensa cada pensador, ya que me extendería demasiado, por lo que voy a comentar dos líneas generales de cada uno:

-Kant: formula de un modo absolutamente moral el tema de la libertad. Se olvida de que soy un hombre y constituye un sujeto moral absoluto que no es nadie. En vez de soy mortal, absoluto ético.
-Hobbes: el hombre vive dominado por el miedo. “el hombre es un lobo para el hombre”. No encuentra la ética.
-Sartre: no tenemos libertad ante la muerte, la libertad es la nada.
-Heidegger: el hombre debe resolverse a morir y ejercer ante la muerte un acto libre, lo que es una actitud moral. “soy un ser finito que proyecto, de cuyo fin hay que apoderarse libremente”. Se olvida de que hay algo inmortal en mí.

La libertad es lo mas alto del ser humano, pero ¿hasta que punto somos libres? La libertad esta en el origen de nuestro inteligir. Si la libertad es radicalmente inseparable del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad. La densidad de nuestra realidad, el acto de ser humano, comporta la libertad. La libertad esta implícita en las oportunidades y las alternativas ya que ante nuestra conciencia aparece que elegimos.

La conciencia es un testimonio de la libertad, pero no es decisivo, ya que tenemos que tener cuidado. Podría ocurrir que lo que aparece ante nuestra conciencia es la posibilidad de elegir, pero no el motivo por el que elegimos. Si el motivo fuese necesario y oculto a nuestra conciencia seriamos libres en cierto modo, pero no del todo. NO TODA NUESTRA LIBERTAD APARECE EN NUESTRA CONCIENCIA.

La conciencia de libertad es a veces mas aparente que real, no hay que confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, ya que la vivencia puede ser alegre y sin embargo carecer de sentido. Somos mas libres de lo que nos dice nuestra conciencia, porque como ya hemos dicho, muchas veces elegimos cosas sin importancia, sin embargo, la libertad llega a su fondo que es nuestro propio ser, coincide con el.

Que seamos libres no depende exclusivamente de nosotros, sino de las ocasiones de ser libres que nos da la realidad con la que nos relacionamos, no existe la libertad solitaria, es absolutamente imposible. La soledad es la muerte de la libertad.

La libertad es la prueba de la existencia de Dios, el hombre por si solo, no puede tener libertad radical. La libertad radical pertenece al propio ser del hombre. Si no existe Dios, la libertad radical tampoco existe. El hombre se abre de modo irrestricto, y al revés, si esa apertura no encontrara un ser también personal, Dios, quedaría frustrada.

Muchas gracias, un saludo

María Moral García dijo...

Buenas tardes, soy María Moral, alumna ordinaria de 1º.
Voy a intentar hacer un resumen o comentario del último capítulo de Polo, pienso que complementa todos los anteriores.
El tema central del libro de polo es: “Quién es el hombre, tratando todos sus aspectos, el fin de su existencia…”.
Primeramente destacamos que el hombre es mortal, pues nace y muere; tiene una parte inmortal, el alma, y una mortal, el cuerpo.
El hombre busca alternativas, posibilidades para actuar y vivir en el día a día, con el cumplimiento de proyectos, de acuerdo a una actuación moral; saber que no va a vivir indefinidamente, le ayuda a enfrentarse a dichos proyectos, dificultades, como aprovechamiento de su tiempo.
Aquí, Polo relaciona la muerte con la libertad, en cuanto que nuestras acciones están ordenadas a un fin, y dependiendo de la elección de éstas y del aprovechamiento de alternativas, presentes en nuestra vida, actuamos moralmente (bien o mal) pero libremente, puesto que la llegada de la muerte es desconocida por el hombre. Este cumplimiento de acciones, teniendo en cuenta que tenemos un fin (la muerte), es lo que da sentido a nuestra vida, y la posibilidad de elección de alternativas.
El hombre nace como hijo, abierto a la filiación; al igual que no decide nacer, tampoco puede decidir cuándo morir: es un acto vital y natural, no lo desencadena el hombre, es aceptación, la llamada libertad nativa.
El ser humano tiene proyectos que se plantea y cumple, tiene una visión de futuro, y actúa de acuerdo a ellos, en libertad; pero es necesario un orden, una política en la sociedad en que vive, pues puede llegar a un desorden o radicación de la paz o mala convivencia.
Por otro lado, alma y cuerpo mantienen una unión, pero como hemos explicado anteriormente, con la llegada de la muerte, estos se separan y el cuerpo muere, mientras que el alma humana no muere, perdura siempre. Por eso el ser humano no muere en su totalidad (el alma pervive) y es lo que nos diferencia de los demás seres vivos.
El tiempo es limitado, está acotado en nuestras vidas, de este modo es cómo el hombre actúa según unas alternativas, presentes en su vida y, a partir de ahí, elige.
La muerte como fin objetivo es, también, como he dicho antes, sentido de nuestra vida y lo que hace que el hombre tenga proyectos en su vida (significado y justificación de su existencia en esta vida).
Siguiendo con lo anterior, el hombre es capaz de elegir (alternativas) y de elegir casi todo (salvo la vida y muerte, entre otros), lo que le hace ser libre.
La libertad humana está ligada al ser, en cuanto que el hombre, a diferencia de los animales, es persona, siendo capaz de conocer y de llegar a la verdad, lo que le hará más libre. Pero lógicamente ésta le compromete, le complica la vida, no es fácil y le cuesta; pero a su vez, le hace más libre.
El hombre actúa de acuerdo a la existencia de sus diversas dimensiones: física, psíquica, social y moral (libre), complementándose. La cuarta dimensión, la moral (libertad) es la que complementa a las anteriores. Llevándose bien a cabo, llegando a la verdad, nos podemos plantear además una verdad más profunda, como es el verdadero sentido de nuestra vida, partiendo de la inmortalidad del hombre: Dios existe, y hay más vida más allá de la muerte.
Gracias, un saludo.

Aurora Amedey dijo...

Buenas tardes, soy Aurora Amedey Ramírez de 1º de Psicopedagogía. Este último capítulo hace referencia a la muerte aunque en el capítulo anterior Polo ya nos hablo de ella. Queramos o no la muerte está presente en nuestra vida al igual que nacemos sabemos que todos moriremos sin embargo, debemos distinguir que el hombre tiene una parte inmortal, es decir, el alma y otra parte mortal que sería el cuerpo.
Epicuro dice que la muerte es un hecho indiferente, porque cuando estamos vivos no hemos muerto, y cuando hemos muerto no vivimos. Sin embargo, no podemos omitirla con tanta facilidad debemos aceptarla, igual que no podemos decidir nacer pero si lo aceptamos lo que se denomina aceptación libertad nativa; podríamos decir que nacer y morir se contraponen como empezar y terminar.
Haciendo referencia a la libertad nombrada anteriormente que es el otro punto que trata el capitulo debemos decir antes que nada que la libertad es lo más alto del ser humano. Cuando se pregunta hasta que punto somos libres es como preguntar hasta que punto somos. Tenernos que tener en cuenta la libertad no se puede separar del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad.
La libertad está implícita en las oportunidades y las alternativas; podemos realizar una acción u otra o también dejar de hacerla; el acto es libre, es decir, lo ponemos nosotros, elegimos tomando partido la conciencia. Sin embargo, seriamos libres en cierto sentido pero no del todo, ya que no toda nuestra libertad aparece ante nuestra conciencia dejando así a oscuras la libertad de nuestro ser. Por otro lado, es importante no confundir el sentimiento eufórico de nuestra libertad con la verdadera libertad, porque ese sentimiento puede reflejar una libertad pequeña.
Por último, resaltar que somos más libres de lo que nos dice nuestra conciencia; si la libertad llega a su fondo que es nuestro propio ser, coincide con él, y no se limita a aparecer delante, no disponemos de ella, sino que la somos.
Un saludo.

Inmaculada Alonso del Real dijo...

En este capítulo se analiza desde un sentido subjetivo-biográfico la estrecha relación que puede caber entre la persona y la muerte, la condición innata de la muerte, y su verdadero significado.
Desde el momento en que el hombre nace, viene condicionado en todo momento por la muerte. De algún modo, se podría decir incluso que la forma de vivir de muchas personas, se ve condicionada por la misma muerte.
La muerte es algo congénito al ser humano, por eso el hombre, no puede adoptar una actitud frente a ella, ya que su libertad poco tiene que ver, poco va a poder hacer con respecto a la muerte. La muerte no esta en poder de nadie, de ahí que la muerte no se trate de un acto ético.
De tal forma que se podía llegar a decir que la muerte es un factor enigmático para la libertad, nadie es real mente dueño de la muerte, de su muerte.
Una de las características básicas de la persona en su mortalidad, por lo que no es posible tratar de retrasar la muerte.
Ahora cabe analizar la relación cuerpo y alma. Si el hombre es mortal por naturaleza y el alma inmortal, y si el alma transita y al hacerlo, el cuerpo queda atrás, es preciso buscar una explicación. Pues bien, la clave radica en la unión del alma con el cuerpo que no es suficientemente estrecha o fuerte, es débil, ya que si no lo fuera, no acontecería la misma muerte. Es precisamente esa debilidad la culpable de que se llegue a suceder la separación alma-cuerpo, y por lo tanto de que se llegue a suceder la muerte.
El alma separada del cuerpo es humana y el cuerpo separado del alma, no será más que un cadáver, es decir, pura carne. De tal forma que la única característica que esa alma le da al cuerpo, es un potencial. Desde el mismo momento en que ese cuerpo contiene un alma humana, ese cuerpo obtiene dicha caracterización.
Ahora bien, que quiere decirse cuando un cuerpo, el cual está formado por carne y huesos, es inmortal; pues bien ello expresamente sería posible siempre y cuando el cuerpo estuviera más unido al alma. Con ello podríamos llegar a describir lo que podría llegar a denominarse como “cuerpo resucitado”, un alma que no se despegara del cuerpo. En definitiva, un cuerpo inmortal.
Como bien ya sabemos, la libertad comporta lo más alto del ser humano y el mismo acto del ser humano, comporta la libertad. Pero el ser humano no siempre puede decidir, no siempre tiene la libertad para elegir lo que a su parecer es mejor para él. Un claro ejemplo es para con la muerte, ya que el ser humano no es libre ante la muerte. Pero una cosa es ser libre ante ella y otra cosa muy distinta es ser libre con respecto a ella, ya que si bien cabe ser libre respecto a la muerte, siempre y cuando acabemos aceptando la muerte como tal.

Sonsoles Sanchis Garcia dijo...

En este capitulo se analiza la relación entre la persona y la muerte...Polo plantea al principio del capitulo una serie de preguntas sobre la muerte como ¿que es para mi la muerte? ¿que significa que yo muera? Ante esta serie de preguntas encontramos varias posturas: la de Heidegger que dice que el hombre debe resolverse a morir y ejercer ante la muerte un acto libre y la de Sastre que dice que la muerte es como un cañonazo de una vida constituida por proyectos. Tambien entra en este "debate" Eupiricu que ve la muerte como un acto totalmente aislado de la vida.
Ante estas tres opciones nos muestra la definición de libertad nativa:nadie elige nacer, igual que nadie elige morir.
Por tanto se puede decir que la muerte es algo congenito al ser humano, el hombre no puede adoptar una actitud frente a ellos. La muerte no esta en manos de nadie.Nadie es dueño de su muerte.
Entramos ahora en el apartado Dios y la libertad. Como bien dice este apartado la libertad es lo más alto del ser humano.La cuestión que se nos plantea es : ¿hasta que punto somos libres?La libertad esta en el origen de nuestro inteligir. Preguntar esto es preguntar hasta que punto somos. Si la libertad es radicalmente inseparable del ser humano, el alcance de la libertad es el alcance de nuestra propia realidad.
Se puede decir tambien que la conciencia es testimonio de nuestra libertad. Sastre dice que ser libertad para ser realidad no es libertad. Polo nos dice que si el hombre es radicalmente libre,Dios tiene que existir, que es una prueba de existencia pero tambien de la personalidad. Si no existe Dios, la libertad radical tampoco existe.