Creo que estamos ante uno de los capítulos más bonitos: como siempre la descripción de "lo mejor" en el hombre nos resulta atractivo.
Este texto incluye dos partes relativamente diferenciadas: en la primera de ellas se realiza una introducción progresiva de virtudes (os resultará especialmente conocida la piedad), mientras en la segunda parte se abordan las relaciones sociales "consistentes" desde la teoría de juegos. Como en otras ocasiones Polo explicita sus argumentos acudiendo a ejemplos que a algunos, pueden resultar interesantes.
Como siempre, os aconsejo centrar vuestro comentario en alguno o algunos de las tesis que se proponen, intentando explicitar los argumentos que las sustentan.
Un cordial saludo
¿Es crear producir algo de la nada
Hace 8 horas


33 comentarios:
Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía
Capítulo VII. Las virtudes sociales. 1º Parte.
Según el autor, el cristianismo no aplasta la naturaleza humana, sino que la perfecciona. En una sociedad como la actual en la que en algunos ambientes no se valora la excelencia, el hombre es un ser que busca la perfección, que pretende el honor; el hombre es un ser que aspira a ser mejor y a ser considerado como tal. Esta reflexión es muy animante…, hay que tener esperanza, podemos llegar de algún modo a la aristocracia de los griegos, “el gobierno de los mejores”.
Esta afirmación no tiene nada que ver con la actual política de imagen: poner todos los medios para parecer el mejor, pero sin serlo. Además del engaño que supone, es una imperfección del hombre, cuya tendencia es auténtica.
Otra idea que me gustaría comentar es el concepto de líder: el que realmente merece consideración como mejor merece dirigir. El líder no es el que mejor imagen presenta, el que tiene fama a costa de ejercitarse en la mentira o maldad; el líder es alguien que tiene una misión clara en su vida y lucha por llevarla a la práctica, con una actitud de servicio y el ejercicio de esa misión provoca cambios en las conductas. Quizá facilitaría que algunos que hoy se denominan líderes, o los denominamos nosotros, reflexionaran un poco en estas ideas.
Lidia Chamero Palancar. 1º Psicopedagogía
Capítulo VII. Las virtudes sociales. 2º Parte
Aspirar al honor es la clave del sistema, pero un honor real basado en el ejercicio de la libertad; buscando ser mejor, sin retroceder ante el sacrificio como dice Polo, sin escatimar energías, con espíritu de servicio, buscando la mejora personal y de toda la sociedad. Esta virtud en sentido cristiano es la gloria. Es una tendencia humana irrenunciable. El honor ha tenido muchos significados, según en la época que nos encontremos.
Polo nos habla de la piedad, como contrapunto al honor. Es la veneración al propio origen. Es una tendencia que está muy debilitada actualmente. Aquí me planteo algunas cuestiones importantes. Si el arraigo, el conocer el origen, es fundamental, ¿por qué ese empeño en potenciar las técnicas de reproducción artificial, “fabricar niños” que no conocerán a su padre real, por qué ese empeño en destruir la familia, con leyes que atacan el matrimonio –institución natural que facilita el desarrollo humano- como veíamos en el capítulo III?.
Para finalizar, el autor señala que la tendencia al honor no puede ser virtuosa si la separamos de la piedad. Una se refiere al fin y otra a los orígenes. Las dos tienen que ver con el fundamento del hombre.
Me han gustado también las reflexiones que hace el autor sobre la fraternidad, la amistad, la venganza como virtud…, pero el tiempo apremia y dejaré el comentario de estos puntos, junto con la teoría de los juegos, para otra ocasión.
En definitiva, es un capítulo precioso que da respuesta a muchas cuestiones muy “deterioradas” en la sociedad actual.
Hola buenas tardes soy Marta Prats de 1º de Psicopedagogía y voy a exponer de la mejor manera posible las ideas más importantes del capítulo VIII, “Las virtudes sociales”.
Polo habla de múltiples virtudes y su carácter sistémico. Somos tendenciales, podemos mejorar, vamos “a más”, queremos crecer. La ética es el modo de reforzar las tendencias, las hace más intensas.
Como hombres pretendemos ser conocidos, estimados, que nos valoren. La tendencia a la valoración es una virtud y es totalmente natural. Tendemos a ser útiles, necesitamos servir para algo.
Nos reconforta aspirar al honor verdadero, siempre sin utilizar a lo demás para llegar a él, sino seríamos soberbios. También dice Polo, “la envidia destruye la aspiración al honor”, no hay que envidiar a los otros.
Polo nos deja claro que el honor culmina en el último fin, tiende al fin último, sin el cual no sería virtuoso y, propiamente hablando, no existiría.
Esta tendencia es virtuosa si es libre, no es realmente pura si no es libre.
Sino tendemos a la gloria estamos perdidos, esta tendencia es inevitable; sino aspiramos a ella defraudamos. Si no poseyésemos esta tendencia la sociedad perdería el tiempo y no tendríamos arreglo.
Es imposible no confiar en nadie, la fe es sinónimo de crecer.
La piedad elimina la confusión del honor con la soberbia, teniendo en cuenta que la tendencia al honor no es una virtud si no está junto a la piedad.
Esta tendencia es necesaria en el hombre (el piadoso nunca es egoísta, si carecemos de esta virtud, nuestros hijos no la tendrán), y se la debemos a Dios, a los padres y a la patria. La piedad tiene que ver con lo que existe más allá. Es necesaria para el funcionamiento de la sociedad.
Polo cita en este punto otra tendencia que me parece también crucial en el hombre; la tendencia a tener amigos. La amistad me parece una virtud esencial ya que sin ella no seríamos plenamente felices. La enemistad deteriora el honor y la piedad.
Tendemos a ser agradecidos, debemos acordarnos de los favores que hemos recibidos de los demás y ayudarles siempre que se pueda.
Polo continúa hablando sobre la venganza. La tendencia a vengarse existe, no hay que negarla. La gratitud y la venganza son correlativas.
Bajo mi punto de vista sí que el hombre tiende a perdonar, hay mucha gente que perdona pero no olvida o que simplemente le supone un esfuerzo abismal el perdonar al otro, eso sí, “si Dios no perdona no se corrige a fondo”.
También habla del odio que surge de la desviación de la venganza. El que odia no se está vengando ya que sólo presta atención al mal que le han hecho. Tanto el odio como la indiferencia dice Polo son “profundamente viciosos”. Cuando existe indiferencia estamos amputando a priori el amor. Una ventaja del juego es que elimina la indiferencia.
El hombre está en la sociedad para cooperar aunque Polo expone que hay lagunas. No hay que echarle fuera del juego. El jugar beneficia a todos.
“Si la dinámica social va en contra del ser humano, estalla un absurdo tan monstruoso como el trilema hiatrogénico”. No se sabe como “curar” a la sociedad; se disgrega y no sabemos cómo mantenerla unida. Por un lado totalitarismo (Estado, no cooperación) y por otro Liberalismo (Ley del más fuerte, deprime la piedad y la gratitud).
Todo es falso, nada de esto mantiene unida a la sociedad. Solo fruto de la ética. La consistencia social depende de que la gente sea justa más que las leyes, porque no se cumplen nunca.
Bien común = consitencia, sino de deteriora.
Un saludo!
Agustín de Thomas, Psicopedagía titulados.
Vanidad de vanidades, honor antes que deshonor, honra antes que deshonra. Frases como estas se oían muy a menudo en el pasado, incluso se mataba en duelo si alguien se le ocurria poner en duda la honorabilidad del prójimo. Ahora parece que todo en referencia a lo auténtico de la persona no tiene importancia. Así nos va. De hecho ha ido paralelo a la pérdida de piedad de la gente, como decía Chesterton: la gente que no tiene creencias termina creyendo en cualquier cosa. Es cierto, la negación de la espiritualidad en el mundo contemporáneo nos ha dejado un amargor difícil de solventar. Por eso la falta de una consistencia religiosa y de respeto conduce a la sociedad a un camino sin retorno.
Es de bien nacidos ser agradecidos. Es otra parte del capítulo de Polo que me ha llamado la atención. Dar la gracias ante los favores, por pequeños e insignificantes que sean, que otros nos dan, es un síntoma de buena armonía entre iguales, es más, un signo de buena educación. Entre amigos no debería faltar la palabra "gracias" en su vocabulario, la amistad se fundamenta en una relación recíproca de mutua interacción, que menos ser agradecidos.
Por último quiero comentar como el hombre es un ser social. Vivimos en un mundo dispuesto a avanzar a pasos agigantados. Cada vez tenemos menos tiempo y la sociedad acelerada no permite establecer unos vínculos fuertes entre las personas. La cooperación que menciona Polo, subordina los intereses del hombre a la ayuda mutua (por el interés te quiero Andrés). Quizás por no percibir el sentido de nuestros actos o no ver más allá de nuestras narices, como Esaú que vendió su primogenitura por un plato de lentejas.
Gracias y buenas tardes
Buenas tardes,
Este capítulo recoge la interesante tesis de que “la consistencia social es un tema antropológico de primer orden.”
Para ello, hace un recorrido por una serie de virtudes que son necesarias para que haya una consistencia social, porque dado que “el hombre es un ser perfectible y por tanto la sociedad también.”
Está claro que para lograr la consistencia social, no vale con ciertas estrategias grupales. Sino dado que la sociedad está formada por personas, cada una de ellas debe ir adquiriendo una serie de virtudes, con el fin de mejorar una “ partecica” de la sociedad.
Con esto, “no podemos echar balones fuera”, ya que todos tenemos las mismas tendencias…
Todas las personas tienen la tendencia a la valoración, “pretenden el honor, la fama, el ser conocidas y estimadas”; el reconocer el origen (piedad)…
Pero llegamos al punto de importante de todas las teorías… “la virtud no asegura el éxito”, porque SOMOS LIBRES.
Y por ello, en cada una de las virtudes hay un contrapunto, una alternativa negativa…
En el ejercicio de la libertad siempre estamos escogiendo entre alternativas… De esas alternativas, unas hacen que coopereremos con la sociedad y otra no.
Desde mi punto de vista, tenemos que convencernos que cooperar es sumar y que ganas siempre. Esto es lo que se intenta explicar con el concepto de la sociedad como juego de suma positiva.
Creo que nos encontramos en una sociedad en la que abunda “la indiferencia” por el desengaño, por la ley del más fuerte, por el egoísmo.
En la medida en que cada uno luche por vivir lo mejor posible estas virtudes, conseguiremos la consistencia social.
PAZ LAVILLA
TITULADA
Elena Revuelto. 1º Psicopedagogía. Titulados.
Cap.VII
El hombre siempre aspira a ser mejor cada día y por ende a tener reconocimiento social. Esta tendencia a ser mejor es natural, debe crecer y llegar a ser una virtud. Pero para llegar a tener esa virtud no debe tener fin y no realizarse a costa de los demás, porque si no se convertiría en hipocresía, envidia, soberbia.
Este conjunto de virtudes puede dar lugar al liderazgo, siendo un sistema abierto hacia donde todas las organizaciones deben tender. Hoy en día se confunde liderazgo con imagen, el adorno; pero la sociedad está cansada de héroes. Para llegar a ser mejores es necesaria la libertad para poder optar a este objetivo; y el honor,( sin caer en falsedad de honor, es decir, tener honor en todos los aspectos de la vida sin subordinar unos a otros, y se convierte en virtud ya que no puede desligarse de uno mismo) es fundamental para realizarlo de forma correcta. Es la clave del sistema.
Tiene que ser una tendencia en la vida humana y acompañada de la gloria, si no aspira a ella defrauda, en definitiva la tendencia al honor es la tendencia al fin último, pero evitando caer en el enviciamiento ya que entonces la sociedad no funcionaría.
La tendencia al honor va unida a la piedad, estando hoy en día en crisis, estas dos tendencias son dos caras de la misma moneda, hay que considerarlas conjuntamente, en caso contrario se envician. Cuando tanto el honor y la piedad se debilitan la sociedad funciona mal.
Ambas tendencias tienen carácter sistémico una se refiere al último fin y la otra a los orígenes, son fundamentales para el crecimiento humano.
Está claro que estas tendencias dan lugar a otras virtudes que hacen que no nos quedemos en un único fin sino que sigamos teniendo objetivos en la vida y de ellos se puede derivar la fraternidad. Para entenderla es necesario el carácter sistémico del hombre así como de la sociedad. La fraternidad como tendencia desemboca en la amistad. Ésta es una virtud central del hombre que debe ser compatible con mandar y obedecer, pero la amistad hay que saber entenderla como favor y agradecerla.
Pasamos a considerar la gratitud y la venganza como correlativos, sin ofensa no hay venganza. No es bueno responder la ofensa con la ofensa, el perdón es muy importante, otra virtud por la cual no caemos en el vicio de la venganza. Es un correctivo del ofensor. Debemos tener en cuenta que el perdón no implica dejar sin castigo al ofensor porque sería irreal pero no hay que caer en el vicio de la venganza a cualquier precio que desencadena en el odio, que es la derivación de la venganza.
La venganza viciosa perpetúa el desorden, pero tan malo como el odio es la indiferencia. La indiferencia por los demás que nos rodea es la destrucción de la sociedad, la negación del hombre.
No se debe ser indiferente hacia el prójimo hay que romper ese círculo vicioso, la sociedad se sustenta gracias al sistema abierto en donde todos son necesarios y simbióticos.
Pasando a otro punto la sociedad se puede entender como un juego de suma cero, unos ganan y otros pierden o de suma positiva, en donde todos juegan y todos ganan, si no fuera así no cabría ser hombre y ser social. La sociedad es de suma positiva ya que se basa en la cooperación, todos valemos para algo. La cooperación es inagotable no tiene fin, debemos confiar en el ser humano para seguir teniendo consistencia civil a través de la ética ya que mira a la vida entera del hombre y no sólo a una parte de ello, y además entenderla como un juego de suma positiva.
El que apuesta todo al goce actual no coopera, la tendencia a la cooperación se centra en la esperanza futura.
En definitiva la teoría de los prisioneros nos dice que todos ganan si cooperan que es el futuro de la sociedad civil.
Un saludo.
Hola bueno días soy Almudena Cires, alumna de 1º de psicopedagogía y voy a hablar sobre el capitulo VIII:
El hombre por naturaleza, siempre va a aspirar a ser mejor y a tener un reconocimiento social.
La tendencia a ser mejor es bueno, natural y ademas debe de crecer y llegar a ser una virtud.
Pero para coseguir esa virtud, no debe de ser conseguida a costa de los demas, ya que eso pasaría a ser envidia a a algo que no nos conlleva a actuar de forma positiva.
Todas estas virtudes pueden dar lugar a liderazgo, que es a donde todas las organizaciones deben tender.
El concepto de lider: el que realmente merece consideración, como mejor merece dirigir. El lider no es el que mejor imagen presenta, el que tiene fama a costa de ejercitarse en la mentira o maldad, el lider es alguien que tien una mision clara en su vida y lucha por llevarla a la practica con una actitud de servicio, ayuda y del ejercicio de esa misión, provoca cambios en las conductas.
Otra de las cuestiones que tiene gran importancia, es que para llegar a ser mejores es necesaria la libertad, ya que es la clave del sistema.
La tendencia al honor va unida a la piedad, estando hoy en dia en crisis, cuando el honor y la piedad se debilitan la sociedad funciona mal.
Ambas tendencias tienen caracter sistematico.
Es evidente que estas tendencias dan lugar a otras virtudes que hacen que no nos quedemos en un unico fin, sino que sigamos teniendo objetivos en la vida.
Un saludo.
Lo ético en la sociedad aparece, por lo pronto, en la tendencia a la valoración. El hombre pretende el honor, la fama, ser conocido y estimado.
Aspirar no sólo a ser mejor, sino a ser considerado como tal, o como formando parte de los mejores, es una tendencia humana muy neta que se observa en todas las sociedades, hasta el punto de que se institucionaliza el conceder o reconocer la excelencia.
El liderazgo, en cambio, es un sistema abierto: aquella organización en que sus miembros actúan mejor que en cualquier otra, todas las organizaciones deben tender al liderazgo.
Aspirar al honor es la clave del sistema. Como toda tendencia, no se puede maximalizar sin virtud: pero también como virtud sin libertad se falsifica (deja de existir). El que tiende al honor para obtener de él ventajas suele recurrir a procedimientos de mala calidad.
La piedad es el contrapunto del honor. Es la veneración al propio origen, al autor de uno mismo; este contrapunto elimina la confusión del honor con la soberbia, El debilitamiento de la piedad es sugerido con el término desculturalización. Cuando la piedad se debilita, o se envicia, la sociedad funciona mal. La falta de arraigo produce malos agentes sociales. La consistencia sistémica de la sociedad se describe a través de una exégesis de la relación entre mando y obediencia.
También es cierto que la tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad. El carácter sistemático de estas dos tendencias es claro: una se refiere al último fin y la otra a los orígenes.
La enemistad es un vicio que estropea el honor y la piedad.
La amistad ha de ser compatible con la tendencia a obedecer y a mandar, que son correlativas. La venganza sea una tendencia natural o susceptible de virtud, Pero como el hombre es un sistema abierto, no puede ser virtuoso vivir la venganza de modo homeostático, es decir, responder a la ofensa con la ofensa.
Es propio de la libertad resistir a la ofensa y reclamar justicia. El sentido libre del castigar la ofensa mira a la corrección y a la defensa del orden.
La venganza viciosa perpetúa el desorden, desencadena la espiral de la violencia, como a veces se dice. Pero tan mala como el odio es la indiferencia:
El ideal de la cooperación es irrestricto. Nunca acabamos de cooperar bien, y nuestra capacidad de cooperación es inagotable; aceptamos con demasiada facilidad la inercia de los demás.
Hola, soy María Dáneo, alumna titulada.
De este capítulo lo que más me ha llamado la atención es la relación existente entre el valor y el honor con la tendencia al fin último, por esto voy a intentar resumir esta relación de la mejor manera posible.
Todo hombre pretende conseguir a lo largo de su vida, o al menos en un momento determinado el honor, la fama, el ser alguien conocido y estimado o respetado. Este aspirar a ser alguien mejor en la vida es algo que pertenece al hombre, es algo intrínseco de la naturaleza humana.
Podemos confundir muy fácilmente esta tendencia (a ser mejor) con la soberbia, pero para nada es así. La tendencia de ser mejores virtuosa siempre y cuando sea “irrestricta”, esto significa, que el hombre no se conforma con los honores o virtudes conseguidos sino que además quiere más, no por otro motivo que por el de ser mejor y mejor cada día. Cuando al contrario la tendencia no es irrestricta, puede llegar a convertirse en un vicio. No se puede pretender el honor cuando se atenta contra el honor de otros, también podemos decir que “las virtudes no se edifican a costa de los vicios ajenos”.
El hombre como ya he dicho también aspira a la fama, esta tendencia no es pura sino es libre, la fama nunca puede sobreponerse a ningún objetivo, como por ejemplo tú no puedes usar la fama para ganar más dinero o para conseguir un puesto de trabajo determinado. Por lo que una tendencia subordinada a otra no surge de la libertad personal.
La virtud del honor se falsifica y por lo tanto deja de existir como tal cuando se tiende a ella sin libertad, ya que la persona que pretende obtener otro tipo de beneficios o ventajas suele utilizar procedimientos de mala calidad.
Cuando la tendencia es pura y verdadera no retrocede a ningún sacrificio, el honor no es algo cómodo o confortable sino que hay que jugárselo todo y luchar por él. Esta virtud, es llamada también gloria, porque la verdadera fama es en realidad la que está juzgada o otorgada por Dios, el único ser que aprecia absolutamente el valor humano. Por esto se puede decir que esta es la más fuerte tendencia humana ya que la tendencia al honor es la tendencia al ser último.
Todo el mundo tiene esa tendencia, ya que es algo intrínseco en el hombre pero es importantísimo creer en ese ser último que te va a juzgar y valorar porque si no al no saber a qué atenerte estarás cayendo en el vicio y no en la virtud.
CAPÍTULO VII - LAS VIRTUDES SOCIALES
CARMEN GARRALÓN BLAS - 1º PSICOPEDAGOGÍA DE TITULADOS
Yo voy a hacer referencia al primer y segundo punto del tema.
El cristianismo perfecciona a la naturaleza humana, de tal modo que tender a ser mejor persona, forma parte de todas las sociedades. Como es una tendencia natural, debe crecer y ser una virtud. El honor, nos lleva a ser mejores de verdad y no en apariencia, pero hay pecados como la soberbia, la vanidad que por querer aparentar lo que no se es, o querer machacar al otro, lo que hacen es truncar el honor.
La tendencia al liderazgo, pone de relieve la dimensión social de las personas. El líder es una persona que arrastra a sus miembros a actuar mejor dentro de una organización. En cambio el director es un personaje, ya que desempeña un papel muy concreto que es el de dirigir a un determinado grupo, pero no tiene porqué arrastrar al bien, a mejorar. Hay casos en los que evidentemente -y me parecería lo correcto-, se den las dos cosas a la vez, que sea líder y director.
El honor se encuentra en el desempeño recto de cualquier tarea. La buena forma otorgada por Aquel que aprecia el valor humano, este sentido Cristiano es Dios, que es el que nos ha creado y nos quiere.
La tendencia al honor en el hombre, el el fin último. Si el hombre no actúa conforme al bien y se desarrolla como persona, a través del ejercicio de las virtudes, en vez de crecer, se empequeñecerá y como dice Polo "vendrá la muerte y ¿qué quedará? Un monumento.
La tendencia al honor va de la mano de la virtud de la piedad, que es el contrapunto del honor, ¿porqué? porque se venera el propio origen, a quién nos ha creado y dado la vida, el don más grande que hemos recibido. Cuando se debilita la piedad, se debilitan nuestras raíces, nuestra cultura. Es cierto, que esta virtud está enfocada a lo que existe más allá. Y en esta sociedad tan individualista a veces no vemos el más allá, porque estamos centrados en nosotros mismos y la piedad lo que hace es reconocer que lo que tengo me viene dado, no es mío. Eso es fruto de la soberbia.
CAPÍTULO VII - LAS VIRTUDES SOCIALES
CARMEN GARRALÓN BLAS - 1º PSICOPEDAGOGÍA DE TITULADOS
Yo voy a hacer referencia al primer y segundo punto del tema.
El cristianismo perfecciona a la naturaleza humana, de tal modo que tender a ser mejor persona, forma parte de todas las sociedades. Como es una tendencia natural, debe crecer y ser una virtud. El honor, nos lleva a ser mejores de verdad y no en apariencia, pero hay pecados como la soberbia, la vanidad que por querer aparentar lo que no se es, o querer machacar al otro, lo que hacen es truncar el honor.
La tendencia al liderazgo, pone de relieve la dimensión social de las personas. El líder es una persona que arrastra a sus miembros a actuar mejor dentro de una organización. En cambio el director es un personaje, ya que desempeña un papel muy concreto que es el de dirigir a un determinado grupo, pero no tiene porqué arrastrar al bien, a mejorar. Hay casos en los que evidentemente -y me parecería lo correcto-, se den las dos cosas a la vez, que sea líder y director.
El honor se encuentra en el desempeño recto de cualquier tarea. La buena forma otorgada por Aquel que aprecia el valor humano, este sentido Cristiano es Dios, que es el que nos ha creado y nos quiere.
La tendencia al honor en el hombre, el el fin último. Si el hombre no actúa conforme al bien y se desarrolla como persona, a través del ejercicio de las virtudes, en vez de crecer, se empequeñecerá y como dice Polo "vendrá la muerte y ¿qué quedará? Un monumento.
La tendencia al honor va de la mano de la virtud de la piedad, que es el contrapunto del honor, ¿porqué? porque se venera el propio origen, a quién nos ha creado y dado la vida, el don más grande que hemos recibido. Cuando se debilita la piedad, se debilitan nuestras raíces, nuestra cultura. Es cierto, que esta virtud está enfocada a lo que existe más allá. Y en esta sociedad tan individualista a veces no vemos el más allá, porque estamos centrados en nosotros mismos y la piedad lo que hace es reconocer que lo que tengo me viene dado, no es mío. Eso es fruto de la soberbia.
Está claro que todo el mundo aspira a ser mejor, ya sea por motivación intrínseca o por motivaciones ajenas a uno mismo: que me vean (motivo muy bajo, por cierto), que se sientan orgullosos de mi…; pero en esta aspiración no hay que tener en cuenta sólo los propios intereses, gustos, preferencias… sino que también hay que tener en cuenta a los demás: no podemos ser mejores a base de perjudicar a otros.
Como ya se vio en capítulos anteriores, el que la sociedad progrese depende de todos y cada uno de los miembros de esa sociedad, y por tanto es necesario que todos colaboremos, entre nosotros y para con la sociedad en general; de este modo se puede entender lo que ha dicho Paz en su comentario: “para lograr la consistencia social, no vale con ciertas estrategias grupales. Sino dado que la sociedad está formada por personas, cada una de ellas debe ir adquiriendo una serie de virtudes, con el fin de mejorar una “partecica” de la sociedad”.
Para mejorar la sociedad a nivel personal, son fundamentales las virtudes, y en este capítulo en concreto se tratan varias muy interesantes, pero me voy a centrar sólo en el honor y la piedad.
En primer lugar, el honor, que todo hombre busca, aunque sólo sea como medio de reconocimiento social. El honor siempre puede ser virtuoso, siempre y cuando no haya por medio envidia ni soberbia. Por medio del honor podemos llegar a ser líderes, pero en este puesto es imprescindible que uno no se olvide su dimensión social: es líder de personas y lo que tiene que buscar es conseguir el bien de esas personas.
En segundo lugar, la piedad, que está estrechamente unida al honor, pues mientras que el honor hace referencia al fin que se busca, la piedad hace referencia al origen; de este modo se puede ver que el hombre es un ser con principio y fin, (aunque muchos consideremos que es el mismo).
Piedad significa “veneración al propio origen, al autor de uno mismo”, es decir mostrar agradecimiento y respeto hacia Dios, nuestros padres, y como dice Polo, también hacia la propia patria.
En el día a día, la piedad se puede ver sobre todo para con los padres, y llegados a este punto me parece conveniente advertir que una de las causas de los problemas sociales actuales, es la falta de piedad para con ellos. Normalmente estamos cansados de ver cómo los hijos son el centro único de la familia, cómo manipulan a sus padres, les maltratan, no les tienen en cuenta…, y si empiezan así dentro de casa, ¿cómo se portarán con el resto de las personas de la sociedad?
Para concluir, me gustaría recordar la importancia de los profesores para recordar la existencia y necesidad de estas virtudes básicas y elementales para el progreso de la sociedad.
Laura Piñonosa 1º psicopedagogía
Aspirar no sólo a ser mejor, sino a ser considerado como tal, o como formando parte de los mejores, es una tendencia humana muy neta que se observa en todas las sociedades, hasta el punto de que se institucionaliza el conceder o reconocer la excelencia. Esta tendencia es natural, debe crecer y ser una virtud.
El que quiere el honor para mandar, y nada más, suele fallar, porque se eleva sobre los otros deprimiéndolos. Sobresalir sobre esclavos o sobre quienes renuncian a ser mejores no es honorable. El que tiende al honor para obtener de él ventajas suele recurrir a procedimientos de mala calidad. Esta tendencia, si es pura, no retrocede ante el sacrificio, ni escatima energía humana.
La piedad es el contrapunto del honor. Es la veneración al propio origen, al autor de uno mismo; este contrapunto elimina la confusión del honor con la soberbia. El debilitamiento de la piedad es sugerido con el término de Esculturalización. La piedad tiene que ver con lo sacro, es decir, con lo que existe más allá o no está inmediatamente dado.
Sin tendencia al honor, la piedad es rutinaria o pasiva y esteriliza la generosidad del acreedor. Cuando la piedad se debilita, o se envicia, la sociedad funciona mal. La falta de arraigo produce malos agentes sociales. El piadoso no es egoísta.
La tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad. El carácter sistemático de estas dos tendencias es claro: una se refiere al último fin y la otra a los orígenes. Por tanto, si no existieran estas dos tendencias, el crecimiento humano no sería irrestricto. El planteamiento mecanicista admite tan sólo condiciones iniciales, pero pierde el fin, puesto que en los procesos inerciales el télos desaparece.
El carácter de hijo alude directamente al origen, y el de padre al futuro. Por eso es lógico que el honor del padre se continúe en el hijo y que el hijo venere a su padre.
La amistad ha de ser compatible con la tendencia a obedecer y a mandar, que son correlativas. Como dice Aristóteles, no es bueno que unos siempre manden y otros se limiten a obedecer. Los atentados contra la amistad y la gratitud ponen a la vista la tendencia llamada vindicatio . No es fácil entender que la venganza sea una tendencia natural o susceptible de virtud.
La gratitud y la venganza son correlativas. Sin ofensa no hay venganza. La vindicta tiene que ver con la ira. El hombre se aíra.
Existe la tendencia a vengarse. Negarlo sería una tontería. No se trata de responder al mal con mal, porque esto no es una corrección, sino un contagio. Pero tampoco se trata de taparse los ojos sosteniendo que aquí no pasa nada cuando ha pasado. La venganza es, en definitiva, una tendencia humana.
El vicio en que se puede caer es el quedar fijado en el puro castigo, mirando a la persona para ensañarse en ella; el que odia confunde la ofensa con el ofensor. El odio es el sentimiento que surge de la desviación de la venganza.
Tan mala como el odio es la indiferencia: que nuestros semejantes nos tengan sin cuidado, que no nos importe que actúen de un modo u otro. ”. Una persona con la que nadie contara, incomunicada, sería profundamente desgraciada. persona tiende a que cuenten con ella, a ser útil, a servir para algo.
Hay dos formas de entender la sociedad: como un juego de suma cero o como un juego de suma positiva. la sociedad es un sistema de cooperación; por tanto, la indiferencia, el prescindir de alguien absolutamente, equivale a echarle fuera del juego, y es un vicio.
Nunca acabamos de cooperar bien, y nuestra capacidad de cooperación es inagotable. Cuando nadie se fía de nadie, pierden todos.
La consideración de la vindicatio pone a la vista aspectos oscuros del ser humano. Hay situaciones sociales que desdicen la dignidad humana.
Sabemos que la cooperación existe y que nuestra civilización no sería posible sin ella. Hobbes dice que “no hay tendencia a cooperar, eso debe ser impuesto”
Buenas tardes, soy María Durán Faustmann.
Lo ético en la sociedad aparece en la tendencia a la valoración. El hombre pretende el honor., la fama, ser conocido... esta aspiración a ser mejor, a que te consideren como ta, es una tendencia humana muy neta que se observa en todas las sociedades, como esta tendencia es natural, debe crecer y ser una virtud. Así acrisolada la tendencia, se aspira al honor verdadero, es decir, a ser mejor de verdad y no en apariencia (no política de imagen).
La tendencia del honor es virtuosa si el hombre no se conforma con ningún honor conseguido, si es ilimitada ya que si no lo fuera sería un vicio y este vicio conecta con otros (soberbia, envidia, avaricia...)
el honor, la fama se puede formular con palabras menos clásicas: por ejemplo lider, que debe entenderse en sentido institucional para no perder pleno su significado luego, es preferible hablar de liderazgo: así pone de relieve la dimensión social de esta tendencia. Es un sistema abierto.
La tendencia a la fama no es pura si no es libre y solo libremente es es virtuosa, porque aspirar a ser mejor para lograr resultados en otro orden de cosas es una falsificación y ya que cualquier orden de cosas es inferior al honor. El honor no se puede aislar, sino que se encuentra en el desempeño recto de cualquier tarea, los cuales se subordinan a él. Aspirar al honor es la clave del sistema.
Si está tendencia es pura no retrocede ante el sacrificio, ya que pensar que el honor es confortable, es destructivo.
La buena fama que importa es otorgada por Aquel que aprecia absolutamente el valor humano, por tanto esta virtud es sentido cristiano se llama gloria.
La tendencia al honor es la tendencia al fin último: está es la más fuerte tendencia humana y aquella cuyo enviciamiento o debilitamiento es más grave.
La tendencia a l honor va junto a otra que se refiere a lo mismo, aunque desde otro punto de vista es lo que los clásicos llaman piedad.
La piedad es el contrapunto del honor, es la veneración al propio origen, al Autor mismo. En especial se debe piedad a Dios, a los padres y a la patria.
Si se pierde esta tendencia, el hombre orbita en torno a sí mismo sin saber quién es y se aturde, el hombre sin raíces no venera, no rinde honor...Heráclito decía: el camino que sube es el camino que baja.
El debilitamiento de la piedad es sugerido con el termino desculturalización. La sociedad funciona mal. La falta de arraigo produce malos agentes sociales. Si no debo nada a nadie, si carezco de origen, me embarco en la existencia como en un tiovivo, luego estas tendencias necesitan virtudes.
Hola soy Elena Chamorro Monte de 1º de Psicopedagogia y boy a hablar del capitulo VII,las virtudes sociales.
En este capitulo Polo comienza hablando de que el hombre pretende el honor, la fama, ser conocido y estimado, pero que estas tendencias deben ser irrestrictas para que no se conviertan en un vicio.
Introduce también él termino de liderazgo, que lo considera un sistema abierto porque los miembros de la sociedad actúan mejor bajo el mandato de un líder. Otras tendencias a las que el hombre aspira son a ser un genio, a ser un héroe (actualmente desvalorizado) y sobre todo a tener honor (el que no tiene gloria esta perdido) que es la tendencia al fin ultimo.
En el siguiente apartado Polo nos habla de la importancia de la tendencia piedad, esta tendencia es una virtud que nos hace ser más, es el contrapunto del honor. La piedad nos enseña nuestros orígenes y quienes somos, desde mi punto de vista si olvidamos nuestros orígenes dejamos de tener piedad y nos volvemos egoístas , llegando incluso a que la sociedad se debilite.
El autor también nos explica como la tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad, porque como anteriormente he dicho es la que nos revela nuestro origen.
Otra tendencia no menos importante es la fraternidad que culmina en una virtud que se llama amistad, lo contrario a la amistad es la enemistad y en el momento que esta aparece se estropea el honor y la piedad. Para entender la amistad tenemos que tener muy presente otras tendencias como son la de agradecer y la venganza, que aunque parezca extraño es una tendencia humana siempre y cuando no se desvíe y condicione la libertad porque aparecerá el odio. Muy unido a la venganza esta la capacidad para perdonar, pero perdonar negando que ha existido ofensa es irreal.
En el siguiente apartado Polo nos explica como la indiferencia es igual de perjudicial que la venganza. Actualmente se confunde tolerancia con indiferencia, pero no es lo mismo tolerar a los demás que directamente nos den igual y no nos importen, dejando de tratarles de forma digna.
En la sociedad como juego de suma positiva, el autor nos explica como los seres humanaos estamos dentro de una red de retroalimentación en la que todos nos beneficiamos de todos y salimos ganando y por eso podemos considerar a la sociedad como un juego de suma positiva.
Para terminar plantea que los seres humanos tenemos una gran capacidad para cooperar y que nunca llegamos a hacerlo bien el todo, los juegos de cooperación social son muy importantes para el desarrollo de la sociedad, pero las personas caemos muchas veces en el error del individualismo, que a priori en ciertas ocasiones es beneficioso, pero a la larga no nos aporta nada para poder desarrollarnos de forma íntegra .Además debemos tener muy presentes las tendencias y virtudes para poder formar una piña con el resto de seres humanos.
Un saludo.
Teresa Liza. 1º Psicopedagogía
El hombre tiene tendencia a ser valorado por los demás, no solo a ser el mejor, sino a que la gente sepa que lo es, y como tendencia natural que es, el hombre debe esperar a ser mejor y no solo aparentarlo. Sin embargo a veces esta tendencia a querer ser los mejores puede convertirse en envidia al observar que otro lo hacer mejor, y esta tendencia en lugar de ser natural y una virtud humana, se convierte en una tendencia que no conduce a nada.
El hombre tiende a ser el mejor para conseguir fama o buenos puestos en la sociedad, pero esta tendencia no puede ser virtud si se utiliza para conseguir ventajas para uno mismo, debe ser realizada libremente y con el único objetivo de llegar a ser mejores sin envidiar a otros, debe ser auténtica.
El honor es a lo que debe aspirar el hombre, y este honor es lo que el cristianismo denomina gloria. Es una virtud natural del hombre e imprescindible para el desarrollo de la sociedad. En relación con el honor encontramos la piedad, relacionada con el arraigo a nuestros propios orígenes, y que en nuestra sociedad actual se tiene muy poco en cuenta. No podemos separar la tendencia al honor de la tendencia a la piedad, ya que hace referencia al fin y la otra a los orígenes.
También encontramos como virtud del hombre la amistad, un hombre sin amigos es infeliz, el hombre tiende a la necesidad de tener amigos, pero para ello es necesario tener un origen y un honor común entre ellos. El hombre debe ser agradecido con los amigos y no ingrato ya que esto puede atentar contra la amistad. De aquí sacamos, como en toda virtud, que podemos encontrar un vicio y en este caso se trata de la enemistad, provocada en ocasiones por la necesidad de venganza que puede experimentar el hombre cuando han sido ingratos con él.
Por otro lado, la indiferencia, dice Polo, es lo peor que podría sufrir una persona por parte de otros, ya que supone la negación de la persona. Si no le importas a los demás significa que no sirves para nada, y el hombre necesita sentirse útil por naturaleza. Un hombre pertenece a un grupo social en función de lo que puede ofrecerle este grupo y de lo que él mismo puede ofrecer al grupo.
La cooperación necesaria en la sociedad, sin embargo podemos encontrar casos actuales en los que se demuestra que los hombres no cooperan entre ellos tanto como deberían, mientras unos pasan hambre en un sitio otros derrochan el dinero en lujos. Aparece aquí el egoísmo como un vicio del hombre. Del dilema formulado por Axelrod que Polo nombra en este capítulo, se deduce que la no cooperación no lleva al éxito, sino todo lo contrario. Moral y éxito van de la mano, porque buscando el bien común y cooperando para lograrlo es como conseguimos resolver las cosas con éxito.
Buenas tardes, soy Loreto García-Quirós, alumna ordinaria, y voy a centrar más mi comentario al resumen de la segunda parte del capitulo:
Polo nos dice que hay dos formas de entender la sociedad: uno como juego de suma positiva y otro como juego de suma cero.
El juego de suma cero se entiende como aquel tipo de relación humana en la que, para que alguien gane, otro tiene que perder. Es la visión competitiva del juego entre contrarios. Este juego tiene una ventaja a priori que es que elimina la indiferencia, que a continuación hablare de ella, pero el inconveniente que tiene es que solo se gana cuando termina el juego.
La indiferencia es un aniquilar consumado, una amputación a priori al amor, es un estado en el que la persona no siente inclinación ni rechazo hacia sus semejantes. Una persona con la que nadie contara, sería profundamente desgraciada. Elevar la indiferencia a la dimensión social es la destrucción de la sociedad, porque es la negación del hombre. La persona tiende a sentirse útil, a que cuenten con ella. “No hay mejor desprecio que no hacer aprecio”. Eso es la indiferencia.
El hombre es un ser perfectible y gracia a la ética nos damos cuenta que el perfeccionamiento del hombre es irrestricto, nunca deja de crecer, siempre se puede mejorar. El juego social es un juego en el que todos juegan y todos ganan. Esta convicción esta en la raíz de la pertenencia a un grupo social. Un ser humano pertenece a un grupo social si y en tanto que ese grupo se beneficie de el, y al revés.
La otra forma de entender la sociedad es como un juego en suma positiva y ahora vemos porque razón la sociedad es un juego de suma positiva y no un juego de suma cero: la sociedad es un sistema de cooperación; por tanto, la indiferencia, equivale a echarle fuera del juego como hemos dicho antes, y esto se convierte en un vicio. El hombre no entra en sociedad para que no le tengan en cuenta, sino para cooperar.
El ideal de la cooperación es irrestricto, nuestra capacidad de cooperación es inagotable y siempre que haya un déficit de cooperación, hay que protestar y esforzarse por corregirlo. Cuando nadie se fía de nadie, pierden todos; y nos encontramos con un juego de suma negativa, la cosa va a peor y se practica el “sálvese quien pueda”.
Tenemos que tener en cuenta que para conseguir la consistencia social, todos debemos cooperar y no ser indiferentes. O se toma en serio que el hombre es un ser perfectible o hay que admitir que el funcionamiento desvencijado de la sociedad es inevitable.
Muchas gracias, un saludo.
Eva Iglesias Pérez - 1º Psicopedagogía
Polo comienza el capítulo hablando de la tendencia del hombre al honor desde una perspectiva irrestricta, es decir, el honor entendido como una virtud gratuita, orientada a la mejora, sin pasar por encima de nadie ni obtenerlo a costa de otros, dado que si así fuera se convertiría en un vicio, muy vinculado a la soberbia. Esta tendencia, ha de ser pura, basada en ese deseo de mejorar, de crecer como persona y desarrollarse moralmente, pues precisamente, la moral significa desarrollo.
Cuando una persona crece, es felicitada por su autor. Quien ha sido el autor de su vida, puede ver a esa persona avanzar, y esa persona avanzará si aspira a la gloria, puesto que será valorada y no decepcionará, por lo tanto, afirma Polo, la tendencia al honor, es la tendencia al fin último, porque si no se mejora, aparece la muerte, y sin honor, una sociedad basada en el vicio, da paso a una desconfianza generalizada que fomenta su autodestrucción.
Junto al honor, como virtud fundamental, va la piedad, pero no entendida como misericordia o compasión, sino como valoración al origen que se debe de modo principal a Dios, a la familia y a la patria. Es necesario para que el hombre sepa quién es, de dónde es, y por qué es. Esto le proporcionará un sentido a su vida, un camino marcado y un estilo de vivir, y sin ello, el hombre estaría perdido, sin rumbo, sin raíz, sin origen, sin un arraigo y sin objetivos ni metas que alcanzar.
Para evitar caer en la soberbia es necesario comprender que cada ser humano debe una deuda impagable por el hecho de haber recibido la vida, la familia y la cultura, sin caer en los radicalismos como el racismo o nacionalismo, (si todo lo debo a mi patria, mi patria es mejor, por lo tanto mi raza es mejor que otra), dado que una piedad enviciada daría lugar a una sociedad desestructurada y empujada al fracaso, porque si una sociedad no tiene raíces o no las reconoce ¿cuál es su sentido?
Como ya hemos mencionado, el hombre crece y aspira al honor, y de ese modo al último fin, y el último fin del hombre es la gloria, que viene de Dios, por lo tanto Dios es el fin del hombre, así como es su causa, y su sentido. No todos los hombres y mujeres serán padres y madres, pero inevitablemente cada ser humano es hijo, y como hijo, siente esa deuda impagable hacia los padres, surgida de la virtud de la piedad, a través de la cual el hombre venera su origen y obedece a una autoridad moral y no impuesta hacia el fruto de su veneración.
Además de la familia en la que nacemos, está la familia que nosotros mismos elegimos: los amigos. Necesarios y fundamentales para compartir, para vivir, una vez más, para crecer y desarrollarse y principalmente para ser felices haciendo felices a otros, independientemente de ideas, opiniones y personalidad, porque no sólo cada uno es único e irrepetible, sino que tendrá su origen, su cultura y su modo de ver la vida, lo que no debe dar paso a la enemistad, sino encontrar dentro de la amistad ese punto basado en la confianza y el respeto, donde se puede compartir dentro de una diversidad que siempre enriquece.
2/2
Eva Iglesias Pérez - 1º Psicopedagogía
Si surge la enemistad, surge cierto deseo de venganza, nacida de una ofensa, que propicia la aparición de la ira, pero de nuevo se nos presentan ante ella alternativas ¿venganza o perdón? La venganza, entendida como alternativa negativa, reducirá nuestra libertad, mientras que el perdón (y por supuesto, la renovación del mismo) dará lugar a una amistad no sólo más sólida y más firme, sino principalmente, más libre, lo que, evidentemente, aumentará nuestra libertad.
Pero es obvio que en el hombre la tendencia a la venganza es un hecho tangible, y es necesario a veces tender a ello para reconocer que ha pasado algo y hace falta cambiarlo. Pero tender, no significa responder a la ofensa con una ofensa aún mayor, no caer en el odio, en el castigo, ni en la crueldad, ni muchísimo menos en la indiferencia, que se podría considerar como el peor de los castigos, donde la persona se sentirá inútil, ignorada, vacía e inservible.
El ejercicio de todas estas virtudes dará lugar a una sociedad basada en las alternativas positivas, tales como la cooperación social y la generosidad, lo que nos remitiría una vez más a la tendencia del hombre al crecimiento, a la mejora y al desarrollo moral.
Buenas tardes, soy Laura Martínez Izquierdo. Os dejo la primera parte de mi "resumen" y, como suelo hacer siempre, si me da tiempo publicaré el resto más tarde.
Los héroes y los líderes. La tendencia a la fama
Lo ético en la sociedad aparece, por lo pronto, en la tendencia a la valoración: el hombre pretende el honor, la fama, ser conocido y estimado. Aspirar no sólo a ser mejor, sino a ser considerado como tal es una tendencia humana que se observa en todas las sociedades, hasta el punto de que se institucionaliza el conceder o reconocer la excelencia.
Por otra parte, como esta tendencia es natural, debe crecer y ser una virtud. Ahora bien, esta tendencia es virtuosa en cuanto que:
Se aspira al honor verdadero, es decir, a ser mejor de verdad, y no en apariencia ya que lo contrario malamente ayuda al desarrollo de la tendencia pues se presta al engaño y a eludir el esfuerzo.
Es irrestricta, es decir, si el hombre no se conforma con ningún honor conseguid. Si no es irrestricta, entonces es un vicio (hipocresía, vana gloria o vanidad).
Si se atenta contra el honor de otros, es decir, si uno quiere ser el mejor a costa de abajar a los demás (soberbia o envidia). Aquel que dice “si el otro es mejor, conviene machacarlo” no sólo es vanidoso, sino también envidioso.
Por otro lado, el que realmente merece consideración como mejor, merece dirigir. Conviene hablar de liderazgo para poner de relieve la dimensión social de esta tendencia y no líder, que debe entenderse en sentido institucional. El liderazgo es un sistema abierto: es aquella organización en que sus miembros actúan mejor que en cualquier otra. Ello comporta la pluralidad de organizaciones, pues no todos los hombres son aptos para cualquiera. Pero, a la vez, todas las organizaciones deben tender al liderazgo.
No obstante, no hay que confundir liderazgo con:
La inconsistencia del líder, que es una alternativa negativa: El que quiere el honor para mandar, y nada más, suele fallar, porque se eleva sobre los otros deprimiéndolos.
La aristocracia, que es la versión unilateral de la fama. No es virtuosa por dos razones íntimamente relacionadas:
Connota escasez ya que supone que los mejores se constituyen como elite, lo cual implica discriminación y por lo tanto es incorrecta como descripción de una tendencia cuyo crecimiento sea una virtud social. Las virtudes no se edifican a costa de los vicios ajenos.
Las tendencias no deben considerarse de manera absoluta ya que sería contradictorio que lo absoluto tendiera, y todavía más que la virtud condujera a la soledad.
Las nociones de héroe y genio, a las cuales les falta la contextualización institucional del liderazgo.
Hoy en día se cultiva la cultura del antihéroe: estamos cansados de héroes porque nos hemos desengañado. A ello contribuye la cultura de la imagen, que sustituye la fama por el adorno. Además, los modelos vivos están huecos. No obstante, el honor exige la unificación de lo social y lo personal, es decir, tener buena fama hacia afuera pero también ser un héroe en la vida privada ya que, de otra forma, una compartimentación revelaría que la tendencia no es pura al no ser libre, es decir, al no sobreponerse a cualquier otro objetivo. Ejemplo: Querer ser mejor para ser ministro no es la pura tendencia a ser mejor, pues una tendencia subordinada a otras no surge de la libertad personal. Sólo libremente es virtuosa esta tendencia, porque aspirar a ser mejor para lograr resultados en otro orden de cosas es una falsificación, ya que cualquier orden de cosas es inferior al honor. Además, el que tiende al honor para obtener de él ventajas suele recurrir a procedimientos de mala calidad (adulación, componendas, disimulos, claudicaciones, etc.).
Otras ideas importantes:
La moral no es un adorno; significa desarrollo.
La valoración es inevitable: aparecerá, bien en forma de virtud, o de vicio, no hay término medio.
La tendencia al honor es la tendencia al fin último: es la más fuerte tendencia humana y aquella cuyo enviciamiento o debilitamiento es más grave.
Buenas tardes, soy Fátima Carreño Echanove, alumna ordinaria de 1º de psicopedagogía.
Capitulo VII. Las virtudes sociales.
Lo ético en la sociedad es la tendencia a la valoración, es decir, el hombre quiere honor, fama, ser conocido y estimado. Esta tendencia debe crecer y ser una virtud, así, se aspirará al honor verdadero, es decir, a ser mejor y no en apariencia.
La tendencia al honor es virtuosa si es ilimitada, es decir, el hombre no debe conformarse con ningún honor conseguido. De este modo, aspirar al honor es la clave del sistema. Como toda tendencia, no se puede maximizar sin virtud y exige también la libertad, pues sin ella, deja de existir.
Por consiguiente, la tendencia al honor va junto a la piedad. Es más, la piedad es el contrapunto del honor. Es la veneración del propio origen, al autor de uno mismo. ¿A quién se debe la piedad? A Dios, a los padres y a la patria.
El honor y la piedad no se pueden considerar unilateralmente, de ser así, se enviciarían. El soberbio es aquel que se debe todo a sí mismo, mientras que la persona piadosa sabe que tiene una deuda impagable que remite a lo que soy, por ello, el piadoso no es egoísta. Como toda tendencia, necesita de la virtud, sino podríamos llegar a la conclusión de: “tengo arraigo, por tanto, no tengo nada que hacer, y la libertad es inútil”.
Por tanto, la tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad. Tienen carácter sistémico: una se refiere al fin último y la otra a los orígenes. De este modo, es evidente que para que se de en el hombre un crecimiento irrestricto debe aspirar al honor, y sólo se puede si existe un fin último al que le pertenece la gloria y la otorga.
Por tanto, si no existirán estas dos tendencias el crecimiento humano no sería irrestricto.
Por último, la tendencia sexual tiene que ver con ambas, sino, no sería susceptible de virtud. Si el hombre no tuviera una tendencia a la piedad, una veneración del origen, no tendría hijos. Entender la tendencia sexual separada del origen y del fin es viciosa.
El carácter del hijo remite directamente al origen, y el del padre al futuro. Por eso, el honor del padre se continúa en el hijo y el hijo venera a su padre. Así, es evidente que si un padre no tiene la virtud de la piedad, es difícil que los hijos tengan esa virtud.
Así, es preciso concluir con la tendencia a la fraternidad, que culmina en la virtud que se llama amistad, que sin origen común y sin honor común es imposible.
El apático es el hombre desmoralizado en un punto central. Se resigna a la mentira en lo que toca al existir.
Dicen que donde hay confianza da asco, pero donde no hay confianza tampoco hay sociedad ya que cuando no se confía en nadie todo el mundo defrauda.
La piedad
La piedad es el contrapunto del honor, es la veneración al propio origen, al autor de uno mismo. La piedad, que no se debe confundir con compasión, se debe, en especial, a Dios, a los padres y a la patria.
Si se pierde, el hombre orbita en torno a sí mismo sin saber quién es, y se aturde, llevándole al desarraigo.. El hombre sin raíces no venera, no rinde honor y se incapacita para esta virtud, pues, como decía Heráclito, el camino que sube es el camino que baja. El debilitamiento de la piedad es sugerido con el término desculturalización.
La patria, el sentido de la tierra, del hogar, anuncian que existe una deuda impagable hacia los autores de la vida. El reconocimiento de esta deuda es una advertencia de lo incompleto de una interpretación homeostática de la justicia. He aquí dos ejemplos:
Lo se debe al paisaje nativo obliga a mejorarlo mientras que otra cosa sería un vicio, por ejemplo, el nacionalismo.
Lo que se debe al pasado, obliga a dar razón de él ya que otra cosa llevaría a admitir una tendencia dirigida al pasado, lo cual carece de sentido, o que el origen está en el pasado.
La piedad se presta a la simbolización todavía más que el honor. Por su fuerte componente simbólica, la piedad tiene que ver con lo sacro, es decir, con lo que existe más allá o no está inmediatamente dado. Un vicio típico de esta tendencia es el racismo: si todo se lo debemos a la propia raza, la libertad no existe; si el honor viene dado de inmediato en el origen, el crecimiento es imposible.
El honor y la piedad son dos caras de la misma moneda de manera que si se consideran unilateralmente, se envician (la soberbia proclama que me debo todo a mí mismo mientras que la piedad objeta que tengo una deuda impagable).
Lo impagable de la deuda remite a la novedad que soy ya que si no fuera nuevo, no debería nada, y en la medida de la fidelidad a ello, pago.
Sin tendencia al honor, la piedad es rutinaria o pasiva y esteriliza la generosidad del acreedor. Fanatismo, superstición o engolamiento son variantes de la rutina.
Otras ideas importantes:
Cuando la piedad se debilita, o se envicia, la sociedad funciona mal: La falta de arraigo produce malos agentes sociales.
El piadoso no es egoísta. ¿Cómo va a serlo si debe su propio ser? Esto es distinto si no debo nada a nadie, si carezco de origen, si no tengo arraigo. Ahora bien, sería erróneo argumentar: tengo arraigo, por tanto, no tengo nada que hacer, y la libertad es inútil.
Se ve que estas tendencias necesitan virtudes.
Buenas tardes, soy María Hernández López-Quesada, alumna de 1º de psicopedagogía. Voy a comentar del capítulo 7, la parte de los héroes y la fama, ya que me ha parecido muy interesante.
Para empezar Polo afirma que el hombre lo que pretende es el honor, la fama, ser conocido y estimado, pero también señala que no es poco cristiano que el hombre quiera eso, ya que es una conducta que se observa en todas las sociedades, todo el mundo quiere el prestigio de una manera u otra. Es una tendencia natural, y se busca el honor verdadero, no simplemente la pura apariencia. Pero si consigues esto a costa de otros entonces es soberbia. Y otra cosa que destruye la aspiración al honor es la envidia, que provoca vanidad. No se puede conseguir el honor atentando contra el honor de los demás.
El liderazgo es una forma de hablar del honor y la fama, y pone en relieve una dimensión social. Y hay que tener en cuenta que el honor no se puede utilizar para mandar y nada más, el liderazgo es un sistema abierto, donde se procura conseguir que todos estén a gusto.
Polo también dice que lo mejores se consideran la élite y de esta forma discriminan al resto. Ya que sobresalir sobre los que renuncian a ser mejores, eso no se puede considerar honorable. Hoy en día se promueve la cultura del antihéroe, ya que estamos cansados de héroes, porque en nuestra cultura predomina la imagen y esto hace que el adorno sustituya a la fama. Normalmente alguien que tiene buena fama puertas afuera de su casa, en su vida privada luego no se comporta igual que fuera, por lo tanto podría decirse que estas dos situaciones van separadas y eso no es un héroe. No se debe aspirar a ser mejor para lograr resultados, sino libremente elegir ser mejor porque sí. La moral no es un adorno, sino que significa desarrollo, el hombre tiene que aspirar a la gloria.
La piedad y el último fin. La fraternidad y la gratitud
Gracias a la ética es posible afrontar de modo conjunto las tres partes del trilema del barón de Münchhausen:
La consistencia sistémica de la sociedad se describe a través de la relación entre mando y obediencia: A veces el que manda lo hace mal, y el que obedece termina obedeciendo mal; por eso, la razón práctica ha de ser correcta para ser recta.
A lo radical, al fundamento, apuntan tanto el honor como su correlato, que es la piedad. El honor culmina en el último fin, sin el cual no sería virtuoso y, propiamente hablando, no existiría. Aunque no sea estrictamente lógica, sino práctica, he aquí una prueba de la existencia de Dios: No cabe crecimiento irrestricto si no se aspira al honor y no se puede aspirar al honor virtuosamente si no existe un último fin al que pertenece la gloria y la otorga.
Consistencia y fundamentación son inseparables en la razón práctica: La falta de una correcta organización impide el desarrollo de las tendencias que se refieren al fundamento (aunque no las destruye sino que quedan en potencia) mientras que la consistencia no se basta ella sola ya que la crisis de fundamentación afecta a la gobernabilidad de la organización.
La tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad. Su carácter sistemático es claro: una se refiere al último fin y la otra a los orígenes. Si no existieran estas dos tendencias el crecimiento humano no sería irrestricto ya que para serlo, es menester que las tendencias perfectibles abarquen desde el principio hasta el fin. De hecho, una tesis intuitiva, no desarrollada, de Aristóteles trata de aplicar al hombre un axioma que dice: “lo que es causa de una naturaleza es también el fin a que la naturaleza tiende”. De ser así, la razón teórica y la razón práctica se anudarían más estrechamente. Es por esta necesidad de origen y fin que el planteamiento mecanicista es inaplicable a la vida humana: admite tan sólo condiciones iniciales, pierde el fin, es determinista.
Por otro lado, el origen y el fin de la vida humana remiten a la tendencia sexual, cuya interpretación como desconectada de los mismos es viciosa.
El carácter de hijo alude directamente al origen, y el de padre al futuro, de manera que:
Es lógico que el honor del padre se continúe en el hijo y que el hijo venere a su padre.
Quien carece de la virtud de la piedad es mal padre y es difícil que sus hijos tengan esa virtud.
Otras ideas importantes:
No hay que olvidar que las tendencias susceptibles de vicios también son susceptibles de virtud.
La ciudadanía no se puede fundar exclusivamente en la fraternidad, ya que si se ha olvidado la paternidad, la fraternidad es un mal lema.
La fraternidad culmina en la virtud que se llama amistad.
La amistad
La tendencia a tener amigos y al intercambio de bienes es lo más importante en la vida, según Aristóteles; pero sin origen común y sin honor común es imposible. Por eso, la amistad es una virtud central. El hombre que no tiende a tener amigos es infeliz. No obstante, hay un momento en que el hombre está solo: la muerte.
Existen dos grandes tendencias humanas que son correlativas y sin las cuales no se entiende el hondo sentido real de la amistad ni la densidad de las relaciones sociales:
La tendencia a obedecer y a mandar, que son correlativas. No es bueno que unos siempre manden y otros se limiten a obedecer ni tampoco lo es que todos estén de acuerdo en cualquier asunto, ya que plegarse fácilmente al parecer de otro es indicio de falta de interés, de indiferencia; hay gente que trata de ser pacífica a costa de no aportar nada. En ninguna de las dos consisten la amistad o la tranquilidad civil y es por eso que es mala señal que la amistad no sea capaz de mantenerse con opiniones diversas. El contraste de opiniones no es enemistad, sino ocasión de rectificar, de corrección práctica.
La tendencia a agradecer, la gratitud. El hombre es tendencialmente agradecido pero el agradecimiento, y por tanto el devolver favores o reconocer los que uno ha recibido (sin intercambio de bienes no hay amistad), es una tendencia susceptible de vicio: El ingrato es aquel que no se acuerda de los favores recibidos, lo cual es una ofensa que atenta contra la amistad y también contra la piedad. En contrapartida, estimar ofensivo recibir favores es propio del hombre soberbio, es decir, del que sostiene una interpretación viciosa del honor.
Por otro lado, la enemistad es un vicio que estropea el honor y la piedad: se murmura y calumnia.
Para finalizar, conviene tener en cuenta el carácter sistémico de las virtudes: una sola virtud no lo es sino que tienen que existir todas.
Hola, soy María Dáneo, alumna titulada.
De este capítulo lo que más me ha llamado la atención es la relación existente entre el valor y el honor con la tendencia al fin último, por esto voy a intentar resumir esta relación de la mejor manera posible.
Todo hombre pretende conseguir a lo largo de su vida, o al menos en un momento determinado el honor, la fama, el ser alguien conocido y estimado o respetado. Este aspirar a ser alguien mejor en la vida es algo que pertenece al hombre, es algo intrínseco de la naturaleza humana.
Podemos confundir muy fácilmente esta tendencia (a ser mejor) con la soberbia, pero para nada es así. La tendencia de ser mejores virtuosa siempre y cuando sea “irrestricta”, esto significa, que el hombre no se conforma con los honores o virtudes conseguidos sino que además quiere más, no por otro motivo que por el de ser mejor y mejor cada día. Cuando al contrario la tendencia no es irrestricta, puede llegar a convertirse en un vicio. No se puede pretender el honor cuando se atenta contra el honor de otros, también podemos decir que “las virtudes no se edifican a costa de los vicios ajenos”.
El hombre como ya he dicho también aspira a la fama, esta tendencia no es pura sino es libre, la fama nunca puede sobreponerse a ningún objetivo, como por ejemplo tú no puedes usar la fama para ganar más dinero o para conseguir un puesto de trabajo determinado. Por lo que una tendencia subordinada a otra no surge de la libertad personal.
La virtud del honor se falsifica y por lo tanto deja de existir como tal cuando se tiende a ella sin libertad, ya que la persona que pretende obtener otro tipo de beneficios o ventajas suele utilizar procedimientos de mala calidad.
Cuando la tendencia es pura y verdadera no retrocede a ningún sacrificio, el honor no es algo cómodo o confortable sino que hay que jugárselo todo y luchar por él. Esta virtud, es llamada también gloria, porque la verdadera fama es en realidad la que está juzgada o otorgada por Dios, el único ser que aprecia absolutamente el valor humano. Por esto se puede decir que esta es la más fuerte tendencia humana ya que la tendencia al honor es la tendencia al ser último.
Todo el mundo tiene esa tendencia, ya que es algo intrínseco en el hombre pero es importantísimo creer en ese ser último que te va a juzgar y valorar porque si no al no saber a qué atenerte estarás cayendo en el vicio y no en la virtud.
Buenas tardes, soy alumna ordinaria de 1 de Psicopedagogia.
Polo nos habla de que el hombre está dotado de una serie de virtudes.Tendemos a ser valorados y estimados, de ahí que muchas veces se busque el honor y la fama. Somos tendenciales, tenemos un carácter sistémico abierto y crecemos en ser valorados como personas.
El hombre, al buscar el honor, debe crecer en virtudes aspirando al honor verdadero; será virtuoso, si es libre. Sin la libertad, además de no llevar a cabo una vida virtuosa,no llegará a tener una vida plena y feliz.
El hombre se encuentra con la elección de alternativas, que gracias a la libertad y como hombre virtuoso, podrà elegirlas buenas o malas.
En su elección de alternativas, el hombre tiende a la gloria, tendencia natural y necesaria para la mejora de la sociedad; pero éste, con tendencia al honor, si no es piadoso corre el riesgo de caer en la soberbia. Con la piedad, se conseguirá ser un hombre justo y virtuoso, pues no será egoísta.
La piedad es una tendencia necesaria en el hombre, la cual debemos agradecérsela a Dios y nuestros padres. Es una virtud necesaria para actuar en el buen funcionamiento de la sociedad; sin ciudadanos virtuosos y libres, no habrá consistencia social.
Polo nos habla también de la venganza como indignación ante algo que no es correcto.
En la amistad, debemos actuar en virtud de piedad y honor. Pero esto no será un acto virtuoso si no hay amistad; en esta debemos actuar en virtud de piedad y honor. Una venganza desmedida no es un acto libre; conllevará gratitud si no hay odio en dicha venganza.
Pues como dice Polo, el odio y la indiferencia llevados a cabo en el acto vengativo (además de ser viciosos), no se cooperará para la existencia de una buena sociedad, pues no hay acto de amistad, de amor y de piedad.
Para mantener unida a la sociedad, haciendo ejercicio de la libertad, debemos buscar el bien común y cooperando en ella; solo es posible si actuamos en virtud, siendo éticos. No llevando a la disgregación de la sociedad, como pueden ser el totalitarismo y el liberalismo. El hombre debe evitarlo, haciendo uso de la justicia, y en el cumplimiento de las leyes creadas por éste. De este modo se conseguirá una paz y bien común.
Gracias, un saludo!
Buenas tardes Consuelo, soy Marta Forniés de 1º de Psicopedagogía.
Las virtudes sociales:
Una de las tendencias humanas que se observan en todas las sociedades es aspirar a ser considerado mejor, o formar parte de los mejores. Para ser mejor de verdad y no en apariencia, hablaremos de honor verdadero. Pero si una persona quiere ser el mejor, aunque ello suponga rebajar, humillar u ofender a los demás, entonces es pura soberbia. La envidia destruye la aspiración al honor, ya que no se puede machacar a otra persona por el hecho de que sea mejor que tu. Como muy bien dice Polo en este capítulo no hay una tendencia al honor si se atenta contra el honor de otros, o bien se trata de una tendencia íntimamente falseada o dirigida a la nada.
Lo que Polo nos quiere decir es que la tendencia al honor, es la tendencia al fin último del hombre. Esta tendencia es virtuosa y pura si es libre. El que no tiende a la gloria esta perdido, sin ella la sociedad no tendría arreglo, el sistema se cerraría y se malgastaría el tiempo; si el hombre no aspira a la gloria, defrauda.
Si nadie confiara en nadie no habría sociedad, todo el mundo defraudaría.
La tendencia al honor no puede ser virtuosa separada de la piedad. La piedad es una tendencia muy necesaria para el hombre y para el funcionamiento de la sociedad. Un vicio muy típico de esta tendencia es el racismo. Como he dicho antes la tendencia al honor se refiere al fin último, pero la piedad se refiere a los orígenes.
La amistad es otra virtud fundamental. La tendencia de tener amigos y de intercambiar cosas es muy importante, sin ésta no llegaríamos a ser felices. Solo hay un momento en que el hombre está solo, este momento es la muerte. La enemistad es un vicio que estropea el honor y la piedad.
No podríamos entender el sentido real de la amistad sin otra gran tendencia del hombre, la de agradecer. Debemos ser agradecidos, igualmente que debemos agradecer.
Polo también nos habla de la gratitud y de la venganza, como correlativos. No podemos vengarnos de alguien ofendiéndolo, igual que él nos ha ofendido, hay que perdonar tantas veces como sea necesario. Aunque el hombre perdone, si Dios no perdona no se corrige a fondo y la cuestión queda sin resolver. Perdonar implica pedir a Dios que perdone. No se puede quedar fijado en el puro castigo, porque así estarás entrando en el puro odio, el que odia confunde la ofensa con el ofensor. El odio es un sentimiento que surge de la desviación de la venganza, por eso el odio es obsesivo.
El odio es tan malo como la indiferencia, los dos son profundamente viciosos. La indiferencia por los demás es la destrucción de la sociedad.
La sociedad se puede entender como un juego, donde algunos ganan y otros pierden, o donde todos ganan. Pero el juego social es un juego en el que todos juegan y todos ganan, jugar es bueno para todos. La sociedad se basa en la cooperación, ésta es inagotable. La tendencia a la cooperación se centra en la esperanza.
Un saludo.
Consideraciones sobre la venganza como virtud
Los atentados contra la amistad y la gratitud ponen a la vista la tendencia de la venganza. La gratitud y la venganza son correlativas ya que sin ofensa no hay venganza. Pero aunque vengarse parezca malo de suyo, es una tendencia natural o susceptible de virtud:
La venganza tiene que ver con la ira. Ante lo indigno es correcto indignarse.
La venganza sería irracional si la razón práctica no comportara rectificación, de manera que es intrínsecamente correctiva.
No se trata de responder al mal con mal, porque esto no es una corrección, sino un contagio pero tampoco se trata de taparse los ojos como si nada hubiera pasado. No es aceptable que el criminal campe a su antojo, sin leyes penales. La lenidad, que el delito quede impune, es incompatible con la consistencia de la sociedad.
El carácter correctivo de la venganza se pone de manifiesto si se considera su relación con el perdón. (Pocos negarán la tendencia a perdonar y su valor ético, pero conviene recordar que el perdón presupone la ofensa). El perdón viene a ser un indulto con intención correctiva. Está relacionado con la misericordia, que no se limita a borrar la ofensa, sino que restaura la amistad corrigiendo radicalmente al ofensor.
La venganza deja de ser virtuosa cuando:
Se deja al margen la amistad.
Se responde a la ofensa con la ofensa, es decir, cuando se vive la venganza de modo homeostático. No puede ser virtuoso porque el hombre es un sistema abierto y porque si no se limita la venganza, es un proceso en espiral. De esta manera, la venganza no debe confundirse con la enemistad recíproca: un vicio no se corrige con otro.
Es desmedida, desmesurada, ya que indica una tendencia en la cual la libertad está ausente.
Se cae en el vicio de quedar fijado en el puro castigo, de ensañarse en la persona, de caer en el odio. El odio es perjudicial porque:
Lleva a confundir la ofensa con el ofensor.
Surge de la desviación de la venganza, la aísla; por eso es obsesivo.
El que odia pierde la libertad ante el mal, puesto que devuelve mal por mal. Todavía más: el que odia propiamente no se venga, puesto que sólo tiene en cuenta el mal sufrido como motivo que alimenta su odio. Eso es vicioso e inhumano: es la crueldad.
Otras ideas importantes
Sin gratitud y sin venganza la amistad es insulsa, porque no es virtud, o sea, porque no es libre.
Perdonar también sería insulso si significase negar que haya existido ofensa, porque sería irrealismo. Claro es que uno puede no sentirse ofendido, pero ello no aniquila la ofensa.
No es correcto que uno decida no vengarse porque piense “Dios lo hará por mí”. Este hecho atenta directamente contra la piedad y contra el honor.
El perdón humano se encomienda al divino mientras hay tiempo y esto quiere decir que alberga la esperanza de corrección.
La virtud moral es la mediación entre la libertad personal y la naturaleza del hombre. Es propio de la libertad resistir a la ofensa y reclamar justicia. El sentido libre del castigar la ofensa mira a la corrección y a la defensa del orden.
Tan mala como el odio es la indiferencia: que nuestros semejantes nos tengan sin cuidado, que no nos importe que actúen de un modo u otro. Ahora está de moda la tolerancia, la cual, siempre que no sea debilidad, está justificada pero no se debe confundir con la indiferencia. Una cosa es no exigir demasiado a alguien, disculpar su flaqueza, y otra alegar que los demás no están a mi cuidado, lo cual quiere decir que no me interesan nada.
Elevar la indiferencia a tónica social es la destrucción de la sociedad, porque es la negación del hombre. Lo peor para una persona sería que nadie le hiciera caso. La persona tiende a que cuenten con ella, a ser útil, a servir para algo: No hay peor desprecio que no hacer aprecio. Naturalmente, hay cosas para las que uno no sirve, y es bueno advertírselo, pero eso no es lo mismo que declarar que alguien no sirve para nada de nada en el tiempo. La indiferencia es un aniquilar consumado, una amputación a priori del amor.
La dignidad humana exige venganza y quien no se moleste en corregirla carece de una tendencia sana. La ofensa al ser humano reclama venganza (clama al cielo), es un gravísimo defecto pasarla por alto, ser indiferente a la indiferencia. De esta manera, los atentados contra la dignidad del ser humano deben ser resistidos y corregidos, pero también en atención al daño que sufre el ofensor. Por otro lado, si esta tendencia natural a resistirlos es virtuosa, desemboca en el proyecto firme de promover la dignidad humana y, de esa manera, enlaza con el honor.
Así pues, cuando la dignidad humana está en entredicho, primero hay que protestar (el comodón no protesta) y después hay que poner remedio. Pero todavía se debe mirar más alto: se debe procurar intensificar la consistencia social, aceptar el reto de una tarea interminable.
Cuando la ofensa es puntual y dirigida a uno mismo, lo pertinente es perdonar. El perdón no es comodidad ni indiferencia; su coherencia apunta a una continuación positiva: el libre compromiso por el crecimiento irrestricto. De esta manera el perdón eleva la venganza y extiende su eficacia más allá del restablecimiento de un orden dado.
Perdonad, se me ha olvidado poner el título del comentario anterior. Es el correspondiente al apartado "La indiferencia hacia los demás".
La sociedad como juego de suma positiva
Hay dos formas de entender la sociedad:
Como un juego de suma cero, que es aquel tipo de relación humana en la que, para que alguien gane, otro tiene que perder. Es la visión competitiva del juego agónico, entre contrarios. Ventajas elimina la indiferencia y entrena. Inconveniente: sólo se gana cuando termina.
Como un juego de suma positiva.
Admitimos que el hombre es un ser perfectible (la ética nos hace ver que el perfeccionamiento humano es irrestricto). De acuerdo con ello, el juego social es un juego en el que todos juegan y todos ganan. Esta convicción está en la raíz de la pertenencia a un grupo social: Un ser humano pertenece a un grupo social si y en tanto que ese grupo social se beneficia de él, y al revés. Si no fuera así, sería contradictorio ser hombre y ser social.
La sociedad es un sistema de cooperación; por tanto, la indiferencia, el prescindir de alguien absolutamente, equivale a echarle fuera del juego, y es un vicio porque se ignora que la condición humana es cooperante (el hombre entra en sociedad para cooperar). Así, siempre que haya un déficit de cooperación, hay que protestar y esforzarse en corregirlo.
Aquí hay materia abundante para la venganza, pues fallamos con frecuencia en la cooperación: por despiste o por pereza, por hacer trampas o acepción de personas, por no saber mandar u obedecer, por tráfico de influencias, etc. También por el cohecho, el enriquecimiento injusto, el aceptar pago privado por lo que uno tiene que hacer por deber, etc. De esta serie de ejemplos se desprende que la cooperación es un ideal (no una utopía) puesto que a ella no se debe renunciar y porque siempre es mejorable.
El ideal de la cooperación
El ideal de la cooperación es irrestricto ya que nunca acabamos de cooperar bien y a que nuestra capacidad de cooperación es inagotable: Aceptamos con demasiada facilidad la inercia de los demás, porque nos tienen sin cuidado y porque también nosotros incurrimos en la rutina.
Cuando nadie se fía de nadie, pierden todos; tienen lugar situaciones sociales que desdicen la dignidad humana. Estos aspectos oscuros del ser humano los pone a la vista la consideración de la venganza. Ni siquiera hay un juego de suma cero, sino de suma negativa. Ejemplos de ello son:
El totalitarismo, que instaura la no cooperación.
El liberalismo, que deprime la piedad y la gratitud.
El sálvese quien pueda, que lleva a apelar abusivamente a la ayuda internacional que responde con los excedentes incómodos, inaprovechables (limosna de ropa vieja).
La utopía, que es la pretensión de jugar a espaldas de las tendencias humanas, por lo que carece de metas.
De ello se deduce que la comprensión sistémica de la sociedad es la ética en tanto que ética de virtudes y aparece un dilema básico: o se toma en serio que el hombre es un ser perfectible o hay que admitir que el funcionamiento desvencijado de la sociedad es inevitable. Es cobardía moral, insensibilidad, atonía vital, desistir de poner remedio a tales defectos.
En gran parte, la venganza está desenfocada porque hemos padecido unas ideologías que parten de la tesis de que la sociedad ha sido siempre un juego de suma cero. Si esto fuera cierto, la venganza se encauzaría a través de la lucha de clases o correría a cargo de la mano invisible, pero con esto se pierde de vista la corrección de la razón práctica. De esta manera, si se mantiene un concepto erróneo del dinamismo social, la venganza se hace viciosa; y aparece el odio de clase, o el odio racial, o el desprecio.
Una teoría de los juegos de cooperación social
Axelrod, en el libro Evolución de la cooperación, presenta en términos de teoría de juegos las ventajas y desventajas que comporta cooperar uno con los demás:
Partimos de la hipótesis de una sociedad en la que no hay un poder central y en la cual todos los individuos son completamente egoístas. ¿En qué condiciones llega a surgir la cooperación? Todos sabemos que de momento somos injustos pero también sabemos que la cooperación existe y que nuestra civilización no sería posible sin ella.
Ahora bien, hay incentivos para ser egoísta puesto que solemos proyectar a corto plazo. Entonces, ¿cómo se puede desarrollar la cooperación? Se han dado varias respuestas, como:
La de Hobbes, que es la más pesimista. Decía que antes de existir autoridad, individuos egoístas competían de modo cruel y despiadado. (El hombre era un lobo para el hombre). Hobbes desconfía del hombre: no hay tendencia a cooperar, eso debe ser impuesto. (Visión absolutista del Estado).
La de Axelrod, que recurre esta al famoso dilema del prisionero (inventado en 1950 por Flood) para demostrar que la visión de Hobbes no es correcta. Respecto a la pregunta ¿es mejor ceder a la tentación de defraudar cuando no autoridad y los individuos son egoístas? La conclusiones a las que llega son las siguientes:
Si un individuo mantiene con otro una relación corta, consigue una gran ventaja si defrauda. Además, en rigor, no ignora lo que va a hacer el otro, pues sabe que es egoísta. Ahora bien:
Si defraudo, puedo extremar mi beneficio si el otro no defrauda ya que si él también defrauda, apenas saco nada. Desde luego, en este caso cooperar es muy peligroso, pero, bien mirado, todavía es peor que el juego se detenga ya que, en ese caso, me he pillado los dedos y me he reducido a la condición de “primo”, pues en adelante no ganaré nada.
Si no coopero y el otro sí, es claro que es un tonto. Es ilusorio el juego entre seres humanos de capacidad muy desigual, por lo que el primer interés de un auténtico jugador es elevar la destreza del contrincante. Ahora bien, si esto sucede, se ha abierto una grieta en el egoísmo y en la estupidez que implica.
La cosa es algo más complicada cuando se trata de la jugada final. Pensemos en alguien a punto de jubilarse, es decir, de salirse del juego: quizá compense no cooperar. Sin embargo, como la jubilación es previsible, el egoísta intentará parar el golpe no cooperando nunca, lo que conduce a la mediocridad del juego.
Ahora bien, cuando no se sabe cuál es la última jugada y se sigue jugando, ¿cuál es la mejor estrategia?, ¿qué un jugador comience a defraudar, el otro responda de la misma manera y el juego siga así? No, porque si el jugador que ha sido incauto responde con una jugada de castigo, el jugador que ha defraudado por primera vez puede notar que es una advertencia vindicativa (si sigo defraudando a partir de aquí, sacaré un menor beneficio), de manera que al rectificar, el resultado será mejor. Cuando se coopera, los resultados son mejores, siempre que se responda al jugador que defrauda con una jugada de castigo, cuya intención correctora se perciba. Para comprobar esto, Axelrod organizó un torneo jugado con ordenador que permitía combinar programas estratégicos distintos. Uno era responder con una jugada de castigo a dos faltas de cooperación, otro castigar con dos no cooperaciones (lo cual tenía el peligro de provocar la definitiva no cooperación), etc. De todas ellas ganó la que se suele llamar de toma y daca, es decir, “coopero siempre, excepto cuando tú no cooperas; entonces te penalizo con una de castigo o hasta que vuelvas a cooperar”. Además ganó el “programa decente”, el cual se caracterizaba por no defraudar en la primera jugada y hacerlo, en todo caso, sólo después, teniendo en cuenta lo que había hecho el otro, y por seguir cooperando si al castigo se respondía con cooperación; frente al “no decente”.
La conclusión es que a la larga es mejor cooperar que no cooperar, y ello autoriza a sostener que, en definitiva, moral y éxito coinciden, o que el éxito inmoral es prematuro y corto, o bien que la ética mira a la vida entera del hombre y no sólo a una etapa de ella.
Si a alguien le interesara sólo el presente temporal, nunca cooperaría: sólo tendría en cuenta que en una sola jugada se saca más no cooperando. Pero tal individuo viviría en el tiempo por debajo de un animal. Asimismo, si el futuro no significara nada para un hombre, sería imposible que tendiera a perpetuar el juego social, pues carecerá de disposiciones interiores para cooperar. El hombre que agota sus objetivos vitales en el presente es el provocador de los juegos de suma cero. Y cuando se trata de la última jugada ocurre lo mismo. Las hipótesis de una sola jugada son equivalentes a limitar el interés al presente temporal.
El que apuesta todo al goce actual, no coopera. La tendencia a la cooperación se centra en la esperanza, que es la virtud que vértebra la vida creciente. La desvalorización del bien futuro respecto del bien actual supone que ambos son iguales: Para sembrar hay que renunciar a una parte del pan que se puede comer ahora. Esa renuncia, echar el trigo a la tierra, no se justifica tan sólo por la necesidad de comer mañana, sino porque el grano sembrado da un fruto multiplicado (el bien futuro será mayor que el de hoy; en otro caso, sembrar sería ruinoso). Por eso la esperanza no se confunde con la mera previsión; crecer no es lo mismo que arreglar. Estas observaciones son aplicables a la consistencia global de la sociedad.
Otras ideas importantes:
Las grandes líneas de la estrategia militar se suelen trazar consultando a los expertos en teoría de juegos. Las nociones centrales de dicha teoría se basan en que el hombre es un ser social.
Juegos de suma cero:
Muchas veces actuamos cerca de estos. Si se trata de jugar para divertirse, no hay mucho que objetar.
El empate no es la suma positiva ya que si se sabe que el empate es inevitable, el juego deja de existir.
Obsesionarse con este tipo de juegos da lugar al darwinismo social, a la ley del más fuerte. Tiene muy malas consecuencias: estropea los grupos sociales débiles, los explota, acaba echándolos fuera del juego social, y arruina moralmente a los vencedores. Además, una sociedad sin futuro ofrece pocas oportunidades de triunfo, por lo cual todos sus miembros se deterioran. En suma, la pretensión de ser vencedor de juegos de suma cero es una equivocación profunda.
Publicar un comentario en la entrada